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Lo que nos espera en los Oscar 2014 (I)

Publicado hace 13 año
La primavera ya ha hecho su aparición, la Semana Santa está en plena ebullición, el primer trimestre del año llega a su conclusión y la ceremonia de entrega de los Oscars ya es solo un… recuerdo. Lo siento, pero las rimas solo llegan hasta cierto punto. El caso es que ha pasado ya más de un mes desde la entrega de las estatuillas doradas, el polvo mediático ya se ha asentado, la Academia ha pasado página a 2012 y lo que queda es echar un ojo a los que deparará este 2013 en el que estamos inmersos. Así que, como ya es costumbre todos los años, es el momento de echar el ojo a las películas de las que podríamos estar hablando dentro de 10 meses.

Antes de nada, hay que hacer balance del artículo del año pasado. En la categoría de mejor película fue todo un éxito, ya que siete de las nueve nominadas ya las teníamos entre nuestras 20 favoritas, cinco de ellas en el top10. Las otras dos cintas, que se pueden considerar las sorpresas del año (Amor y Bestias del Sur Salvaje) también estaban mencionadas entre lo más destacado del cine de fuera de Estado Unidos y del cine indie, respectivamente. Así que no fue mal la cosa, no. En otras categorías el balance de resultados fue bastante peor, como en los actores, donde destacamos sobre todo tres películas que no llegaron a ningún lado, y dos de ellas incluso acabaron masacradas por crítica y público (Won't Back Down y Hyde Park on Hudson).
También mencionar que algunos títulos de este artículo se repiten respecto al año pasado. Algunas no estuvieron terminadas a tiempo, otras se retrasaron por motivos comerciales o por estrategias de estudio, y unas cuantas no se sabe siquiera si este año las llegaremos a ver. Eso también quiere decir que no todas las 465 películas que nombramos en este especial en dos partes llegarán a ver la luz en 2013, pero por ahora es lo mejor que podemos hacer.

Durante los primeros meses del año, los cines estadounidenses se llenan sobre todo de cintas comerciales estrenadas en Navidad y de nominadas al Oscar que se expanden para que más gente las vea, después del empujón publicitario de la Academia. Con la atención mediática repartida entre estos premios y los balances del año anterior, y con el invierno pegando duro en las calles y aletargando a espectadores e informadores, lo que se estrena normalmente durante este trimestre es morralla. Todas las películas que no han encontrado un hueco en otro momento del año, las que los estudios se quieren quitar de encima, y algún ocasional blockbuster en marzo para atraer a un público que ya comienza a estar famélico de productos nuevos y relucientes que echarse a la boca. No en vano, es extremadamente raro que una película estrenada en estos meses esté nominada para algo importante, y mucho menos que gane.
Así, lo que se ha estrenado durante este primer trimestre son películas de terror bochornosas (Juego de Niños, Dark Skies, La Matanza de Texas 3D y The Last Exorcism Part II) o meramente decentes (The ABCs of Death, John Dies at the End, Mamá o la comedia Memorias de un Zombie Adolescente); comedias del montón (Admission, Por la Cara, The Incredible Burt Wonderstone y Tipos Legales, que ni con repartos de excepción sacan alguna risa en claro) o directamente deleznables (21 and Over, A Haunted House y Movie 43, esta última una temprana favorita a arrasar en los Razzie, aparte de por su nula calidad, por su elenco de estrellas con Oscar); películas fantástico-románticas para adolescentes poco exigentes (Hermosas Criaturas, La Huésped y la europea Un Amor Entre Dos Mundos, ninguna de las cuales ha logrado replicar el éxito de Crepúsculo); thrillers de poco lustre con actores oscarizados en horas bajas (La Trama, The Call y Phantom); cintas de amor empalagosas (Un Lugar Donde Refugiarse y Love and Honor); películas de acción menores con estrellas cuya fecha de caducidad es cuestionable (Una Bala en la Cabeza y El Último Desafío, o cómo ver a Stallone y Schwarzenegger fracasando en taquilla) o con actores que nunca han sido grandes reclamos (Parker, El Mensajero, Dead Man Down, las inglesas The Sweeney y Welcome to the Punch y el único éxito de la terna, Objetivo: La Casa Blanca, la primera de las dos películas de este año en las que unos terroristas asaltan la mansión presidencial); y como guinda, la primera de las tres películas que el pesado de Tyler Perry estrenará este año (Temptation: Confessions of a Marriage Counselor, de la que baste decir que está protagonizada por Kim Kardashian).

También hemos tenido cintas de muy diverso pelaje que aspiraban a tener prestigio, pero que se quedaron por el camino tanto en calidad como en taquilla. Es el caso del drama bélico Emperor, con Tommy Lee Jones interpretando al general MacArthur como único punto destacable; o de Gangster Squad, en la que un reparto de lujo se ve traicionado por un guion poco inspirado sobre la captura del mafioso Mickey Cohen; o de Un Plan Perfecto, que llega a Estados Unidos dentro de unas semanas, pero que ya hemos visto en España. El veredicto: una comedia sin gracia con un guion de los hermanos Coen que fue enlatado hace diez años por un buen motivo.
Incluso el panorama indie ha sido bastante paupérrimo. Durante estos tres meses han llegado los restos que quedaban por estrenar de los festivales del año pasado, como Sundance (The End of Love, LUV, Wrong), South by Southwest (Gimme the Loot, The Happy Poet, Somebody Up There Likes Me), Toronto (Ginger & Rosa, El Cuarteto), Telluride (The Girl), Tribeca (Rubberneck, Struck By Lightning), Londres (Hunky Dory), Palm Springs (If I Were You, Mental), Roma (A Glimpse Inside the Mind of Charles Swan III), Turín (K-11), Los Ángeles (Red Flag), Newport Beach (Supporting Characters), Hawái (Leonie) o Slamdance (Welcome to Pine Hill). Y aunque algunas de ellas salieron de estos certámenes con algún premio, a la hora de la verdad la crítica las ha calificado de adecuadas en el mejor de los casos, de atroces en el peor, y de indiferentes en la mayoría. Con poco público que conquistar en las salas de arte y ensayo, más preocupadas por mostrar los últimos estrenos de prestigio de 2012 que por buscar savia nueva, poca gente ha acudido a verlas y menos todavía las recordarán de aquí al verano.

