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Especial King Kong - Diccionario de Monstruos, 2ª Parte

Publicado hace 20 año

Continuamos hoy con nuestro Diccionario de Monstruos por donde nos quedamos ayer. Y la cosa empieza con un plato fuerte. Agarraos los machos que empezamos:
FANTASMAS Y ESPÍRITUS VARIOS:
Dícese de aquellos seres que, una vez muertos, deciden volver al mundo en forma inmaterial para ajustar cuentas con sus descendientes, con los nuevos propietarios de su casa, coche o plaza de parking, o simplemente con cualquiera que tengan cerca.
¿Miedo? ¿De qué? – Suele haber dos concepciones de la muerte: es el final de todo, o es la entrada a otro mundo (Cielo o Infierno). Nos sentimos confortables asumiendo una u otra, al menos todo lo posible dentro del fenómeno de la muerte. Creer en uno de ambos destinos disminuye nuestra ansiedad ante la certeza de que alguna vez vamos a morir, algo que podría ser considerado el miedo nº1 del ser humano. Los fantasmas nos asustan por una parte porque suponen la prueba de que ninguna de esas concepciones es cierta, que existe la posibilidad de quedar encarcelados en este mundo sin posibilidad de hacer otra cosa más que vagar por él. Que podemos estar condenados a una eternidad de tormento sin necesidad de apelar a lugares metafísicos. Y si a eso le añadimos que normalmente los fantasmas guardan alguna deuda pendiente con su pasado, eso nos hace plantearnos si nuestros actos o los de los que nos rodean podrían condenarnos a vagar por la tierra a perpetuidad intentando por medios desesperados deshacer lo que hicimos o vengar lo que nos hicieron… algo que puede que no consigamos nunca. Tampoco podemos olvidarnos de los poderes de los fantasmas, que minan nuestra confianza en las leyes físicas como pilar de nuestra cotidianeidad, algo tan asumido que ni siquiera pensamos en ello… hasta que algo o alguien las viola. Si lo que suponíamos inamovible puede modelarse, ¿a qué agarrarse?
Pero es que además los fantasmas son la prueba física (metafóricamente) de la existencia de la muerte. De que no podemos ignorarla, de que por mucho que evitemos pensar en ella es nuestro destino, y puede que no sea un destino agradable. De que la muerte nos rodea. Sin escapatoria. Y nos hace plantearnos si no estaremos rodeados por los espíritus de todos aquellos que una vez pasaron por este mundo, errando desesperados, intentando encontrar una solución imposible a su prisión eterna. ¿Podemos conservar la ilusión de vivir sabiendo la pesadilla que nos espera?
Sospechosos Habituales – Empecemos por las casas encantadas. Estos receptáculos-prisión de fantasmas alcanzaron su culmen con La Mansión Encantada (olvidaos del remake), pero no es la única película apreciable del género. Tenemos la spielbergiana Poltergeist, las versiones de House on Haunted Hill (1959, 1999) y 13 Fantasmas (1960, 2001), la eroticona El Ente, la ochentera House, la efectista Terror en Amityville (y remake), la kubrickiana El Resplandor, la infravalorada Darkness, la cult-movie La Leyenda de la Casa del Infierno, el pseudowestern El Espinazo del Diablo… Y si entramos en el pujante cine oriental, tenemos por ejemplo La Maldición (con innumerables versiones y secuelas) y Dark Water.
Muchas de estas películas están inspiradas directa o indirectamente en Otra Vuelta de Tuerca, novela de Henry James que ha conocido innumerables adaptaciones (Suspense es la más destacada, aunque también existe una versión española: El Celo). Algunas de sus alumnas aventajadas son la escalofriante Al Final de la Escalera, la pseudo-española Los Otros o la mejicana Hasta el Viento Tiene Miedo. Otra obra de fantasmas primordial es Cuento de Navidad, de Charles Dickens, que también ha conocido infinitas versiones (1935, 1938, 1951, 1970…), y un par de estimables reinterpretaciones (Los Fantasmas Atacan al Jefe, Los Teleñecos en Cuentos de Navidad). Y, como no, el fantasma más famoso de la literatura: el padre de Hamlet (recomendables las versiones de 1948, 1990 y sobre todo 1996).
