Especial King Kong - Diccionario de Monstruos, 2ª Parte
Publicado hace 20 año
Continuamos hoy con nuestro Diccionario de Monstruos por donde nos quedamos ayer. Y la cosa empieza con un plato fuerte. Agarraos los machos que empezamos:
FANTASMAS Y ESPÍRITUS VARIOS:
¿Miedo? ¿De qué? – Suele haber dos concepciones de la muerte: es el final de todo, o es la entrada a otro mundo (Cielo o Infierno). Nos sentimos confortables asumiendo una u otra, al menos todo lo posible dentro del fenómeno de la muerte. Creer en uno de ambos destinos disminuye nuestra ansiedad ante la certeza de que alguna vez vamos a morir, algo que podría ser considerado el miedo nº1 del ser humano. Los fantasmas nos asustan por una parte porque suponen la prueba de que ninguna de esas concepciones es cierta, que existe la posibilidad de quedar encarcelados en este mundo sin posibilidad de hacer otra cosa más que vagar por él. Que podemos estar condenados a una eternidad de tormento sin necesidad de apelar a lugares metafísicos. Y si a eso le añadimos que normalmente los fantasmas guardan alguna deuda pendiente con su pasado, eso nos hace plantearnos si nuestros actos o los de los que nos rodean podrían condenarnos a vagar por la tierra a perpetuidad intentando por medios desesperados deshacer lo que hicimos o vengar lo que nos hicieron… algo que puede que no consigamos nunca. Tampoco podemos olvidarnos de los poderes de los fantasmas, que minan nuestra confianza en las leyes físicas como pilar de nuestra cotidianeidad, algo tan asumido que ni siquiera pensamos en ello… hasta que algo o alguien las viola. Si lo que suponíamos inamovible puede modelarse, ¿a qué agarrarse?
Sospechosos Habituales – Empecemos por las casas encantadas. Estos receptáculos-prisión de fantasmas alcanzaron su culmen con La Mansión Encantada (olvidaos del remake), pero no es la única película apreciable del género. Tenemos la spielbergiana Poltergeist, las versiones de House on Haunted Hill (1959, 1999) y 13 Fantasmas (1960, 2001), la eroticona El Ente, la ochentera House, la efectista Terror en Amityville (y remake), la kubrickiana El Resplandor, la infravalorada Darkness, la cult-movie La Leyenda de la Casa del Infierno, el pseudowestern El Espinazo del Diablo… Y si entramos en el pujante cine oriental, tenemos por ejemplo La Maldición (con innumerables versiones y secuelas) y Dark Water.
Muchas de estas películas están inspiradas directa o indirectamente en Otra Vuelta de Tuerca, novela de Henry James que ha conocido innumerables adaptaciones (Suspense es la más destacada, aunque también existe una versión española: El Celo). Algunas de sus alumnas aventajadas son la escalofriante Al Final de la Escalera, la pseudo-española Los Otros o la mejicana Hasta el Viento Tiene Miedo. Otra obra de fantasmas primordial es Cuento de Navidad, de Charles Dickens, que también ha conocido infinitas versiones (1935, 1938, 1951, 1970…), y un par de estimables reinterpretaciones (Los Fantasmas Atacan al Jefe, Los Teleñecos en Cuentos de Navidad). Y, como no, el fantasma más famoso de la literatura: el padre de Hamlet (recomendables las versiones de 1948, 1990 y sobre todo 1996).
Por último, nombrar algunos films de culto de desigual calidad que tratan el tema de forma distinta: las asiáticas Una Historia China de Fantasmas y El Más Allá (que mezclan el terror y el romanticismo), la ochentera El Aparecido (una suerte de Mad Max con fantasmas) y la española La Torre de los Siete Jorobados. ¡Sólo para auténticos ratones de cineclub!
HOMBRES LOBO:
¿Miedo? ¿De qué? – Los hombres lobo son la más básica expresión de los instintos primarios que habitan en el subconsciente del ser humano a pesar de sus años de evolución. Como tal, les tenemos miedo. Miedo porque nos convierten en seres primitivos, nos permiten darnos cuenta de la fina línea invisible que nos separa de otros animales, y nos hacen perder el control de nuestros actos. La seguridad que tenemos en nuestra identidad se debilita al vernos convertidos en estos seres.