Los autores de renombre también se han dejado ver, aunque acorde con la época en la que estamos, no con sus mejores obras. Un ejemplo es Abbas Kiarostami, del que se ha podido ver el drama romántico situado en Japón Like Someone in Love, una cinta que pasó sin pena ni gloria por el Festival de Cannes. Por la Croisette también se dio una vuelta Matteo Garrone con su comedia ácida Reality, en la que parodia la búsqueda de la fama televisiva, pero que fue acogida con cierta frialdad. Tres cuartos de lo mismo se puede decir de The We and the I, la última película del iconoclasta Michel Gondry, una historia de adolescentes en autobús que en el certamen francés pasó desapercibida. La misma indiferencia que provocó la danesa Susanne Bier con su drama romántico Amor es Todo lo que Necesitas, que recibió poco más que silencio en Venecia. Mejores sensaciones provocó la australiana Lore en Toronto, pero si este drama postbélico no logró ser nominado como mejor película de habla no inglesa el año pasado, es dudoso que este convenza a la Academia.
La que sí que ha arrasado en los festivales, al menos entre el público, ha sido The Sapphires, una comedia musical australiana sobre un cuarteto de cantantes de soul negras que se intentan hacer un hueco en el panorama melómano de este país. Tanto gusta al cinéfilo de a pie que la están distribuyendo en EE UU los hermanos Weinstein, así que cuidadito con ella, que a poco que se corra el boca a boca puede acabar siendo otro Full Monty. No se podrá decir lo mismo de dos de las películas que más división de opiniones han despertado en lo que llevamos de año: Stoker y Spring Breakers. La primera es un oscuro drama familiar protagonizado por Nicole Kidman y Mia Wasikowska, con el que el coreano Chan-wook Park desembarca en los Estates; la segunda, por su parte, es un alucinógeno viaje por la amoralidad americana juvenil en forma de sexo, drogas, pistolas, violencia, chicas en bikini y princesas Disney con un lado oscuro, de la mano del enfant terrible Harmony Korine. Ambas poseen numerosos detractores, pero también son las que han reclutado a más fervientes seguidores. Cine de culto, no cine de Oscar. Eso sí, no sería extraño que alguna asociación de críticos premiase a final de año el trabajo de James Franco en esta última, lo suficiente como para que se plantee como posible sorpresa en los Oscar. Una sorpresa que no sucederá, porque como ya vimos con Matthew McConaughey y Magic Mike, hay cintas que no son digeribles para la Academia.

Las películas estrenadas en este primer cuarto del año que sí logran de vez en cuando alguna nominación son las más comerciales. De un tiempo a esta parte, este trimestre es un refugio para blockbusters de segunda categoría, destinados al fracaso en verano, y deseosos de aprovechar el páramo de interés de esta época. Así nos ha llegado la quinta parte de La Jungla, que ha logrado echar por tierra con su ínfima calidad una de las sagas más queridas por los cinéfilos; o la segunda entrega de G.I. Joe, que jugaba con la ventaja de que no era muy difícil mejorar la primera cinta, pero que aun así se ha estrellado. Por su parte, tres películas fantásticas aspiraban a iniciar franquicias con desigual resultado. La peor parada ha sido Jack el Cazagigantes, que tras retrasar su estreno nueve meses se ha convertido en el mayor fracaso de Hollywood desde John Carter: 200 millones de dólares de los que no va a recaudar ni la mitad. Mejor le ha ido en cuestiones monetarias, que no de calidad, a Hansel y Gretel. Cazadores de Brujas. Su presupuesto era más manejable por su espíritu de serie B hipertrofiada, así que la modesta cifra de taquilla no supondrá pérdidas, pero tampoco hay nadie que pida a gritos (ni a susurros) una continuación. La que sí tiene firmada ya su segunda parte es la que por ahora ocupa el puesto de cinta más exitosa del año: Oz, un Mundo de Fantasía, con el omnipresente James Franco. Sus coloridos y vistosos diseños pueden convertirla en candidata a algunos apartados técnicos, como vestuario, dirección artística o efectos especiales.
Las únicas que en teoría podrían aspirar a algún premio serio proceden de dos directores bien conocidos por los cinéfilos. Efectos Secundarios es un thriller médico que (según dice él) será la última película que dirija Steven Soderbergh. Su característico tono clínico y su experto manejo de los actores han sido puestos al servicio de una historia que engancha y sorprende, según afirma la crítica, que la sitúa un escalón por encima de Contagio. Eso sí, el filme ha pasado desapercibido para el público, lo que garantiza que nadie se acuerde de él a final de año. Quizá tenga más suerte Cruce de Caminos, del emergente Derek Cianfrance (Blue Valentine), un drama en el que Ryan Gosling interpreta a un motorista que se pasa al otro lado de la ley para poder mantener a su familia, lo que le enfrentará a un joven detective con ganas de ascender en el cuerpo. Es la favorita de la crítica en lo que llevamos de año, así que sus actores o su guion podrían acabar la temporada con suficiente fuerza para lograr una mención.

De todos es sabido que la Academia huye del terror, la fantasía, la ciencia ficción y el misterio como si fuese una plaga que puede infestarle y contagiarse a sus familias. Pero eso no quiere decir que no vayamos a dedicarles un hueco a estas cintas. Quién sabe si entre ellas hay alguna que pueda replicar lo conseguido por El Exorcista.
Por supuesto, parte de la culpa la tiene que el cine de terror tiene en general un nivel de calidad bastante paupérrimo. Este año, por ejemplo, se estrenan películas que parecen más idóneas para el mercado de DVD que para una sala de cine: 7500, fantasmas en un avión de la mano de Takashi Shimizu; Exorcismo en Georgia, secuela de Exorcismo en Connecticut (todavía les quedan 48 estados); The Human Centipede III (Final Sequence), sobran las palabras; Aftershock, o cómo un terremoto deriva en casquería de la mano de Eli Roth como productor; The Colony, cinta canadiense con la humanidad intentando sobrevivir a una nueva Era Glacial; Backmask, slasher que suena a trillado por todos lados y cuyo escaso interés reside en que dirige el otrora prometedor Marcus Nispel; los thrillers adolescentes The Devil's Rapture (sobre una secta satánica) y Haunt (sobre una casa embrujada); Kiss of the Damned, resurrección baratera del cine de vampiros de serie S de los 70 dirigida por Xan Cassavetes (hija de John y hermana de Nick); Mockingbird, de Bryan Bertino, sobre una pareja que compra una cámara de vídeo maldita; No One Lives, de Ryuhei Kitamura, en la que una pareja de asesinos secuestra a un matrimonio que resulta ser más letal que ellos (y de la que en el Festival de Toronto se dijo que era una basura); Oculus, con Katee Sackhoff enfrentándose a un espejo poseído; Penthouse North, una especie de Sola en la Oscuridad más sangrienta y con aire de telefilme protagonizada por Michael Keaton y Michelle Monaghan; Random, un slasher adolescente del director de Donkey Punch; y Wolves, filme de hombres lobo adolescentes que no tiene pinta de tener el encanto de las cintas de los 80, sino la metrosexualidad que se lleva ahora.