Otro subgénero que ha dado muchas películas buenas (quizá por ser un cajón de sastre para las más diversas aproximaciones tanto en cuanto a lo argumental como en cuanto al tipo de terror empleado) es el de “apariciones fantasmales que generan una investigación para encontrar su causa (y por tanto darles fin)”. Aquí entrarían El Sexto Sentido, El Último Escalón, The Ring (también su remake), The Eye, Sleepy Hollow, Carnival of Souls, La Niebla… También tenemos películas que enfocan el tema con humor sin renunciar al carácter terrorífico de los aparecidos: Cazafantasmas, Bitelchus, Agárrame esos Fantasmas… En esta última podemos ver a uno de los iconos de los fantasmas: el Segador, usease, la mismísima Muerte. Le podemos ver también en películas tan distintas (y de intenciones tan diversas) como El Alucinante Viaje de Bill y Ted, El Sentido de la Vida, El Séptimo Sello o Destino Final (y secuela). Y si de iconos se trata, las slasher movies nos han dado un par: a bote pronto, Candyman (recomendable olvidar el resto de la saga) y Freddy Krueger (1984, 1985, 1987, 1988, 1989, etc… o cómo hasta las mejores ideas van perdiendo efectividad hasta convertirse en un chiste si se las explota demasiado).
Por último, nombrar algunos films de culto de desigual calidad que tratan el tema de forma distinta: las asiáticas Una Historia China de Fantasmas y El Más Allá (que mezclan el terror y el romanticismo), la ochentera El Aparecido (una suerte de Mad Max con fantasmas) y la española La Torre de los Siete Jorobados. ¡Sólo para auténticos ratones de cineclub!
HOMBRES LOBO:
Dícese de aquella persona que, normalmente al llegar la luna llena, a veces cuando le viene en gana, se transforma en una mezcla de humano y lobo (en distintas proporciones según el presupuesto) con irreprimibles instintos alimenticios y/o sexuales.
¿Miedo? ¿De qué? – Los hombres lobo son la más básica expresión de los instintos primarios que habitan en el subconsciente del ser humano a pesar de sus años de evolución. Como tal, les tenemos miedo. Miedo porque nos convierten en seres primitivos, nos permiten darnos cuenta de la fina línea invisible que nos separa de otros animales, y nos hacen perder el control de nuestros actos. La seguridad que tenemos en nuestra identidad se debilita al vernos convertidos en estos seres.
Esta bestialidad inherente al hombre se expresa mediante rasgos salvajes (que nos recuerdan a los animales hostiles), un hambre voraz y caníbal (el instinto de alimentación sin los frenos sociales) y un elevado instinto sexual (que acostumbra a ser subliminal). El miedo a una criatura humana pero al mismo tiempo alejada de cualquier planteamiento moral que le pueda impedir matar, violar o realizar los actos más brutales. El mismo miedo que anida en nosotros cuando un criminal en serie actúa.
Sospechosos Habituales – Desde siempre, el hombre lobo ha sido un hermano menor de los monstruos clásicos. Pese a su popularidad, no ha sido muy explotado en el cine. Está la saga de la Universal (El Hombre Lobo y 4 más), su precursora El Lobo Humano, y poco más hasta los 80 excepto subproductos de Paul Naschy, películas indirectamente inspiradas en este mito (la excelente La Mujer Pantera) y films de serie B (La Bestia Debe Morir). Fue entonces, en los 80 y gracias a los avances en efectos especiales y maquillaje (de la mano de nombres como Rick Baker y Rob Bottin, maestros de las prótesis y los muñecos), cuando los licántropos tuvieron su época de gloria: Un Hombre Lobo Americano en Londres, Aullidos, Miedo Azul, Lobos Humanos, En Compañía de Lobos … Hasta las adolescentes Noche de Miedo (que realmente es de vampiros) y De Pelo en Pecho se aprovecharon de la moda.
En los últimos años también hemos tenido lobos, desde un Jack Nicholson en su salsa (Lobo), hasta luchas entre especies (Underworld), pasando por licántropos españoles (la prescindible Romasanta) o proyectos fallidos (La Maldición). Pero sin duda han sido dos las más interesantes: Dog Soldiers, que enfrentaba a un pelotón contra una manada de estos seres sin renunciar al terror, al gore y al humor; y la trilogía de Ginger Snaps (2000, 2004, 2004), donde una vez más los adolescentes son los protagonistas, pero en esta ocasión mucho mejor aprovechados.
