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Diario de Sitges 2013, Día 0: Haciendo los deberes
José Hernández, 11/10/2013
Lo comentaba en los artículos previos que publicamos como avance del FESTIVAL DE CINE DE SITGES: el número de películas que se exhiben durante estos nueve días es demencial, y no hay persona capaz de verlas todas en tan escaso periodo de tiempo. Más de 200 largometrajes tienen cabida en el certamen, y aun quitando las retrospectivas, se quedan en más de 100 por mucho margen. Es normal, pues, que uno decida quitarse algo de trabajo de forma previa para poder informar del mayor número posible de películas exhibidas en el certamen. Y así, a unas pocas horas de que servidor coja un avión para plantarse en tierras catalanas (si no surge ningún imprevisto aparte de los 173 con los que he tenido que lidiar en cuatro días), he aquí la primera tanda de películas con marca Sitges, ordenadas por calidad ascendente.

THE COLONY (
) tiene dos mitades bien diferenciadas. La primera es una aburrida y sosa cinta postapocalíptica que se las arregla para desaprovechar 45 minutos de filme en aire, porque no se toca ningún tema remotamente interesante sobre la situación que viven o los conflictos que origina la lucha por la supervivencia, con unos personajes planos e intercambiables, y sin el menor atisbo de creatividad o esfuerzo. en la segunda parte llega la acción y se convierte en una comedia involuntaria. Aparecen unos caníbales que parecen medio zombies medio subnormales, que se comportan de forma ilógica, y la trama postapocalíptica que ni siquiera estaba bien desarrollada se olvida y da paso a la acción vacía y caótica con una puesta en escena desangelada, inexpresiva, repetitiva, de telefilme barato o de estante de videoclub de saldo. Es ridícula, pero ni siquiera llega al nivel de barrabasada como para que se convierta en un chiste. Solo es una película mala y olvidable.
Al menos se puede decir que A GLIMPSE INSIDE DE MIND OF CHARLES SWAN III (
) lo intenta, aunque fracase igualmente. Y es que la película es una sucesión inconexa de situaciones en las que Roman Coppola ha querido hacer una película como las de su amigo Wes Anderson, pero sin el talento ni el corazón de este. A los 15 minutos ya ha contado todo lo que tenía que contar, y el resto es dar vueltas sobre lo mismo y meter ensoñaciones tontas y sin fuste, que no solo hacen poca gracia, sino que son bastante pobres estéticamente. Con tanta ruptura poco justificada, el ritmo es irregular, pero hasta sin ellas sería tedioso por la falta de profundidad y de humanidad. Y es que su gran baza, coger a Charlie Sheen de protagonista en un personaje claramente basado en él, se queda en eso: una metarreferencia lineal y obvia, que renuncia al poso de amargura que asoma de vez en cuando para simpatizar y aplaudir su misoginia, decadencia y narcisismo. No en vano, se trata de un proyecto nacido en la vanidad: un tío criado por un artista que rueda una peli para demostrar que está a la altura de papá, y si nadie quiere admitirlo, él lo sabe y punto. Un ombliguismo brutal que culmina con un plano final obsceno de pura egolatría.

Al menos eran películas de las que no había ningún buen motivo para esperar nada. Porque lo de PASSION (
) es decepción pura y dura de ver lo bajo que puede caer un director clásico, en este caso Brian De Palma. Empezando por un guion lamentable que se empeña en ser un thriller ambientado en el mundo de los negocios durante su primera mitad, resultando inocentón, aburrido y carente de interés, y que luego cuando da un giro se vuelve ridículo, incoherente, deslavazado y caótico. Siguiendo por unos actores totalmente despistados y sin química ninguna, lo cual teniendo en cuenta que juega a la seducción sensual entre Noomi Rapace y Rachel McAdams, resulta más grave si cabe. Porque ver a dos actrices de categoría darse piquitos como si se gustasen, demostrando la más absoluta indiferencia, es al thriller erótico lo que un payaso a un dramón. Pero es que encima la puesta en escena de De Palma es un despropósito. De aspecto televisivo y falso, como si fuese un programa de Telemadrid, apenas utiliza recursos mínimamente creativos, y cuando los usa, casi que es mejor que se quedase quieto. Así, oscilando entre la inanidad y la patochada, discurre el punto más bajo de un director que nos ha entregado joyas.
Si lo soso y aburrido es la tónica de las anteriores cintas, al menos A FIELD IN ENGLAND (
) crea alguna emoción, aunque sea la enervación. Es tediosa, tiene un montaje penoso, un argumento errático, unos diálogos sin mucho sentido, un desarrollo farragoso y difícil de seguir, muchas incoherencias y al final se te queda cara de tonto. Es un caos pretencioso, que va de artístico y se queda en pedante. Pero mentiría si dijese que no ha conseguido a ratos su propósito conmigo. Hay escenas que tienen hallazgos formales sublimes, un halo de sugerencia y pesadilla que te noquea, lo que se deja entender del argumento es muy interesante, y su asonancia formal y sonora es de las que te muerden y se quedan ahí enganchadas, resistiéndose a soltarse la muy cabrita. Pero al final, lo que queda es odio porque es una experiencia rayando en lo insoportable. Es como tragarse una lija y luego vomitarla. Es tan anti-cine que es imposible amarla, aunque reconozca que tiene virtudes que nacen de alguien con talento. Pero alguien con talento que ha intentado algo que seguramente le quedaba grande. O no. Quizás sea el Séptimo Arte el que le quede pequeño a esto, que se resiste a ser calificado como largometraje en sentido estricto.