También llegarán un buen puñado de comedias sobrenaturales, ese subgénero que lo tiene difícil para conquistar hasta a los aficionados. La más celebrada es sin duda Sightseers, comedia negra sobre dos psicópatas en la campiña inglesa que ya se ha estrenado en el Reino Unido y ha logrado un par de premios (su director, Ben Wheatley, también estrenará este año la comedia negra psicodélica A Field in England, situada en el siglo XVII y llena de viajes alucinógenos). No tuvo tanta suerte en su pase en Sundance la diabólica Hell Baby, una especie de parodia de La Semilla del Diablo. Más tonta y escatológica parece Milo, con un tipo que consigue expulsar a un demonio que vivía en sus intestinos y lo convierte en su mascota. La más prometedora es Horns, de Alexandre Aja, adaptación de una novela en la que veremos a Daniel Radcliffe con unos cuernos capaces de controlar los deseos de la gente.
Los viejos conocidos del año incluyen la quinta parte de Paranormal Activity (cuyo creador, Oren Peli, se pasará al terror extraterrestre con Area 51) y las segundas de Insidious (cuyo director, James Wan, nos dará una ración doble de casas encantadas con The Conjuring) y V/H/S. Dos de los directores de esta última también estrenarán cintas por separado: The Sacrament, de Ti West, cuya trama se ha mantenido por ahora en secreto; y Tú Eres el Siguiente, de Adam Wingard, en la que una familia es acosada dentro de su casa por un grupo de asesinos enmascarados. Además, tres películas intentarán renovar sendos clásicos del género por la vía del remake: Evil Dead, revisión de la Posesión Infernal de Sam Raimi, que llega dentro de poco tras triunfar en el festival SXSW; Carrie, en la que Kimberly Peirce intentará darle un toque femenino al filme de Brian De Palma; y Maniac, remake del slasher de George A. Romero que ya se pudo ver en Cannes el año pasado, y que finalmente se estrenará en verano.

También se han retrasado Under the Skin, drama surrealista de extraterrestres dirigido por el inclasificable Jonathan Glazer, del que se rumorea que apenas tiene diálogos; Black Rock, cinta indie vista en Sundance 2012 sobre tres amigas que deben luchar por su supervivencia en una isla; y The Lords of Salem, nueva incursión en la casquería satánica de Rob Zombie. Otro cineasta muy querido por los cinéfilos es el coreano Joon-ho Bong, que aterriza en Hollywood con Snowpiercer, en la que unos pocos pasajeros de un tren descubren que son los únicos supervivientes sobre la faz de la Tierra.
Otro extranjero en la Meca del Cine es el holandés Erik Van Looy, que en The Loft adapta su propia película sobre cinco amigos que descubren un cadáver en el apartamento-picadero que comparten. En una casa y durante una noche se desarrolla The Purge, situada en un futuro distópico en el que el gobierno de EE UU intenta controlar el crimen permitiendo que cualquiera haga lo que quiera una noche al año, sin consecuencias. La familia de Ethan Hawke deberá atrincherarse en su hogar para sobrevivir, algo parecido a lo que les ocurre a Alexander Skarsgård y Andrea Riseborough, que se esconden en un refugio nuclear para escapar de una plaga en Hidden. Y reduciendo aún más el espacio, In Fear se desarrolla solo en un coche, en el que Alice Englert viaja por la campiña inglesa enfrentándose a miedos irracionales. Por su parte, The Last Days On Mars nos llevará hasta el planeta rojo, donde un grupo de astronautas que recogen muestras de la superficie van sucumbiendo uno a uno a un ser desconocido.

El campo de los experimentos también va a ser muy fructífero. Desde la genética desquiciada de Errors of the Human Body hasta los intentos de un profesor de física por crear un poltergeist en The Quiet Ones, pasando por la máquina capaz de eliminar personalidades múltiples una a una de The Scribbler, o por injertos humanos con conciencia en Antiviral (del hijísimo Brandon Cronenberg), tendremos científicos locos en abundancia. Incluso tendremos el regreso de la primera criatura creada por uno de ellos: I, Frankenstein, adaptación de un cómic en la que Aaron Eckhart se mete en la piel del monstruo para ayudar a la humanidad a sobrevivir en la guerra entre dos clanes de entes sobrenaturales.
Los directores conocidos también se harán un hueco en el cine de género, hasta los menos habituales como Joe Johnston, que hará que un asesino a sueldo persiga a Max Minghella por un edificio cerrado de noche en Not Safe for Work, thriller de bajo presupuesto muy alejado de su filmografía habitual. Más en su elemento se encuentran Neil Jordan, que regresa al cine de vampiros mezclando terror gótico y romanticismo perverso en Byzantium; y Stephen Sommers, quien tras muchos años alejado de la serie B, vuelve a tocar el género en Odd Thomas, adaptación de una novela de Dean R. Koontz sobre un joven con habilidades de clarividencia. Al menos ellos han seguido trabajando, porque hemos tenido que esperar nueve años para ver la segunda película de Shane Carruth: Upstream Color, un filme de ciencia ficción tan críptico como Primer y recibido con entusiasmo en Sundance, que narra la historia de una pareja controlada por un misterioso organismo. Y otro que regresa con su sello de irreverencia y surrealismo por bandera es Terry Gilliam, que con The Zero Theorem presenta un mundo distópico en el que un informático intenta encontrar el sentido de la existencia humana.