JUGUETES Y PAYASOS DIABÓLICOS:
Dícese de aquellos instrumentos de deleite infantil con una marcada tendencia a atormentar, agredir o simplemente a matar gente.
¿Miedo? ¿De qué? – Caras maquilladas que ocultan la verdadera identidad. Rostros tersos y lisos, innaturales, de facciones alegres tan estáticas que parecen dar a entender un falso regocijo. Muñecos inmóviles que podrían tener dentro de su cabeza cualquier pensamiento, que podrían moverse en cualquier momento. Juguetes que podrían atacarnos mientras dormimos, aprovechando que les creemos inertes y que estamos indefensos. Payasos que bajo sus anchos trajes podrían tener las entrañas podridas.
Todos estos pensamientos, y más, pasan por la mente de miles de niños cada día. Algunos hemos crecido con ello. Y es que tanto los muñecos como los payasos tienen un aire de malignidad, con esas perpetuas sonrisas y esas expresiones vacías. Son los falsos amigos, esos que como las plantas carnívoras ocultan un peligro innombrable tras una hermosa fachada. Son psicópatas en potencia antes siquiera de que sepamos qué es un psicópata.
Sospechosos Habituales – Ah, Chucky, el psicópata más querido por los niños. Su saga (1988, 1990 y 1991, antes de volverse comedia) ha sido un claro ejemplo de cómo un muñeco puede causar más escalofríos que si las mismas acciones la ejecutase una persona normal. No ha sido el único ni el primero. Antes tuvimos películas como Magic, Devil Doll, Dolls (no confundir con la de Kitano), el refrito de tropecientas películas El Secreto de Joey y la ya nombrada Poltergeist, donde precisamente era un payaso el juguete asesino. Y es que ambas cosas nunca deberían mezclarse. Cuando alguien lo hace, como en Saw, ya puedes echar a correr.
En cuanto a payasos, tenemos desde villanos de cómic de desiguales resultados (Spawn, Batman) hasta psicópatas vagamente maquillados (La Casa de los 1000 Cadáveres), pasando por alienígenas de peculiares formas e instrumentos (Payasos Asesinos). Pero sin dudas el payaso que ha marcado una huella indeleble en las mentes de generaciones de niños es Pennywise, el payaso diabólico creado por Stephen King en It (Eso). Puede que sea cutre visto en la distancia, pero con 8 años acojona.
MOMIAS Y ENGENDROS DEL PASADO:
Dícese de aquellos seres que, normalmente a causa de una maldición, se ven condenados a volver una y otra vez a la vida para matar gente por el mero hecho de estar malditos o no tener un hobby adecuado.
¿Miedo? ¿De qué? – Tómese lo que hemos dicho sobre los fantasmas, sobre todo de los que vuelven por tener cuentas pendientes. Ahora aplíquese a entes materiales, a muertos vueltos a la vida por culpa de un antiguo maleficio, y voilá, ya tenemos el miedo multiplicado. Porque ahora no sólo se trata del alma, sino también del cuerpo putrefacto. Se trata de algo que podemos tocar, oler, sentir. Algo milenario y poderoso esperando el momento de vengarse a costa de cualquiera. Algo que busca a los descendientes (o reencarnaciones) de los que le maldijeron, por lo cual da igual lo que uno haya hecho: tu propia familia, tus propios ancestros, te pueden estar condenando a una dolorosa muerte. Esa indefensión, ya que no eres el responsable de que este monstruo intente acabar contigo, provoca aún más pánico que su repulsivo aspecto.
Sospechosos Habituales – Al hablar de momias, es obvio que vamos a nombrar a la saga de la Universal (La Momia y cuatro secuelas más), pero también a la versión contemporánea, por mucho que se haya inclinado por las aventuras familiares frente al terror (1999, 2001). Pero no son las únicas momias: tenemos clásicos de serie B (El Sudario de la Momia), penosos intentos europeos de explotar el tema (La Máscara del Faraón, La Sombra del Faraón) y una obra de culto de primera línea con una momia que ataca jubilados (Bubba Ho-tep). También uno de los relatos de la antología El Gato Infernal trata de estos seres.
Saliendo de Egipto, hay seres que comparten las características de las momias. Un buen ejemplo serían son los fantasmas malditos de Piratas del Caribe, pero quizá el mejor serían los caballeros templarios de la saga de terror de Amando de Ossorio, comenzada por La Noche del Terror Ciego y continuada por tres entregas más (1973, 1974, 1975).