Con BAD MILO! (
) ya entramos en un terreno más amable. Es una fruslería, pero una fruslería muy divertida y sin complejos. La premisa de un demonio estomacal es absurda y escatológica, pero está muy bien engarzada con el tema del estrés de la vida moderna, tanto por la crisis económica y sus timadores de camisa y corbata, como por la creciente ola de comportamiento políticamente correcto pero socialmente inepto, tan new age en sus formas como enervante en su relación con los demás. En este entorno, la criatura vengativa salida del culo del protagonista que va sembrando el caos por su vida personal acaba siendo una especie de versión delirante de Un Día de Furia si en vez de a Michael Douglas tuvieses a los Gremlins y al Vengador Tóxico haciendo de las suyas. La pena es que la cinta pierde bastante fuelle hacia el final porque no le quedan más ideas que explotar, pero sigue siendo una forma muy entretenida de aplicar al contexto actual las pelis de serie B y Z de los años 80, tan cutres como efectivas y cachondas.
Otra cinta que bebe mucho de los años 80 y 90 es THE CALL (
), del otrora prometedor y últimamente de capa caída Brad Anderson. Y casi recupera el tiempo perdido, porque la primera hora de película es sublime, una montaña rusa de adrenalina. Mantiene una tensión constante y un ritmo frenético, sacándose de la manga situaciones y recursos narrativos que no dejan un momento de respiro, apoyado en la gran labor interpretativa de Halle Berry y Abigail Breslin. Como ya hiciesen thrillers creativos y sin complejos como Cellular o Buried, saca el mayor partido posible de un entorno muy limitado y de una situación potencialmente estática o que acaba en un callejón sin salida. Posiblemente si hubiese logrado mantenerse así durante toda la cinta, estaríamos hablando de uno de los mejores thrillers del año. Pero pasa lo que suele pasar, y es que cuando a los guionistas se les acaban las ideas para estirar el chicle, todavía queda media hora de peli. Y algo hay que hacer. Y la cosa se sale de madre cuando la cinta se convierte en un trasunto de Saw o de las escenas de Buffalo Bill en El Silencio de los Corderos, empeñada en hacer de Halle una heroína con presencia física en la acción, lo que da lugar a momentos incoherentes y estúpidos, a un cambio de tono radical (y a peor) hacia la pornotortura que se basa en recursos facilones y decisiones absurdas. Un regusto amargo porque es un final poco digno y, sobre todo, totalmente opuesto al espíritu de todo lo visto antes.

Por su parte, EUROPA ONE (
) juega a dos cartas: por un lado, su argumento es bastante típico y tópico de la ciencia ficción. Pero por otra, su puesta en escena y ciertos detalles que desvían la trama hacia lugares inesperados consiguen que la propuesta sea fresca y original. La trama es la misma que ya hemos visto en cientos de ocasiones: una expedición científica para buscar vida en otro planeta que va mal cuando descubren un ser que supone una amenaza para ellos. Pero el acercamiento a este argumento al estilo found footage (o más bien, falso documental) está muy conseguido y realizado de forma muy seria, respetando sus reglas y buscando formas de que se conjugue a la perfección con la historia. De esta forma, renuncia de forma casi total a crear tensión artificiosa, ciñéndose a las posibilidades que le da su premisa para desenvolver los hechos, lo que hace que tenga un acercamiento más clínico que emocional. Y esto le permite tanto explorar la humanidad de sus personajes como tocar temas más cósmicos y trascendentales. A veces sus conclusiones son las mismas que tantas veces hemos visto; pero en otras ocasiones, como en ese irónico final, el punto de vista es inesperado y con mucha miga.
Y de Sebastián Cordero a Sebastián Silva. MAGIC MAGIC (
) es una cinta irregular y rara, que se basa en lo extraño como razón de ser. Silva va creando una sensación de desasosiego y perturbación muy acusada, pese a que a simple vista parezca una cinta descuidada y barata, rodada a la buena de dios, con escenas y diálogos repetitivos y poco sólidos, que no logran profundizar en los personajes. Pero es solo en apariencia, porque a poco que uno se meta en la propuesta, esa fealdad le da cierta claustrofobia al conjunto que encaja a la perfección con la trama, y su empleo de ciertos símbolos y planos tiene una intención expresiva más allá de su función narrativa. No solo tiene un par de escenas sublimes, sino que Juno Temple se sale totalmente, se lanza al personaje de cabeza y ofrece una interpretación que muerde y tambalea. Al final, lo que parecía un drama de adolescentes primero y un asomo de slasher/terror de aislamiento típico después, acaba transformándose en un turbio relato psicológico, un descenso a los infiernos de la locura y la inestabilidad perceptiva y mental que se complementa con un final con mucho jugo acerca de las supersticiones y el entumecimiento de la sociedad civilizada respecto a sus raíces.