La comedia es otro de los géneros más denostados por la Academia. En general, cuantas más risas provoque una película, menos probable es que sea nominada al Oscar. Siempre tiene que haber algo de drama o tragedia que haga de contrapeso, si no, imposible. Respecto a las películas románticas, su problema principal es que suelen ser de una calidad bastante ínfima, por lo que también cumplen esa misma regla: en pequeñas dosis o combinado con una historia general de más amplios registros, el cine de amor puede estar nominado. Pero folletines de Corín Tellado los justos.
Esto quiere decir que las posibilidades son nimias para cintas tan aparentemente olvidables como A Case of You (en la que un escritor intenta impresionar a una chica mintiendo por Internet y se encuentra en un aprieto cuando ella se enamora de él sin querer), I Give It a Year (comedia inglesa sobre las tribulaciones de unos recién casados), Drift (amor y surf en Australia con Sam Worthington), Kid Cannabis (sobre un adolescente que se monta su propio negocio de tráfico de marihuana a través de la frontera canadiense), Stuck in Love (comedia romántica con Greg Kinnear intentando recuperar a Jennifer Connelly con la ayuda de Kristen Bell y Lily Collins), Growing Up and Other Lies (sobre cuatro amigos que intentan recorrer andando de punta a punta la Gran Manzana en un solo día), The To Do List (comedia soez sobre sexo y relaciones protagonizada por Aubrey Plaza) y Two Night Stand (en la que una pareja que acaba de pasar una noche tórrida y desastrosa tras una cita online se ven obligados a permanecer juntos por una tormenta de nieve).

Como también lo son para la cosecha de cine afroamericano de este año, encabezado por Tyler Perry (quién si no), que aparte de la cinta mencionada antes también estrenará la comedia romántica Peeples y la enésima entrega de su personaje más popular, A Madea Christmas. Por lo demás, el cine black tendrá comedias románticas típicas y tópicas (Baggage Claim), segundas partes que nadie reclamaba (The Best Man Holiday) y remakes de películas de blancos que ya han quedado en el olvido, así que nadie se va a ofender (About Last Night). Es decir, que el público negro tendrá lo mismo que el público de otras razas.
¿Y qué tendrán los demás? Para empezar, secuelas: de El Reportero, de Niños Grandes, de Scary Movie… La única que puede prometer algo destacable es R3sacón, y aun así sería mucho decir. Al menos será más potable que Someone Marry Barry (cuyo argumento recuerda peligrosamente al de la vomitiva Tres Idiotas y una Bruja) o Are We Officially Dating? (con Zac Efron pactando con dos amigos que se lo van a pasar en grande mientras sigan solteros, como si eso hiciese falta pactarlo). También tendremos a Robert De Niro haciendo el ridículo de nuevo, tras el breve lapso del año pasado, por partida triple: La Gran Boda, en la que se volverá a enrollar con su ex Diane Keaton durante la boda de su hijo; Last Vegas, una especie de mezcla entre Cerdos Salvajes y Resacón para la tercera edad, en la que comparte pantalla con Morgan Freeman, Kevin Kline y Michael Douglas; y Grudge Match, en la que es una vieja gloria del boxeo que sale de su retiro para enfrentarse a otro veterano, Sylvester Stallone. Eso es: Rocky vs Jake LaMotta, tres décadas demasiado tarde.

Los actores habituales de la comedia americana también se harán notar. A Vince Vaughn lo tendremos por partida doble, en la aparentemente atroz The Internship (en la que él y Owen Wilson son becarios en Google) y en la más prometedora The Delivery Man, remake de la cinta canadiense Starbuck, sobre un hombre que en su juventud fue donante de esperma y rozando los 40 descubre que es padre de más de 500 hijos. Por su parte, Melissa McCarthy y Sandra Bullock intentarán seguir su buena racha en taquilla con la comedia policíaca Cuerpos Especiales, y Jennifer Aniston se asociará con el emergente Jason Sudeikis para We're the Millers (en la que un traficante de costo monta una familia falsa para llevar un cargamento de maría de México a EE UU). La única que puede salirse de este molde y convertirse en algo más ‘de premio’ (aunque en realidad es más probable que sea un gran fiasco) es The Secret Life of Walter Mitty, remake de una película de Danny Kaye dirigido y protagonizado por Ben Stiller. El filme cuenta la historia de un tímido fotógrafo que vive sumido en sus ensoñaciones hasta que un día se ve envuelto en una aventura real cuando un importante negativo desaparece.
Entre las películas con espíritu más independiente y artístico se encuentran Drinking Buddies, comedia romántica semiimprovisada de Joe Swanberg, con Anna Kendrick y Jake Johnson como amigos que quieren ser algo más que eso; la más negra A Many Splintered Thing, en la que Chris Evans es rechazado por la chica de la que está enamorado y trama su venganza; They Came Together, nueva película de David Wain con un reparto de lujo y una historia clásica de dueño de pequeño negocio vs gran compañía; la sátira del consumismo Syrup, sobre un joven que tiene una idea millonario y ve cómo su mejor amigo se la roba; y la posible joya de este grupo, Get a Job, en la que Dylan Kidd cuenta la historia de un grupo de amigos recién salidos de la universidad que intentan encontrar su primer empleo.

Luego están las comedias que se basan en una Gran Idea, esas que se pueden vender con una sola frase ingeniosa. Curiosamente, cuatro de ellas han tenido la misma idea: reírse del Fin del Mundo. Se trata de las muy cutres y baratas It's a Disaster y Rapturepalooza, por un lado; y de las más prometedoras Juerga Hasta el Fin (con la troupe Apatow, incluido James Franco, interpretándose a sí mismos, encerrados en un piso y cayendo uno a uno por sus pecados) y The World's End (tercera colaboración entre Simon Pegg, Nick Frost y Edgar Wright tras las celebradas Zombies Party y Arma Fatal). También tendremos teteras que te dan dinero si te haces daño (The Brass Teapot), dioses griegos que viven en Nueva York y se meten en las vidas de los mortales (Gods Behaving Badly), ricos malcriados que pierden todo lo que tienen en solo una semana (The Longest Week), jóvenes capaces de viajar en el tiempo para rehacer sus errores -románticos- del pasado (About Time) y tipos que deciden arreglar todos sus pecados cuando les diagnostican -erróneamente- que solo les quedan 90 minutos de vida (The Angriest Man In Brooklyn).
Afortunadamente, también hay otras películas de las que podemos esperar algo más que risas. La Gran Seducción, por ejemplo, es un remake de una cinta francesa con muy buenas críticas en la que los habitantes de un pequeño pueblo se alían para intentar que un médico se establezca en la localidad. Por su parte, Trust Me es la segunda cinta como director de Clark Gregg, una comedia negra en la que el agente Coulson da vida a una antigua estrella infantil reconvertido en agente de niños, que se topa con un ‘diamante en bruto’ y planea cómo sacarle provecho. Otro actor metido a realizador es John Turturro, que en Fading Gigolo contará paradójicamente con Woody Allen en el reparto; el filme cuenta la historia de un hombre (Turturro) que se mete a chapero de mujeres maduras para ayudar a un amigo (Allen) en dificultades económicas. Y del Reino Unido llegará Dom Hemingway , comedia criminal de Richard Shepard (Matador) en la que Jude Law sale de la cárcel dispuesto a recuperar el dinero que le deben.