MONSTRUOS TIPO “LA BELLA Y LA BESTIA”:
Dícese de aquel engendro que, aunque inicialmente pueda suponer una amenaza para el ser humano, hace cierto aquel dicho de “tiran más dos tetas…”. Puede seguir suponiendo una amenaza si uno es de su mismo género o carece de habilidades de seducción.
¿Miedo? ¿De qué? – Monstruos muy relacionados con las otras criaturas de doble personalidad, los monstruos de este tipo nos recuerdan que hasta detrás de los rasgos más horrendos hay un ser pensante y sintiente. Lo que en un principio es miedo a la aberración de sus rasgos, se convierte en miedo hacia nuestro propio espíritu, tan dado a rechazar aquello que no entiende o que es aparentemente desagradable. Estos monstruos nos permiten ver cuán superficiales somos en realidad.
Sospechosos Habituales – Como el título indica, hay que referirse a las versiones de La Bella y la Bestia (sobre todo la de Jean Cocteau de 1946, y NUNCA a la de Disney) para ver el ejemplo perfecto de este monstruo. Pero no sólo ahí podemos verlo: clásicos como La Mujer y el Monstruo (y su secuela) o King Kong (que ya trataremos en profundidad más adelante) también nos ofrecen criaturas enamoradizas. Más recientemente, tanto Hulk como la española Abre los Ojos y la animada Shrek tocaron de muy, pero que muy distinta forma este tópico.
MR HYDE Y SUCEDÁNEOS:
Dícese de aquellas personas aparentemente normales que, a veces tras ingerir una poción, otras por generación espontánea, se pueden convertir en su gemelo malvado (lo cual puede implicar desde el asesinato a la mera travesura).
¿Miedo? ¿De qué? – Ya hemos hablado algo de la dualidad de personalidad en el apartado de hombres lobo, pero si hay un buen ejemplo de esto, ese es el famoso Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Porque mientras los hombres lobo son una manifestación de nuestros instintos animales, asociales y amorales, en el caso de Mr. Hyde lo que asoma es algo tan racional como el ser original. Lo que ocurre es que este segundo ser es inmoral, insociable y puramente maligno. Es la destilación de nuestros más horrendos genes, de nuestros más bajos pensamientos. Es el mal que llevamos dentro expuesto en la superficie.
Y es esto lo que nos da miedo: que sin necesidad de recurrir a nuestro lado primitivo podamos albergar en nuestro interior algo malvado, capaz de realizar los más atroces actos con plena conciencia y disfrutando de ello. Es la semilla que habita en los psicópatas, y por eso los films basados en ellos se apoyan en gran medida en este relato de Robert Louis Stevenson. Sabemos que estos seres existen, y que a pesar de nuestro rechazo, son humanos. Tanto como nosotros. Eso es lo más escalofriante.
Sospechosos Habituales – Ha habido múltiples versiones del Dr Jekyll y Mr Hyde, tanto directas como indirectas. Entre las más fieles destacan las de 1920 (con John Barrymore), 1931 (con Fredric March) y 1941 (con Spencer Tracy). Entre las reinterpretaciones, hemos tenido un Hyde femenino (Dr Jekyll y Mrs. Hyde), uno monstruoso (La Liga de los Hombres Extraordinarios), uno de autor (Mi Nombre es Sombra) y uno seductor (El Profesor Chiflado). También lo hemos visto desde el punto de vista de su sirvienta (Mary Reilly).
Claro, que la mitad o más de esas reinvenciones no merecen la pena. La merecen más aquellas que, sin recurrir al relato de Stevenson, sí incorporan los elementos de dualidad y lucha con el propio ser que están en el corazón de su obra. Así, tenemos superhéroes (Hulk), psicópatas (Psicosis, El Hombre Leopardo), espíritus (Twin Peaks), bichos obsesivos (El Señor de los Anillos)… Hasta un doble imaginario (pedazo de spoiler de este famoso film, no pinchéis a no ser que creáis haberlo visto). Y eso por no meternos con los films sobre la figura de Jack el Destripador, posiblemente el psicópata que más se ha relacionado artísticamente con Mr. Hyde…
MUERTOS VIVIENTES Y SIMILARES:
Dícese de aquellos entrañables seres humanos de andares habitualmente patosos, cuyas características más acentuadas son el olor rancio que despiden por el hecho de estar ya muertos, y su constante antojo por la carne humana viva.