Esta bestialidad inherente al hombre se expresa mediante rasgos salvajes (que nos recuerdan a los animales hostiles), un hambre voraz y caníbal (el instinto de alimentación sin los frenos sociales) y un elevado instinto sexual (que acostumbra a ser subliminal). El miedo a una criatura humana pero al mismo tiempo alejada de cualquier planteamiento moral que le pueda impedir matar, violar o realizar los actos más brutales. El mismo miedo que anida en nosotros cuando un criminal en serie actúa.
En los últimos años también hemos tenido lobos, desde un Jack Nicholson en su salsa (Lobo), hasta luchas entre especies (Underworld), pasando por licántropos españoles (la prescindible Romasanta) o proyectos fallidos (La Maldición). Pero sin duda han sido dos las más interesantes: Dog Soldiers, que enfrentaba a un pelotón contra una manada de estos seres sin renunciar al terror, al gore y al humor; y la trilogía de Ginger Snaps (2000, 2004, 2004), donde una vez más los adolescentes son los protagonistas, pero en esta ocasión mucho mejor aprovechados.
JUGUETES Y PAYASOS DIABÓLICOS:
¿Miedo? ¿De qué? – Caras maquilladas que ocultan la verdadera identidad. Rostros tersos y lisos, innaturales, de facciones alegres tan estáticas que parecen dar a entender un falso regocijo. Muñecos inmóviles que podrían tener dentro de su cabeza cualquier pensamiento, que podrían moverse en cualquier momento. Juguetes que podrían atacarnos mientras dormimos, aprovechando que les creemos inertes y que estamos indefensos. Payasos que bajo sus anchos trajes podrían tener las entrañas podridas.
Todos estos pensamientos, y más, pasan por la mente de miles de niños cada día. Algunos hemos crecido con ello. Y es que tanto los muñecos como los payasos tienen un aire de malignidad, con esas perpetuas sonrisas y esas expresiones vacías. Son los falsos amigos, esos que como las plantas carnívoras ocultan un peligro innombrable tras una hermosa fachada. Son psicópatas en potencia antes siquiera de que sepamos qué es un psicópata.
En cuanto a payasos, tenemos desde villanos de cómic de desiguales resultados (Spawn, Batman) hasta psicópatas vagamente maquillados (La Casa de los 1000 Cadáveres), pasando por alienígenas de peculiares formas e instrumentos (Payasos Asesinos). Pero sin dudas el payaso que ha marcado una huella indeleble en las mentes de generaciones de niños es Pennywise, el payaso diabólico creado por Stephen King en It (Eso). Puede que sea cutre visto en la distancia, pero con 8 años acojona.
MOMIAS Y ENGENDROS DEL PASADO:
¿Miedo? ¿De qué? – Tómese lo que hemos dicho sobre los fantasmas, sobre todo de los que vuelven por tener cuentas pendientes. Ahora aplíquese a entes materiales, a muertos vueltos a la vida por culpa de un antiguo maleficio, y voilá, ya tenemos el miedo multiplicado. Porque ahora no sólo se trata del alma, sino también del cuerpo putrefacto. Se trata de algo que podemos tocar, oler, sentir. Algo milenario y poderoso esperando el momento de vengarse a costa de cualquiera. Algo que busca a los descendientes (o reencarnaciones) de los que le maldijeron, por lo cual da igual lo que uno haya hecho: tu propia familia, tus propios ancestros, te pueden estar condenando a una dolorosa muerte. Esa indefensión, ya que no eres el responsable de que este monstruo intente acabar contigo, provoca aún más pánico que su repulsivo aspecto.
Saliendo de Egipto, hay seres que comparten las características de las momias. Un buen ejemplo serían son los fantasmas malditos de Piratas del Caribe, pero quizá el mejor serían los caballeros templarios de la saga de terror de Amando de Ossorio, comenzada por La Noche del Terror Ciego y continuada por tres entregas más (1973, 1974, 1975).
MONSTRUOS TIPO “LA BELLA Y LA BESTIA”:
¿Miedo? ¿De qué? – Monstruos muy relacionados con las otras criaturas de doble personalidad, los monstruos de este tipo nos recuerdan que hasta detrás de los rasgos más horrendos hay un ser pensante y sintiente. Lo que en un principio es miedo a la aberración de sus rasgos, se convierte en miedo hacia nuestro propio espíritu, tan dado a rechazar aquello que no entiende o que es aparentemente desagradable. Estos monstruos nos permiten ver cuán superficiales somos en realidad.