A la mayoría los ejecutivos de los grandes estudios les importa bastante poco ganar un Oscar. Lo que realmente cuenta para ellos es ganar dinero. Por ello, la mayor parte de los estrenos de primera categoría del año son meras cintas comerciales destinadas a la taquilla, que buscan la aprobación del público (o convencerles de que la vean, aunque luego salgan echando pestes). Esto no quiere decir que no sean nominadas de vez en cuando: siempre existe esa cinta puntual de calidad que rompe barreras, o también las que tienen tantos efectos y son tan espectaculares en su diseño que son imposibles de ignorar en categorías técnicas.
Desde luego, no todas pueden aspirar a esta meta. Los thrillers y las cintas policíacas tienen las de perder si no juegan más que a lo comercial, por lo que no se puede esperar mucho de Armados en la Sombra (cinta de acción y narcotráfico dirigida por Baltasar Kormákur, que reúne a Denzel Washington y Mark Wahlberg), The Coup (thriller sobre un matrimonio formado por Michelle Monaghan y Owen Wilson, que se ven envueltos en un golpe de estado en el país que están visitando), Getaway (con Ethan Hawke y Selena Gomez intentando salvar a su esposa/madre secuestrada), McCanick (en la que David Morse y Brandon Routh son dos policías de narcóticos de los años 70), The Art of the Steal (sobre un motorista retirado -Kurt Russell- que roba obras de arte) o Ahora Me Ves... (lo mismo que la anterior, pero con ilusionistas que roban bancos, y con mucho más presupuesto). Las únicas con potencial para ser algo más de esta terna son The East, nueva colaboración entre Zal Batmanglij y Brit Marling (Sound of my Voice), sobre un grupo de anarquistas que atacan grandes corporaciones, y que pasó con éxito por Sundance; y Closed Circuit, thriller de John Crowley (Boy A) en el que Eric Bana y Rebecca Hall son dos abogados que defienden a un terrorista internacional.
Las estrellas del cine de acción también intentarán reclamar la taquilla, aunque algunos ya hayan fracasado en su intento este año. Por ejemplo, tenemos a Stallone y Schwarzenegger uniendo sus fuerzas para protagonizar The Tomb, thriller carcelario del sueco Mikael Håfström. Por su parte, Jason Statham llega por partida doble: con Homefront (en donde se enfrenta a un traficante de droga -el ubicuo James Franco- en un pequeño pueblo, a las órdenes de Gary Fleder) y la más atractiva Hummingbird (ópera prima del guionista Steven Knight, en donde interpreta a un exmilitar que navega por el submundo criminal de Londres). Otro ‘mercenario’, Jean-Claude Van Damme, probará suerte con un toque cómico en Welcome to the Jungle, en la que un viaje corporativo a una isla desierta sale terriblemente mal. Y si todos estos son viejas glorias, también habrá sitio para la nueva generación: In the Blood, de John Stockwell, intentará demostrar que Gina Carano también puede ser una estrella llevándola a un paraíso tropical para buscar al hombre responsable de la desaparición de su marido.

Entre lo comercial también hay sitio para cintas más exóticas. Por ejemplo, Keanu Reeves viajará al Japón feudal para unirse a un grupo de samuráis que buscan venganza por la muerte de su señor en 47 Ronin. Sus desorbitados 170 millones de presupuesto contrastan con los menos de 10 que ha costado Hammer of the Gods, que satisfará a los fans de Centurión y de los vikingos sanguinolentos. Y si nos vamos al futuro en lugar de al pasado, Sebastián Cordero nos tiene reservados The Europa Report, en la que un grupo de astronautas internacionales encabezado por Sharlto Copley y Michael Nyqvist viajan a la cuarta luna de Júpiter.
Pero sin duda lo que más abundará este año son las películas de amor, fantasía, ciencia ficción, acción y mundos o criaturas fantásticas orientadas a los adolescentes. Es decir, todas aquellas que intentan ocupar el hueco dejado por Crepúsculo. Obviamente, Los Juegos del Hambre. En Llamas ya tiene copado ese puesto, y aunque es probable que no tenga tanto éxito como su primera entrega, también va a reventar taquillas. En comparación con ella, poco van a poder hacer Cazadores de Sombras: Ciudad de Hueso (con Lily Collins enfrentada a demonios que parecen modelos de Calvin Klein), Percy Jackson y el Mar de los Monstruos (la segunda parte que nadie había pedido), Mariah Mundi and the Midas Box (aventura fantástica con ecos de La Brújula Dorada situada en un Londres victoriano alternativo, y que a buen seguro provocará muchos chistes a costa de su protagonista masculino llamado Mariah), How I Live Now (cinta futurista de Kevin Macdonald en la que Saoirse Ronan debe intentar sobrevivir junto a su familia tras una guerra que ha asolado la Tierra) y The Seventh Son (sobre un aprendiz de mago que debe enfrentarse a poderosos brujos encarnados por Julianne Moore o Jeff Bridges), aunque quizá estas dos últimas sorprendan.

