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Diario de Sitges 2016. Día 9: Navajas suizas y diosas de neón

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Con retraso, pero al fin he conseguido completar todas las críticas de las películas vistas en Sitges. Era una pena dejarse en el tintero muchas de las que se incluyen en este artículo, que se mostraron en los últimos días de festival, porque aunque durante la semana bajó el nivel una cosa escandalosa, en las jornadas postreras se recuperó la enorme calidad mostrada durante el primer fin de semana. Entre las cintas mostradas, algunos títulos de directores importantes y otros que se fueron con (merecido) premio del festival, que cerró en conjunto una de las ediciones con mayor calidad media de los años que llevo cubriéndolo. De hecho, al menos tres películas de este año, y seguramente cuatro, se colarían en un Top5 si las juntásemos con las del año pasado. Ese ha sido el nivel. Y sin haber podido ver la sesión sorpresa, que como solicité amablemente fue La Llegada – proyección que estuvo rodeada de unas absurdas medidas de seguridad, con vigilantes en la sala para controlar al público (y grabando a quienes salían antes de tiempo) y el brillo retocado para dificultar la grabación de imágenes.



Empecemos con la justa ganadora de esta edición, una maravillosa locura surrealista que podría haber firmado Michel Gondry: SWISS ARMY MAN (). La película de los pedos de Harry Potter, como la califican quienes no la han visto en base a los detalles más superficiales (y 'escandalosos') del film. El argumento nos presenta a un joven náufrago que se hace amigo de un cadáver que encuentra en la playa cuando va a suicidarse. El cuerpo, inicialmente muerto pero cada vez más vivo conforme van viviendo aventuras, tiene unos poderes asombrosos que sirven para cualquier cosa, desde vomitar agua hasta afeitar con los dientes o disparar perdigones con eructos. E impulsarse a base de pedos. La navaja suiza del título, vamos.

Podría parecer un material para una comedia surrealista de humor delirante. Y lo es en parte. Pero también es una de las historias de amistad más tiernas y bonitas del festival. Una historia sobre la soledad, sobre la necesidad de amar y ser amado, sobre cómo herimos a los demás con nuestras palabras y nuestro rechazo, con nuestro empeño de encajar a todo el mundo en una supuesta normalidad que no es más lógica que cualquier otra actitud hacia la vida. Un encorsetamiento social en 'lo correcto' que coarta nuestra libertad y nos impide expresarnos emocionalmente, que nos oprime y nos traumatiza hasta convertirnos en seres llenos de miedo y necesitados de una fantasía controlada para sentirnos seguros y queridos. Capa a capa, el guion va desgajando la vida y los problemas del personaje de Paul Dano (soberbio, como siempre) y, al mismo tiempo, va desarrollando su amistad con el cadáver de Daniel Radcliffe (merecidísimo premio), quien desde su mirada ingenua y virgen de todo conocimiento desmonta todos estos constructos sociales con la sabiduría simple pero sincera de un niño.

Es muy complicado manejar los distintos tonos sobre los que se cimenta la película. La parte sensible y la parte loca deberían ser como agua y aceite. Sin embargo, Dan Kwan y Daniel Scheinert (Daniels) consiguen mezclarlas con una maestría impropia de unos debutantes. Tomando buena nota de películas como La Ciencia del Sueño, los delirios de la trama (que no son solo los superpoderes del cadáver, sino también la enorme capacidad del protagonista para recrear un mundo 'suecado' con basura y troncos) se integran dentro de la narrativa como clímax de alegría y libertad frente a los momentos más íntimos en los que se desvela el lado más triste y frágil de la historia. En este sentido, tiene un final realmente devastador que redondea su discurso como una fábula melancólica sobre por qué tenemos que ser crueles con los demás en lugar de dejarles cumplir sus sueños como ellos deseen. Aunque estos sueños no se correspondan en nada con la realidad.