¿Miedo? ¿De qué? – Los muertos vivientes tienen muchos puntos en común tanto con los fantasmas como con las momias. Así pues, gran parte de lo dicho para ellos sirve en este caso: el temor a no poder descansar en paz, a que la muerte no sea el final, a la putrefacción del cuerpo… Pero en este caso hay dos factores que se unen. El primero, que podemos encontrar también en la tradición zombie del vudú (de donde parte la inspiración de los muertos vivientes), es la doblegación de la voluntad. El MV actúa por instinto o por mandato, no piensa, se convierte en un mero mecanismo a reacción. Es como si el alma hubiese muerto, o peor, como si hubiese quedado arrinconada en lo más hondo del individuo, condenada a ser mera espectadora de las atrocidades que comete el cuerpo. Esto ha hecho que sean perfectos instrumentos para lanzar discursos metafóricos acerca de la deshumanización global, del impacto de los medios de comunicación, o del lavado de cerebro a la población que sostiene a ciertos sistemas políticos o sociales.
El otro, más importante si cabe, es el canibalismo. A la repulsión que el mero hecho provoca se une la aniquilación de cualquier atisbo de socialización o moralidad, constructos que se supone están en la base de la consideración del ser humano como el ente más desarrollado de la Tierra. El atacar a los semejantes para alimentarse es algo que ni siquiera entre animales es frecuente, lo cual nos colocaría en el extracto más bajo de la escala evolutiva.
Sospechosos Habituales – Es inevitable mencionar aquí la saga zombie de George A. Romero (1968, 1978, 1985, 2005) y sus remakes (1990, 2004), así como otros títulos suyos que también tocan el tema (The Crazies, Martin). Pero eso no quiere decir que sea el original. Muchos films antes han tocado el tema zombie, principalmente desde la perspectiva del vudú (Yo Anduve con un Zombie, La Legión de los Hombres sin Alma, La Plaga de los Zombies), tema que más tarde se rescató en La Serpiente y el Arco Iris. Otros han influido estilística y/o argumentalmente en la revolución de Romero (Carnival of Souls, Invisible Invaders, The Earth Dies Screaming). También tenemos dos adaptaciones de la novela Soy Leyenda, de Richard Matheson, que cambiaron los vampiros originales por algo más cercano al zombie: El Último Hombre Vivo y Last Man on Earth.
Sin embargo, Romero causó un antes y un después en este tema. De sus películas surgió la inspiración para las innumerables cintas de serie B que explotaron el tema (Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes, El Regreso de los Muertos Vivientes, Mi Novia es un Zombie, Nueva York Bajo el Terror de los Zombis…). Como también influyó en un videojuego adaptado al cine, Resident Evil. Su larga sombra también se deja ver en las dos cintas más divertidas del género en los últimos años: Braindead y Zombies Party. Tampoco podemos evitar nombrar otras cintas entre lo curioso y lo interesante que se han acercado al tema: la saga de Re-Animator (1985, 1990, 2003 - aunque esta última mejor olvidarla), Razas de Noche y La Noche del Cometa.
MUTANTES (GIGANTES):
Dícese de cualquier ente que, debido a un experimento o un accidente de cualquier tipo, ha aumentado su tamaño hasta niveles indecentes.
¿Miedo? ¿De qué? – Hubo una época en la que la guerra con armas nucleares era el principal miedo de la población. Este miedo se fue extendiendo hacia todo lo tocante a la energía nuclear, y a sus efectos medioambientales. Así, no es de extrañar que en los 50 un género tan poco tocado como la mutaciones tuviese su gran momento. En este tipo de mutaciones confluyen todo lo que hemos nombrado en anteriores categorías sobre seres gigantes, con la paranoia originada por el desconocimiento de este nuevo tipo de energía. El hecho de estar manejando con tanta despreocupación un fenómeno que ya había empezado a demostrar, tras Hiroshima y Nagasaki, que sus efectos podían ser devastadores y estremecedores, creaba en el ser humano una inseguridad que le hacía pensar que cualquier cosa relacionada con lo nuclear podía ser nociva.