Sospechosos Habituales – Como el título indica, hay que referirse a las versiones de La Bella y la Bestia (sobre todo la de Jean Cocteau de 1946, y NUNCA a la de Disney) para ver el ejemplo perfecto de este monstruo. Pero no sólo ahí podemos verlo: clásicos como La Mujer y el Monstruo (y su secuela) o King Kong (que ya trataremos en profundidad más adelante) también nos ofrecen criaturas enamoradizas. Más recientemente, tanto Hulk como la española Abre los Ojos y la animada Shrek tocaron de muy, pero que muy distinta forma este tópico.
MR HYDE Y SUCEDÁNEOS:
¿Miedo? ¿De qué? – Ya hemos hablado algo de la dualidad de personalidad en el apartado de hombres lobo, pero si hay un buen ejemplo de esto, ese es el famoso Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Porque mientras los hombres lobo son una manifestación de nuestros instintos animales, asociales y amorales, en el caso de Mr. Hyde lo que asoma es algo tan racional como el ser original. Lo que ocurre es que este segundo ser es inmoral, insociable y puramente maligno. Es la destilación de nuestros más horrendos genes, de nuestros más bajos pensamientos. Es el mal que llevamos dentro expuesto en la superficie.
Y es esto lo que nos da miedo: que sin necesidad de recurrir a nuestro lado primitivo podamos albergar en nuestro interior algo malvado, capaz de realizar los más atroces actos con plena conciencia y disfrutando de ello. Es la semilla que habita en los psicópatas, y por eso los films basados en ellos se apoyan en gran medida en este relato de Robert Louis Stevenson. Sabemos que estos seres existen, y que a pesar de nuestro rechazo, son humanos. Tanto como nosotros. Eso es lo más escalofriante.
Claro, que la mitad o más de esas reinvenciones no merecen la pena. La merecen más aquellas que, sin recurrir al relato de Stevenson, sí incorporan los elementos de dualidad y lucha con el propio ser que están en el corazón de su obra. Así, tenemos superhéroes (Hulk), psicópatas (Psicosis, El Hombre Leopardo), espíritus (Twin Peaks), bichos obsesivos (El Señor de los Anillos)… Hasta un doble imaginario (pedazo de spoiler de este famoso film, no pinchéis a no ser que creáis haberlo visto). Y eso por no meternos con los films sobre la figura de Jack el Destripador, posiblemente el psicópata que más se ha relacionado artísticamente con Mr. Hyde…
MUERTOS VIVIENTES Y SIMILARES:
¿Miedo? ¿De qué? – Los muertos vivientes tienen muchos puntos en común tanto con los fantasmas como con las momias. Así pues, gran parte de lo dicho para ellos sirve en este caso: el temor a no poder descansar en paz, a que la muerte no sea el final, a la putrefacción del cuerpo… Pero en este caso hay dos factores que se unen. El primero, que podemos encontrar también en la tradición zombie del vudú (de donde parte la inspiración de los muertos vivientes), es la doblegación de la voluntad. El MV actúa por instinto o por mandato, no piensa, se convierte en un mero mecanismo a reacción. Es como si el alma hubiese muerto, o peor, como si hubiese quedado arrinconada en lo más hondo del individuo, condenada a ser mera espectadora de las atrocidades que comete el cuerpo. Esto ha hecho que sean perfectos instrumentos para lanzar discursos metafóricos acerca de la deshumanización global, del impacto de los medios de comunicación, o del lavado de cerebro a la población que sostiene a ciertos sistemas políticos o sociales.
El otro, más importante si cabe, es el canibalismo. A la repulsión que el mero hecho provoca se une la aniquilación de cualquier atisbo de socialización o moralidad, constructos que se supone están en la base de la consideración del ser humano como el ente más desarrollado de la Tierra. El atacar a los semejantes para alimentarse es algo que ni siquiera entre animales es frecuente, lo cual nos colocaría en el extracto más bajo de la escala evolutiva.