Y hablando de sueños, Nicolas Winding Refn firma su película más onírica (pero no la más inaccesible) con la hipnótica THE NEON DEMON (), un cuento cruel sobre el mundo de la moda que convierte a la belleza física en un dogma casi religioso, en un culto de adoración con diosas y demonios, con ritos y sacrificios, con invocaciones y bestias salvajes. Una brutalidad a nivel estético que consigue integrar la forma y el fondo de forma tan perfecta que, al hablar sobre la superficialidad del mundo, algunos confunden su discurso con algo hueco y sin profundidad.

Desde el primer momento, Refn juega con la imagen para dejarnos clara la falsedad de la representación plástica: Elle Fanning yace degollada en un sofá, rodeada de un charco de sangre, pero al alejarse la cámara vemos que se trata de un escenario y de un posado artístico. Así, el discurso del film se articula en torno a este juego de fachadas, en torno a la vacuidad e irremediable atracción de la belleza. Esto se transmite principalmente a través de arrebatadoras imágenes con gran presencia de espejos, entornos fabricados y simbolismos de brujería y divinidad (en especial el triángulo), así como composiciones de plano que rayan o rebasan lo artificial. También a través de otros recursos, algunos formales (la música electrónica, la iluminación que dirige la mirada hacia las figuras más bellas del plano) y otros argumentales (la maquilladora de modelos que trabaja también en una morgue; el gato salvaje que expresa la naturaleza sexual reprimida de la protagonista; el dueño del motel que pasa de ignorarla a querer violarla una vez que su transformación se ha completado...).

El viaje de la protagonista, una adolescente recién llegada al mundillo de la moda que comienza a despuntar ante los celos de sus compañeras más veteranas, es un proceso en el que ella aprende a despojarse de todo lo que la hace humana (su inseguridad, su inocencia, su capacidad de amar), convirtiéndose en una representación ideal de la diosa Afrodita, un caparazón hueco cuya única propiedad es la belleza en sí. En el clímax de este proceso, su primer encuentro con la pasarela, se produce un aquelarre lisérgico en el que ella es poseída por ese demonio de neón del título, que no es más que su propio reflejo vacío y sin alma. Se convierte así en un concepto abstracto de belleza absoluta, y su cuerpo y su rostro se tornan en un hechizo capaz de volver loca a la gente. La necesidad de posesión (forzada, sexual, necrófila y caníbal incluso) se convierte en una maldición que la persigue hasta el final, donde se llega al inevitable ritual en el que solo los dignos del cuerpo de la diosa podrán convertirse en ella. La belleza como religión en un mundo construido en torno a lo superficial, a la apariencia, al hedonismo vacío.



Y hablando de imágenes preciosas, lo de Terrence Malick ya va siendo un escándalo. Con su documental espiritual VOYAGE OF TIME () vuelve a superarse. En este caso deja de lado a Emmanuel Lubezki para trabajar con Paul Atkins, pero el resultado visual sigue siendo una maravilla que deja con la boca abierta a cada nuevo plano, sea de una ballena, de un meteorito cayendo a la Tierra o de los primeros humanos correteando en bolas y aprendiendo a usar el fuego. Y eso que las imágenes son solo uno de los muchos elementos que convierten a este film en todo lo contrario a una obra menor.

El planteamiento de la cinta es una especie de expansión (temática y argumental) a 90 minutos de la secuencia del origen del universo de El Árbol de la Vida. Así, Malick nos lleva por un recorrido lineal desde el big bang hasta la creación del planeta y los cuatro elementos que la componen (fuego, agua, tierra y aire), siguiendo por el origen de la vida desde sus formas unicelulares hasta las más complejas, los peces, los anfibios, los reptiles y dinosaurios, su extinción, los mamíferos y finalmente el hombre, hasta llegar a las grandes ciudades y finalmente, a la muerte del Sol. Un trayecto en profundidad lleno de maravillas, que se ve intercalado por imágenes en formato doméstico del mundo actual y centradas en las distintas tragedias que asolan al ser humano, mientras la voz aterciopelada de Cate Blanchett se dirige al creador (sea dios, la madre naturaleza o la mera existencia agnóstica) en una especie de plegaria para intentar comprender el por qué de tanto sufrimiento si somos fruto del amor.