Este concepto no ha cambiado mucho en el tiempo. Los accidentes en plantas como Chernobyl se han encargado de mantenerlo presente. Es más, otros factores se han unido a la energía nuclear como posibles causas de estos engendros, todas ellas relacionadas con aspectos científicos que aún no han sido lo suficientemente explorados como para disminuir el miedo humano a lo inexplorado. Así tenemos la ingeniería genética, los experimentos cuánticos, la evolución alternativa… ¿Cuándo dejará el ser humano a temer a la ciencia? Posiblemente nunca.
Sospechosos Habituales – Sin duda el mejor exponente de este tipo de mutantes lo tuvimos en los 50 con La Humanidad en Peligro, donde unas hormigas gigantes resultado de la primera prueba de la bomba nuclear amenazaban con acabar con la raza humana. A raíz de ella muchas se apuntaron al carro, sobre todo de los insectos (The Deadly Mantis, The Black Scorpion, Earth vs the Spider, Beginning of the End…). Y es que son los bichos más repulsivos y visualmente pesadillescos que existen. Incluso recientemente hemos visto películas dedicadas a ellos, ampliando además el espectro de causas de su degeneración. Eso sí, las hay de todo tipo, desde interesantes (Mimic, Empire of the Ants) hasta autoparódicas (Arac Attack), pasando directamente por bodrios (Arachnid).
Luego también tenemos los gusanos, desde Attack of the Giant Leeches a la genial Temblores, pasando por Dune (que no es una mutación, pero no está de más nombrar a los gusanos gigantes más famosos). Si hablamos de pulpos tendríamos It Came From Beneath the Sea, en cangrejos tenemos Attack of the Crab Monsters, entre las mujeres está El Ataque de la Mujer de 50 Pies, y para todo un repertorio de fauna podemos ver El Alimento de los Dioses. Por último no está de más mencionar Akira, donde el origen de la mutación es casi metafísico, y lo que surge de ahí… bueno, no tiene nombre.
MUTANTES (HÍBRIDOS):
Dícese de cualquier ser surgido de la mezcla de dos entes inicialmente normales y ajenos al otro, también debido a un experimento o un accidente de cualquier tipo.
¿Miedo? ¿De qué? – Todo lo dicho arriba sobre el miedo a la ciencia podría aplicarse aquí. Sin embargo, hay una gran diferencia entre este tipo de mutación y la anterior, y es que mientras antes el monstruo resultante apelaba a nuestra indefensión ante algo que nos supera bastamente en tamaño, en los híbridos el miedo es mucho más visceral. Se trata, al fin y al cabo, de una violación del orden natural mucho más patente que la anterior. En los gigantes conocemos la fisonomía, sabemos de qué animal se trata y por tanto podemos hacer una aproximación de su comportamiento. Sin embargo, no podemos predecir la conducta de un híbrido. Es como si nos encontrásemos con una nueva especie.
Además, cuentan con un plus a su favor: el aspecto de un híbrido es normalmente mucho más repulsivo. El asco es uno de los mecanismos del rechazo, y puede ser uno de los cimientos del miedo. Y si a eso le añadimos la patente violación del orden natural sobre el que descansamos nuestros esquemas sobre el mundo, un híbrido puede hacer que se nos ericen hasta los pelos de dentro de las orejas.
Sospechosos Habituales – La historia más clásica sobre este tipo de monstruos es la de La Isla del Dr. Moreau, de H.G. Wells, que ha conocido varias versiones (la mejor la de 1933, la peor la de 1996). En ellas se ha oscilado entre varias explicaciones para estas mezclas de especies, desde la cirugía hasta la genética. También la genética esta en la base de los híbridos que podemos ver en Alien: Resurrección. Y si hablamos de energía nuclear o similares, también hemos tenido para dar y tomar, desde Desafío Total hasta el famoso episodio de Expediente X con el mutante de aquí a la izquierda (llamado cariñosamente The Flukeman).
No son las únicas causas. Ahí están las dos versiones de La Mosca (1958 y sobre todo la versión de Cronenberg de 1986, mucho más explícita y monstruosa), donde se trata de transferencia genética o material directa. O The Relic, donde las causas son naturales (el origen específico dejémoslo para no destripar demasiado). O Waterworld, donde se trata de la propia evolución la que provoca mutaciones con el fin de adaptarse al nuevo medio. Y bueno, si empezamos a hablar de superhéroes mutados no paramos…
CONTINUARÁ…
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