Sin embargo, Romero causó un antes y un después en este tema. De sus películas surgió la inspiración para las innumerables cintas de serie B que explotaron el tema (Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes, El Regreso de los Muertos Vivientes, Mi Novia es un Zombie, Nueva York Bajo el Terror de los Zombis…). Como también influyó en un videojuego adaptado al cine, Resident Evil. Su larga sombra también se deja ver en las dos cintas más divertidas del género en los últimos años: Braindead y Zombies Party. Tampoco podemos evitar nombrar otras cintas entre lo curioso y lo interesante que se han acercado al tema: la saga de Re-Animator (1985, 1990, 2003 - aunque esta última mejor olvidarla), Razas de Noche y La Noche del Cometa.
MUTANTES (GIGANTES):
¿Miedo? ¿De qué? – Hubo una época en la que la guerra con armas nucleares era el principal miedo de la población. Este miedo se fue extendiendo hacia todo lo tocante a la energía nuclear, y a sus efectos medioambientales. Así, no es de extrañar que en los 50 un género tan poco tocado como la mutaciones tuviese su gran momento. En este tipo de mutaciones confluyen todo lo que hemos nombrado en anteriores categorías sobre seres gigantes, con la paranoia originada por el desconocimiento de este nuevo tipo de energía. El hecho de estar manejando con tanta despreocupación un fenómeno que ya había empezado a demostrar, tras Hiroshima y Nagasaki, que sus efectos podían ser devastadores y estremecedores, creaba en el ser humano una inseguridad que le hacía pensar que cualquier cosa relacionada con lo nuclear podía ser nociva.
Este concepto no ha cambiado mucho en el tiempo. Los accidentes en plantas como Chernobyl se han encargado de mantenerlo presente. Es más, otros factores se han unido a la energía nuclear como posibles causas de estos engendros, todas ellas relacionadas con aspectos científicos que aún no han sido lo suficientemente explorados como para disminuir el miedo humano a lo inexplorado. Así tenemos la ingeniería genética, los experimentos cuánticos, la evolución alternativa… ¿Cuándo dejará el ser humano a temer a la ciencia? Posiblemente nunca.
Luego también tenemos los gusanos, desde Attack of the Giant Leeches a la genial Temblores, pasando por Dune (que no es una mutación, pero no está de más nombrar a los gusanos gigantes más famosos). Si hablamos de pulpos tendríamos It Came From Beneath the Sea, en cangrejos tenemos Attack of the Crab Monsters, entre las mujeres está El Ataque de la Mujer de 50 Pies, y para todo un repertorio de fauna podemos ver El Alimento de los Dioses. Por último no está de más mencionar Akira, donde el origen de la mutación es casi metafísico, y lo que surge de ahí… bueno, no tiene nombre.
MUTANTES (HÍBRIDOS):
¿Miedo? ¿De qué? – Todo lo dicho arriba sobre el miedo a la ciencia podría aplicarse aquí. Sin embargo, hay una gran diferencia entre este tipo de mutación y la anterior, y es que mientras antes el monstruo resultante apelaba a nuestra indefensión ante algo que nos supera bastamente en tamaño, en los híbridos el miedo es mucho más visceral. Se trata, al fin y al cabo, de una violación del orden natural mucho más patente que la anterior. En los gigantes conocemos la fisonomía, sabemos de qué animal se trata y por tanto podemos hacer una aproximación de su comportamiento. Sin embargo, no podemos predecir la conducta de un híbrido. Es como si nos encontrásemos con una nueva especie.
Además, cuentan con un plus a su favor: el aspecto de un híbrido es normalmente mucho más repulsivo. El asco es uno de los mecanismos del rechazo, y puede ser uno de los cimientos del miedo. Y si a eso le añadimos la patente violación del orden natural sobre el que descansamos nuestros esquemas sobre el mundo, un híbrido puede hacer que se nos ericen hasta los pelos de dentro de las orejas.
No son las únicas causas. Ahí están las dos versiones de La Mosca (1958 y sobre todo la versión de Cronenberg de 1986, mucho más explícita y monstruosa), donde se trata de transferencia genética o material directa. O The Relic, donde las causas son naturales (el origen específico dejémoslo para no destripar demasiado). O Waterworld, donde se trata de la propia evolución la que provoca mutaciones con el fin de adaptarse al nuevo medio. Y bueno, si empezamos a hablar de superhéroes mutados no paramos…
CONTINUARÁ…