De esta forma, el film no es solo un recorrido biológico y científico por las distintas eras del planeta, sino también un análisis del lugar del hombre en el conjunto de la creación, dos objetivos que están íntimamente ligados. Solo entendiendo la magnitud de la naturaleza, su complejidad y belleza, sus millones de años de historia, y comprendiendo el amor que destila toda esta obra de magnificencia suprema, podremos entender la relatividad de nuestra experiencia. Los problemas humanos, trágicos como son, descorazonadores incluso, no son más que una pequeña parte de un ciclo natural casi eterno donde siempre hay nacimiento y muerte, creación y destrucción, sin que exista más propósito que el de la mera Vida. El homocentrismo es una religión obsoleta e inane que no nos acerca a dios, sino que nos aleja de su obra.



Contenidos religiosos también nos encontramos en MIDNIGHT SPECIAL (), cinta de aventuras y ciencia ficción con la que Jeff Nichols hace su particular homenaje al cine de los años 80, en especial al Steven Spielberg de E.T., el Extraterrestre y el John Carpenter de Starman, el Hombre de las Estrellas. Sin embargo, a diferencia de obras como Stranger Things, se nota aquí un toque personal que no se limita a la mera réplica o recombinación de elementos, sino que añade un discurso propio a un argumento de estilo clásico.

El film sigue a un niño con poderes especiales, que huye junto a sus padres del ejército americano que lo quiere usar como arma y de una secta religiosa que lo considera su mesías. El destino: un punto concreto del mapa donde pueden estar las respuestas a su naturaleza excepcional. Nichols decide saltarse cualquier prólogo o introducción y meternos de lleno en el viaje ya comenzado, una maniobra que distingue claramente al film de sus precedentes en tanto que impide o limita la conexión emocional con los protagonistas, cuyos motivos son durante mucho tiempo un enigma. De esta forma, se le otorga mayor presencia a los temas accesorios, en especial al carácter casi divino del chico; y no solo por la presencia de la secta (una referencia mucho más explícita de lo que se atrevió a hacer Spielberg), sino por la forma de tratar al niño de todos aquellos que se van cruzando en su camino, que demuestran una devoción tan absoluta como en algunos casos enfermiza (en este sentido, el trabajo de Joel Edgerton es ejemplar una vez más, dotando de matices a un personaje que podría haber sido un pegado postizo y se convierte en el antihéroe trágico de la historia).

Ese toque frío y cerebral de la puesta en escena, no exento de sentido de la maravilla, también permite trazar una relación paterno-filial más llena de aristas, donde el miedo y la devoción se confunden con el amor, y donde las dudas y carencias psicológicas que salieron a la luz por el origen del niño (nacido especial de dos padres normales que nunca supieron cómo cuidarle) aparecen ocasionalmente reflejadas en las dinámicas entre los personajes. De esta forma, el viaje no es tanto un sacrificio por amor, sino una forma de conocer y aprender a amar a ese ser extraño que nació donde no le correspondía. Así es como se aborda un homenaje a cintas clásicas: aportando un punto de vista renovado y enriquecedor, construyendo encima de esos edificios argumentales para alcanzar otras cimas.



Precisamente el miedo del padre hacia su hijo, en este caso de la madre, es el tema central de la brillante comedia negra (negrísima) PREVENGE (). Dirigida y protagonizada por la actriz Alice Lowe, a quien pudimos ver en la también salvaje Turistas, la cinta sigue a una mujer embarazada cuyo hijo no nato le empuja literalmente a matar a todos los responsables de la muerte accidental de su padre.