Más infantiles parecen Walking with Dinosaurs (en la que dos hermanos buscan a su padre y acaban enfrentándose a dinosaurios vivos en al Ártico) y Space Warriors (cinta dirigida por Sean McNamara cuyo argumento es el mismo que esa olvidada película ochentera llamada S.O.S. Equipo Azul). Y mal que nos pese a quienes hemos leído el libro, en esta terna adolescente también hay que meter a El Juego de Ender, de Gavin Hood. Aunque se base en uno de los libros de ciencia ficción más celebrados de las últimas décadas, esta historia de un niño entrenado para comandar a un ejército estelar contra una invasión extraterrestre va a ser a buen seguro remozada para adecuarse a la lucrativa moda de los productos teen. Esperemos que por el camino no pierda mucho.
Por supuesto, si el público busca productos conocidos, ¿qué mejor que las sagas de éxito? Este año tendremos un poco para todo el mundo: la sexta entrega de Fast & Furious, para los chonis recalcitrantes; la segunda parte de Kick-Ass, para los frikis con un punto ácido; la secuela de RED, para los padres que añoran los buenos tiempos de héroes de pelo en pecho; Sin City: A Dame to Kill For, para los que no pueden decidirse entre la añoranza del pasado noir y la revolución postmoderna del croma; Riddick, para los que creen que Pitch Black es una película de culto a rescatar; y 300: El Origen de un Imperio, para los que están muy seguros de su sexualidad y/o quieren ver miembros cercenados con sangre y decorados por ordenador.

Cómo no, este mundo familiar y seguro de franquicias millonarias no estaría completo si no hablásemos del cine de superhéroes, dispuesto a batir récords de taquilla y, por qué no, a romper la maldición que le impide conectar con la Academia. Los más modestos de esta rama son Thor. El Mundo Oscuro y Lobezno Inmortal, dos cintas que podrían rondar los 200 millones de recaudación o, dado que son percibidas como material de segunda fila, quedarse en cifras más modestas. Mucho más se puede esperar de Iron Man 3, que después del éxito descomunal de Los Vengadores podría disparar su popularidad todavía más. El cambio de director (ahora es Shane Black el encargado de la saga) puede suponer un valor añadido. Pero no nos engañemos, la película de superhéroes del año va a ser El Hombre de Acero. Aunque luego resulte que Zack Snyder ha rodado una mierda, sin duda va a ser la película más comentada de la temporada veraniega. ¿Será comparable a El Caballero Oscuro, o se quedará en otro Superman Returns?
Los directores conocidos también tendrán un hueco reservado. Tenemos a McG metiendo a Kevin Costner a espía retirado que debe hacerse cargo de un último caso en Three Days to Kill; al francés Luc Besson, guionista de ese filme, contando una historia de mafiosos metidos en el programa de protección de testigos en Malavita (con Robert De Niro y Tommy Lee Jones); al español Jaume Collet-Serra uniéndose de nuevo con Liam Neeson en Non-Stop (en la que encarna a un policía que debe entrar en acción en pleno vuelo comercial); al alemán Robert Schwentke metiendo a Ryan Reynolds a la policía sobrenatural en R.I.P.D. (basada en una novela gráfica que NO se llama Hellblazer); y al australiano Robert Luketic metiéndose en el mundo del espionaje empresarial en el thriller Paranoia (con Liam Hemsworth, Gary Oldman y un Harrison Ford con el pelo rapado al cero). Sin salir de los realizadores foráneos, Roland Emmerich continúa con su política de destruir la Casa Blanca de todas las formas imaginables con Asalto al Poder, sobre un ataque terrorista al presidente de EE UU… que es lo mismo que ya se ha visto con Objetivo: La Casa Blanca, pero con Channing Tatum y Jamie Foxx.

El otro gran pope del cine de acción yanqui, Michael Bay, se deja esta vez de CGI-Porn y Baysplosions para rodar una comedia negra alejada de sus habituales tiroteos: Pain & Gain, en la que Mark Wahlberg y Dwayne Johnson son dos culturistas que intentan hacerse ricos chantajeando a un millonario. Wahlberg también protagoniza lo nuevo del aprendiz de Bay, Peter Berg, que con Lone Survivor intenta ponerse lo más serio posible para contar la historia real de una misión de Seals que buscaban a un líder talibán y acabaron casi todos muertos. Es dudoso que sea otra En Tierra Hostil, aunque parece que lo pretende. El que no busca replicar su éxito con la Academia es Danny Boyle, que en Trance plantea un thriller desquiciado sobre robos de obras de arte, hipnosis, realidades deformadas y juegos mentales que ha provocado cierta división de opiniones en el Reino Unido, pero que parece ser una película única.
Si hay un tema común entre los grandes estrenos de estudio de este año es el fin del mundo. La primera en llegar será Oblivion, de Joseph Kosinski (Tron Legacy), en la que Tom Cruise se encuentra un secreto enterrado en una Tierra que ha sido asolada por una invasión alienígena. En el caso de After Earth, M. Night Shyamalan nos lleva a un futuro lejano en el que la humanidad ha abandonado la Tierra para conquistar las estrellas, y en el que Will y Jaden Smith vuelven por accidente al planeta y se encuentran multitud de peligros evolucionados. Nadie se larga de aquí en Pacific Rim, sino que vienen a visitarnos. En concreto, unas criaturitas de algún kilómetro de alto a las que Guillermo del Toro solo puede combatir con robots gigantes. Y si de acabar con la humanidad se trata, ¿qué mejor instrumento que los zombies? La moda llega al fin al cine de serie A con Guerra Mundial Z, en la que Marc Forster y Brad Pitt luchan contra muertos vivientes con comportamiento de insecto con anfetaminas. Por último, el apocalipsis de Elysium es social y económico. Neill Blomkamp nos lleva a un futuro en el que los ricos viven en una estación espacial y los pobres en la superficie de la Tierra, cuyos recursos naturales han sido asolados; solo Matt Damon podrá encontrar una solución a esta desigualdad.