Una de las cintas más esperadas del festival es V/H/S/2 (
), secuela de aquella cinta de episodios que rayaban de lo correcto a lo escalofriante. Esta segunda entrega es mucho mejor que la primera: ninguna historia flojea, todas se mantienen a un gran nivel en buena parte porque son más largas y tienen más cancha para desarrollarse... menos la historia de conexión entre ellas, que es de nuevo anecdótica y sin interés, en este caso más aún que en la anterior. La primera historia, una especie de revisión en plan ciencia ficción de The Eye, es tensa, expeditiva y visceral como pocas historias de fantasmas consiguen serlo. La segunda, una historia de zombies, es muy divertida y recupera el estilo desenfadado de Sam Raimi, con unos cuantos toques de humor negro desternillante y alguna profundización inesperada e interesante en la mitología de estos seres. La tercera parte, centrada en una secta oriental, es sencillamente BRUTAL, malsana y enfermiza, con un tramo final estremecedor y salvaje. Un apocalipsis indonesio con sangre a borbotones que es de lejos lo mejor de la película y quizás de lo mejor que se verá en Sitges. Es una pena que el último episodio sea el más flojito de los cuatro, porque deja con una sensación agridulce. La historia de abducciones extraterrestres tiene su gracia y sus momentos de brillantez innegable, pero no logra hacer nada con su premisa que no esté ya apuntado cuando empiezan a desarrollarse los eventos.
Y terminamos este primer repaso con la que posiblemente sea la mejor película que se vea en el festival, con la vara de medir con la que deben comprarse el resto de cintas, aunque es previsible que el público de Sitges no la llegue a apreciar en toda su grandeza. UPSTREAM COLOR (
) es sencillamente una obra maestra. Si su ópera prima, Primer, era un ejemplo de concisión de recursos narrativos y elipsis de contexto que acababa siendo críptico y gélido, en este caso Shane Carruth se lanza hacia la poética de la imagen y el sonido, logrando un filme hipnótico y sugerente, capaz de transmitir la armonía y el caos que circulan por las venas de los protagonistas, en una bellísima alegoría sobre el amor como fuente de autodestrucción, pero también de renovación y energía, de ligadura más allá de lo emocional, fundiéndose ambos seres en un todo en el que renuncian a su identidad para adquirir parte de la del otro. Y eso lo consigue a través de una historia de ciencia ficción que no ofrece todas las respuestas de manera directa, que deja muchas cosas a la interpretación del espectador, pero que resulta tremendamente evocadora. Una historia sobre el ciclo de la vida natural y sobre los usos perversos que el ser humano hace de ello, destruyendo donde podría construir, renunciando a la empatía en pos del beneficio individual cuando podría encontrar un beneficio mucho mayor en la comunión social. Y sin embargo, el filme renuncia a ser una mirada pesimista al ser humano y acaba dibujando un cuento sobre el amor: a uno mismo, a sus semejantes, a la naturaleza que nos ha dado la vida y que nos puede ayudar a evolucionar. En resumen, una joya con una sensibilidad inesperada en Carruth y con algunas de las imágenes más bellas que se han rodado en mucho tiempo.
Eso es todo por ahora. El domingo volveré con más información, esta vez ya desde el propio festival, y con películas que he ido viendo en comunión con el peculiar público que pasea por Sitges en esta época del año, vestido de zombie o no. Eso es opcional.
@DamnedMartian

THE COLONY (

Al menos se puede decir que A GLIMPSE INSIDE DE MIND OF CHARLES SWAN III (


Al menos eran películas de las que no había ningún buen motivo para esperar nada. Porque lo de PASSION (

Si lo soso y aburrido es la tónica de las anteriores cintas, al menos A FIELD IN ENGLAND (


Con BAD MILO! (

Otra cinta que bebe mucho de los años 80 y 90 es THE CALL (


Por su parte, EUROPA ONE (

Y de Sebastián Cordero a Sebastián Silva. MAGIC MAGIC (


Una de las cintas más esperadas del festival es V/H/S/2 (

Y terminamos este primer repaso con la que posiblemente sea la mejor película que se vea en el festival, con la vara de medir con la que deben comprarse el resto de cintas, aunque es previsible que el público de Sitges no la llegue a apreciar en toda su grandeza. UPSTREAM COLOR (

Eso es todo por ahora. El domingo volveré con más información, esta vez ya desde el propio festival, y con películas que he ido viendo en comunión con el peculiar público que pasea por Sitges en esta época del año, vestido de zombie o no. Eso es opcional.
@DamnedMartian