Lowe maneja a la perfección la fina línea que separa lo atrevido de lo desalmado, logrando ser amoral y bruta sin caer en lo cruel o lo gratuito. Buena parte de la culpa la tiene un personaje principal tan encantador y mundano, tan mujer normal y corriente que hace la colada y es un poco payasa y oh por cierto te acabo de rajar la garganta ¿estás bien?, que es imposible no sentir simpatía y pena por ella. Su patetismo y su determinación, su patosidad y su salvajismo, funcionan como un contraste magnífico que proporcionan la mayor parte de las risas del film. La otra parte la consigue su toque de sátira social, ya que esta preñada desempleada y sin amor se cruza en el camino de una serie de personajes absolutamente despreciables o sintomáticos de una sociedad que deshumaniza a ciertos colectivos o exige unos estereotipos que limitan a las personas. Desde la mujer trabajadora que aborrece a las madres de familia hasta el pinchadiscos madurito que se niega a crecer y adoptar responsabilidades, pasando por el violador en potencia o la adicta al fitness que solo tiene tiempo para donar a una sola ONG, son un catálogo de vicios contemporáneos de los que el film se burla sin piedad.

Más allá de eso, la película también aborda un aspecto psicológico en un tono más serio y perturbador: la paranoia de las maternidad; el miedo a ese ente extraño que ocupa una parte de su cuerpo, que les absorbe la vida y controla sus hormonas y estados de ánimo; esa sensación marciana de que algo se mueve en tu interior y es capaz de dirigir tu vida a su antojo; y, en los casos más graves, la negación de que ese ser ya nacido sea aquello que anidaba en tus entrañas, la incapacidad de reconocer al fruto del amor perdido. Todo este miedo toma aquí la forma de un trastorno de personalidad múltiple que canaliza la falta de amor y los traumas pasados hacia una furia homicida vengativa y sin sentido que le ayuda a no sentir la realidad de su soledad y su dolor. La sangre (ajena) como mecanismo de curación y huida hacia delante.



La necesidad de sanar heridas maternales también es el motor de una de las sorpresas agradables de la última jornada, A DARK SONG (), una cinta de terror atmosférico que tiene como referente estilístico más claro El Exorcista, en tanto que sitúa su historia en un contexto realista en el que la presencia de lo fantástico aparece como una ruptura en el tejido espacio-temporal del mundo, una intrusión que da un vuelco a nuestra concepción de lo que sucede a nuestro alrededor.

El film tiene básicamente dos personajes: una madre que perdió a su hijo en un rito satánico que la policía no ha sabido resolver, y el medium que se encierra con ella en una casa perdida en la campiña irlandesa para intentar contactar con su espíritu o, al menos, obtener venganza de quienes le quitaron la vida. La película presenta estos rituales como un proceso largo, lento y complicado, muy exigente a nivel físico y psicológico. La puesta en escena es tan meticulosa y detallada que resulta fascinante y crea una atmósfera malsana que va plantando las semillas para la aparición del terror más clásico, el de sonidos extraños y figuras asomadas, realizado con una potencia indiscutible que pone los pelos como escarpias.

Así se va conformando una cinta de terror soberbia, tan seria y rigurosa que cada escena paranormal impacta el doble si cabe, al habernos situado en un contexto real y mundano donde nada de esto debería existir. Precisamente por eso, su tramo final no funciona: es demasiado explícito y carece de ningún asidero con la realidad, mostrando directamente todo aquello que solo asomaba antes, y cuya naturaleza es tan camp que parece haber salido de otra película completamente distinta. Si no fuese por esos 10 minutos finales, estaríamos ante un nuevo clásico del género.



Otra sorpresa grata del último día fue la mexicana LAS TINIEBLAS (), cinta de misterio lynchiano situada en un mundo donde la Tierra ha dejado de girar y siempre es de día, aunque una neblina tóxica inunda siempre los páramos donde vive una familia, en una choza de madera, alejados de todo contacto humano (si es que queda alguno). De vez en cuando, un monstruo que nunca vemos acecha la cabaña, una situación normal a ojos de los niños más jóvenes, que han vivido toda su vida en ese entorno agobiante.