Siguiendo con las cintas de presupuestos escandalosos, El Llanero Solitario se plantea como la apuesta más arriesgada del año. La producción de Jerry Bruckheimer podría ser un éxito al nivel de Piratas del Caribe, Johnny Depp y Gore Verbinski incluidos, o ser uno de los fracasos más estrepitosos de la década. Su presupuesto ronda los 300 millones de dólares, lo que quiere decir que debería tener lustre suficiente para alguna nominación técnica… si es que no colapsa sobre sí misma. También está en ligero peligro El Hobbit: La Desolación de Smaug, en vista de la ligera decepción que ha supuesto la primera entrega de la trilogía: ni ha recaudado tanto ni ha tenido la calidad que se esperaba de ella, aunque su apartado de diseño y tecnología sigue siendo imprescindible. La que ahora mismo puede aspirar a todo lo que uno pueda imaginar es Star Trek. En la Oscuridad. Recordemos que la anterior entrega, también dirigida por J.J. Abrams, no solo recaudó una suma desorbitada, sino que se quedó muy cerca de una nominación a la categoría reina de los Oscar. ¿Podrá su continuación hacer un Nolan?
Si nos metemos en cintas comerciales más serias, Chris Pine también tiene algo que decir, ya que protagoniza Jack Ryan. Este segundo reseteo del analista de la CIA creado por Tom Clancy (el primero fue Pánico Nuclear) está dirigido por Kenneth Branagh, que también encarna al terrorista ruso que el agente deberá detener. El anterior Jack Ryan, el oscarizado Ben Affleck, es el protagonista de Runner, Runner, un thriller de Brad Furman en el que encarna al dueño de una casa de apuestas que toma bajo su ala al novato Justin Timberlake. Suena similar a la nefasta Lay the Favorite, aunque por su argumento podría ser tanto una cinta comercial sin más, como una auténtica contendiente para el gran premio.

Todos los años hay algunas películas que parecen destinadas a estrellarse. No se trata de que no tengan potencial para ser algo más, sino de que ciertas señales indican que van a tener problemas para que eso se traduzca en algo decente. Normalmente, dos o tres de las grandes favoritas para el Oscar acaban derrumbándose estrepitosamente. Pero además, otro buen número de aspirantes se quedan como coitus interruptus.
Lo bueno de los festivales de cine tempraneros es que ya podemos hacer un poco de separación del grano y la paja. Por ejemplo, de Sundance nos quedamos con una lista de cintas que provocaron indiferencia, división de opiniones o directamente escarnio. Entre las primeras está la dramedia picante Afternoon Delight, el thriller de dobles Emanuel and the Truth About Fishes, el drama social Mother of George, el western Sweetwater (con January Jones), el thriller australiano Wish You Were Here y la historia de niños que maduran a la realidad The Inevitable Defeat of Mister and Pete. Entre las segundas, la sexual Two Mothers (con Naomi Watts y Robin Wright tirándose cada una al hijo de la otra), la versión experimental de A la Caza Interior. Leather Bar (otra de las 800 películas de James Franco de este año, en la que además hace de director) y el western surrealista The Rambler. En el lado inequívocamente negativo estarían la comedia de Michael Winterbottom The Look of Love, el drama teen Very Good Girls (que al parecer desperdicia en tópicos a dos actrices tan capaces como Elizabeth Olsen y Dakota Fanning), la dramedia de vuelta a casa The Lifeguard (con Kristen Bell) y el thriller romántico The Necessary Death of Charlie Countryman (con un Shia LaBeouf que es lo único que destacan las críticas). Por su parte, el biopic Lovelace se mostró tanto en Park City como en Berlín, y el veredicto en ambos festivales fue similar: magnífica y digna de premios Amanda Seyfried, pero la cinta un bodrio telefilmero.

Otros festivales nos han ido confirmando la caída de otras películas de la quiniela. Por ejemplo, en Toronto se exhibieron la correcta y olvidable Arthur Newman, en la que Colin Firth simula su propia muerte para comenzar su vida desde cero; y el thriller sobre las maldades de Internet Disconnect, de reparto destacado pero resultado cuestionable. Al South by Southwest llegó la última película de Jonas Åkerlund, Small Apartments, tan efectista y bizarra como es costumbre en él. Por su parte, en Berlín se dejó caer el meramente funcional thriller A Single Shot, con Sam Rockwell como un cazador que encuentra un botín y es perseguido por los criminales que lo han escondido; la comedia familiar Jayne Mansfield's Car, con la que Billy Bob Thornton regresa a la dirección con una cinta que tiene poco de memorable y mucho de ya vista; y el drama de Bille August Night Train to Lisbon, con Jeremy Irons de aburrido profesor que un día lo deja todo de lado, algo que los espectadores del festival también quisieron hacer cuando estaban viéndola. Además de estos certámenes, en Venecia se pudieron ver Passion, el nuevo thriller erótico de Brian De Palma, que como viene siendo tradición, fue ridiculizado; The Reluctant Fundamentalist, drama sobre terrorismo de la realizadora india Mira Nair, del que se destacó su trazo grueso; y At Any Price, drama familiar de Ramin Bahrani situado en una granja que fue criticado por su tono domesticado, pero del que se destacó la labor de Zac Efron y Dennis Quaid. También se pudo ver la última película de Terrence Malick, la romántica y etérea To the Wonder, que provocó la división de opiniones habitual, pero no fue capaz de reclutar los suficientes seguidores fervientes como para compararse con su anterior y multipremiada obra.
Tampoco los actores famosos se libran de hacer naderías obvias. De Nicolas Cage ya sabemos que es lo único que podemos esperar, por lo que a la cinta de acción con asesino en serie The Frozen Ground hay que ponerle una cruz. Su compañero en este filme, John Cusack, también está de capa caída: The Numbers Station lo encierra en una nave industrial atacada por agentes secretos y, posiblemente, en las estanterías de los videoclubs más remotos. Por lo que respecta a Mickey Rourke y Stephen Dorff, ambos confirman que su resurgimiento fue algo puntual en las cintas de acción patillera Java Heat y Tomorrow You're Gone, respectivamente. Si de acción se trata, Machete Kills tendrá en abundancia, pero ya sabemos el nivel que podemos esperar de esta secuela de serie Z. Y si Danny Trejo tiene limitadas capacidades actorales, otro tanto se puede decir de Keanu Reeves, que además de la mencionada 47 Ronin tiene otras dos películas en cartera: el drama romántico indie Generation Um, que por ahora solo ha recibido críticas negativas en los países en los que se ha estrenado; y su estreno como director, Man of Tai Chi, cinta de artes marciales cuyo único incentivo a priori es que ha reclutado a Iko Uwais (Redada Asesina) para el reparto.