La puesta en escena de Daniel Castro Zimbrón es elegante y sobria, con una atmósfera opresiva y pesimista que llena cada fotograma, desde la frialdad de la iluminación hasta la abundancia de sombras, pasando por la eliminación del horizonte en los exteriores o la parquedad del mobiliario en la casa. La cámara se mueve como un personaje más, atrapada en este entorno claustrofóbico y desesperada por encontrar una nueva forma de expresarse o de mirar hacia un exterior prohibido. La utilización de los sonidos como otro personaje más, unido a sus fugas oníricas de carácter ominoso, potencian más si cabe la sensación de desesperanza y fatalidad que acecha en cada rincón, el desapego con la realidad y por tanto con sus valores morales.

Este fascinante acercamiento estilístico se pone al servicio de una historia muy abierta a interpretaciones, donde no importa tanto el argumento en sí como la simbología y los conceptos que se exploran a través de él. En este sentido, el film es un análisis crítico del miedo como herramienta de propaganda y como estrategia educativa, subrayando a través de distintos recursos (las marionetas, la presencia de insectos y sobre todo de arácnidos, el odio al extraño) una analogía con las dictaduras que coartan la libertad personal y atrapan a sus víctimas en una red de manipulación ideológica de la que es difícil escapar. También es la historia de cómo un padre aprende la diferencia entre poseer y amar a sus hijos mediante el sacrificio personal, la ruptura con el pasado y el abandono de la seguridad de sus rutinas. Por último, también es un retrato de la paranoia masculina sobre la mujer, presentada como un ente ausente y poderoso, como una femme fatale de frágil envoltura y naturaleza devoradora, o como una pequeña bruja capaz de convocar espíritus y atrapar en sus garras/tarros de cristal a inocentes criaturas.



Cambiando totalmente de tercio, también se ha proyectado cine comercial en Sitges. Es el caso de la coreana TUNNEL (), cinta de catástrofes en la que un hombre queda atrapado en el interior de un túnel de varios kilómetros tras derrumbarse por completo. Mientras los equipos de rescate intentan idear la forma de sacarle, una tarea que va a llevar demasiados días, el hombre deberá luchar por sobrevivir con la escasa agua que tiene y el peligro constante de que las toneladas de piedra a escasos centímetros de su cabeza se vengan abajo.

Aunque le sobra metraje de sus dos horas de duración (algo habitual en la mayor parte del cine asiático, muy dado a las extensiones indecentes), se trata de una película rodada con solidez y pulso narrativo, bien interpretada y escrita, que sin grandes alardes ni escenas excesivas logra sostener el interés y generar momentos de tensión y de emoción sin caer ni en lo gratuito ni en lo ñoño. Incluso añade gotas de humor ocasional que hacen el camino más disfrutable, incluidas algunas críticas muy afiladas al gobierno y la burocracia más interesados en el dinero y la publicidad que en salvar una vida humana.

Sí que es cierto que hay elementos que estiran demasiado la ternura (el perrete) o la búsqueda del clímax final catártico (ese último viaje al fondo del jefe del rescate), y que otros aspectos llamados a establecer debate no cumplen su función del todo por estar encajados de forma poco orgánica (la muerte del trabajador). Pero en conjunto es un sólido y entretenido thriller que debería de ser ejemplo para Hollywood de que puede existir un cine comercial que guste al público sin sacrificar la calidad o la inteligencia.



Y sin dejar el cine asiático, pasamos a la animación. THE ANTHEM OF THE HEART () es un dramón de tres pares de cojones sobre una adolescente que no habla porque cree que le echaron una maldición cuando por culpa de un comentario inocente su madre descubrió que su padre la engañaba, y lo echó de casa. Ahora, una paria en el instituto, se deberá encargar de organizar un musical para la representación anual del centro junto a otros tres jóvenes que también tienen un capazo de traumas por dentro.