En el caso del blockbuster fantástico Empires of the Deep, las dudas del título de la sección serían más bien realidades. Esta superproducción chino-americana quiere aspirar a ser un Avatar submarino, pero a juzgar por sus primeras imágenes de guerra entre hombres-cangrejo y peces gigantes, se queda en The Asylum y gracias. Tampoco parece que vaya a subir el nivel con Red Machine, thriller en el que dos hermanos (James Marsden y Piper Perabo) son perseguidos por el monte por un oso grizzli psicópata. La acción es un género en el que debería moverse bien Joel Surnow, creador de 24, pero Small Time es un drama pequeño sobre un vendedor de coches usados, basado en un guion que escribió hace 40 años y nadie quiso rodar. Al menos parece más sutil que You're Not You, melodrama lacrimógeno con Hilary Swank haciendo de mujer con esclerosis múltiple que se hace amiga de su cuidadora (Emmy Rossum), todo dirigido por el hombre que nos trajo Noches de Tormenta. Unas credenciales casi tan buenas como las de Alister Grierson, que este año pasará de dirigir la olvidable El Santuario a contar la enésima versión de la vida de Mary, Mother of Christ, con el peligroso (porque hace cada mierda…) Ben Kingsley como rey Herodes. Y siguiendo con Ben Kingsley y los temas exóticos, de Alemania llegará El Médico, adaptación del famoso best seller de Noah Gordon sobre un cristiano que se hace pasar por judío para estudiar medicina en la Persia del siglo XI.
Tampoco es cuestión de meterse solo con proyectos de directores de poco calado, sobre todo cuando hay otros con bastante más nombre que plantean tantas o más dudas que ellos. El epítome sería Paul Schrader, otrora reputado guionista, que ha contado con Lindsay Lohan y el actor porno James Deen para el thriller erótico The Canyons, cuya surrealista historia tras la cámara merece la pena leer. También jugará al escándalo de Super Pop la reincidente Catherine Hardwicke, que con Plush promete escenas tórridas PG-13 entre EEmily Browning y Cam Gigandet como paciente y psicólogo. Menos pretensiones tiene Pawn Shop Chronicles, comedia de acción de Wayne Kramer en la que Paul Walker tiene que recuperar un anillo de boda perdido, cruzándose en el camino de unos traficantes de droga (y conste que oficialmente no es un remake de Airbag). Por su parte, el francés Pascal Chaumeil (Los Seductores) desembarca en Hollywood con una dramedia sobre cuatro suicidas que se cuentan sus penas, A Long Way Down, basada en una novela de Nick Hornby que se considera uno de sus trabajos más flojos. Sorprendentemente, la comedia también es el género elegido por Matthew Weiner (Mad Men) para debutar en el cine. You Are Here es una road movie con Owen Wilson, Zach Galifianakis y Amy Poehler recorriendo el país para reclamar una herencia. Y Brian Helgeland también cambia de registro, del thriller y los mafiosos al biopic inspirador, en este caso del jugador negro de béisbol Jackie Robinson, en la telefilmera 42.

De Spike Lee se puede esperar lo mejor y lo peor, pero hay pocos motivos para pensar que el remake de Oldboy que tanto tiempo le ha llevado a Hollywood hacer, y que Lee ya ha rodado con Josh Brolin y Elizabeth Olsen, vaya a caer en la primera categoría. Como tampoco no ha dado muchos motivos para la confianza Paul Haggis, que tras ganar el Oscar con Crash ha ido cuesta abajo y sin frenos, y este año estrena la cinta romántica Third Person, que entrelaza tres historias en tres ciudades distintas (Roma, París y Nueva York), y que por supuesto está protagonizada por James Franco y por Olivia Wilde, otra que no para de trabajar. Lo de la ópera prima de Akiva Goldsman como director, Winter's Tale, casi se merecería un capítulo aparte: baste decir que es una película de época sobre un ladrón con poderes (Colin Farrell), un ángel caído (Will Smith) y un caballo blanco volador. Al parecer se basa en una novela fantástica con cierto prestigio, pero en manos de Akiva ya sabemos lo que pasa con esos materiales. Por lo que respecta a Nina, se trata de un biopic de la cantante Nina Simone, interpretada en el filme por Zoe Saldana (que se parece tanto a ella como un huevo a un triceratops). La película, dirigida por la desconocida Cynthia Mort, no cuenta con la aprobación ni con la colaboración de la familia Simone, que se ha opuesto vocalmente al proyecto, lo que suele ser un signo de que la película se va a estrellar. Por último, la película del año de Woody Allen se llamará Blue Jasmine y será un drama con Alec Baldwin y Cate Blanchett sobre una pareja en crisis y un ama de casa moderna en Nueva York. A juzgar por la irregular trayectoria del realizador, esta tiene pinta de ser de sus obras menores.
Dejamos para el final el mayor salto a la piscina de este artículo: El Gran Gatsby. El año pasado la incluíamos entre las cinco favoritas para ser nominada, pero tras retrasar su fecha de estreno a 2013, la hemos situado aquí, entre los más probables fiascos. ¿Por qué? ¿Acaso no se trata de una novela con el mayor prestigio posible, del director de Moulin Rouge, de un reparto fabuloso, de la gran apuesta de la Warner para este año? Por supuesto. Pero también es una obra considerada inadaptable (ahí está la versión de 1974 para atestiguarlo), del realizador que ya decepcionó con Australia, y de un reparto igual de potente que, por ejemplo, El Chico del Periódico. Además, se trata de una producción de 130 millones de dólares que se va a estrenar en mayo, tan temprano que cualquier debilidad será magnificada con el paso de los meses y la aparición de muchos más contendientes. Si es un fracaso o una decepción en taquilla (muy probable, sin la ayuda de los premios), si las críticas no son unánimemente elogiosas (muy probable, ya que Baz Luhrmann es un director que provoca división de opiniones y las cintas ‘de etiqueta’ y gran presupuesto nunca convencen a todos) o si el público no se enamora totalmente de ella (como ocurrió con el Lincoln de Spielberg), los meses que transcurran desde su estreno van a ser un continuo desgaste. Y la Warner lo sabe, así que ponerla en esta fecha (que solo le viene bien a filmes pequeños que necesitan meses para construir su boca a boca) seguramente muestra una falta de confianza en las posibilidades del producto. Es más probable que se quede solo en nominaciones técnicas.
Eso es todo por ahora. En el próximo artículo echaremos un ojo a las películas que REALMENTE van a estar presentes con fuerza durante la carrera hacia ese premio tan adorado y denostado, el Oscar.
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