Pese a que en realidad es un folletín cargado de dramatismo para consumo adolescente, el film tiene la suficiente solidez y delicadeza en sus formas como para que la tragedia no se haga excesiva y lacrimógena, logrando algunos momentos bellos y sinceros en medio de otros más claramente diseñados para dirigir la historia hacia terrenos trágicos o forzar los eventos hacia un conflicto más exacerbado. La puesta en escena es serena y atractiva, y la conclusión de la historia se permite jugar con la dualidad entre ficción y realidad de forma que complementa temáticamente su relato de manera coherente y creativa.

Pero no deja de ser un culebronaco de y para adolescentes, así que quienes aborrezcan el género pueden ignorarla por completo, que no se van a perder una joya ineludible.



Mucho mejor es la sensible y calmada LOUISE ON THE SHORE (), magnífica cinta de animación tradicional del maestro francés Jean-François Laguionie que cuenta la historia de una anciana que pierde el último tren para volver a la ciudad al acabar el verano y debe pasar el invierno en un pueblo costero desierto, donde tendrá como único compañero a un perro callejero y a sus recuerdos.

El film, dibujado con un trazo tan sencillo como equilibrado y bello, se desarrolla con un ritmo reposado y sin estridencias ni dramatismos. Por un lado, vamos siguiendo las distintas tareas artesanales a las que dedica su tiempo la anciana para sobrevivir (se construye una casita, aprende a pescar...); por otro, comenzamos a conocerla mejor conforme va accediendo a todos esos recuerdos de la infancia que había olvidado, quizá voluntariamente, y que su nueva vida le hace recuperar. Unos recuerdos cargados de pasión y de miedo, de descubrimiento y de culpa, de nostalgia y de comprensión, que van dibujando una personalidad en clara necesidad de expiación, que ha acabado sumida en la soledad y el olvido por los errores emocionales cometidos a lo largo de su vida, y que debe aprender a ver con nuevos ojos al resto del mundo.

De esta forma, entre la suavidad de un sueño y la intensidad de una emoción reprimida, esta epopeya doméstica y tranquila se constituye como un canto a la vida y al amor, un viaje de pequeños momentos en el que la amistad juega un papel tan importante como el autoconocimiento y la redención.



Por último tenemos un mediometraje experimental muy curioso, THE UNAUTHORIZED HAGIOGRAPHY OF VINCENT PRICE (), que realiza un recorrido impregnado de humor e ironía por la obra del mencionado actor utilizando exclusivamente imágenes de sus películas y apariciones mediáticas, sin que haya más narrativa que la creada artificialmente por la propia combinación de trozos selectos.

De esta forma, en lugar de un biopic al uso tenemos un relato sobre el mal a lo largo de la historia en sus diversas formas y naturalezas, a través de los papeles de villano del actor, que es también la historia de cómo el cine de terror se ha ido transformando a lo largo del tiempo: al principio lo maligno se encontraba en cada rincón, era una fuerza imparable y extraña; posteriormente aprendimos a exorcizar nuestros miedos, a combatirlos e incluso a reírnos de ellos. Y así, lo que al principio nos daba pánico se convirtió en un juguete en nuestras manos. De la misma forma, la decadencia artística de Vincent Price se confunde con sus otros papeles de víctima del monstruo para ir dando paso a la progresiva destrucción de su figura.

Y sin embargo, al final lo que queda es la celebración de lo mucho que amamos un género y un actor que nos lo ha hecho pasar muy bien durante tanto tiempo, tanto por los escalofríos como por las carcajadas. De eso trata al fin y al cabo un festival como Sitges: de enfrentarse a los miedos y disfrutar con la lucha, tanto si la ganamos como si la perdemos.


En los próximos días todavía publicaré otro artículo con el resumen del festival, las mejores y peores películas y actores, un repaso al palmarés y un avance de lo que nos ofrecerá la próxima edición. Estad atentos porque Sitges 2016 aún no ha terminado.

@DamnedMartian

 

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