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Especial Óscar 2014: 10 directores clásicos sin Óscar

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Los Óscar son esos premios que todos dicen que no valen nada, que son inmerecidos y comerciales, pero sobre los que luego todo el mundo quiere hablar. Ya sea para hacer quinielas, quejarse de lo injustos que han sido con nuestro favorito o constatar lo previsibles que son, todos tenemos algo que decir. Uno de los temas que más suele comentarse es el de aquellos grandes cineastas que nunca fueron premiados, salvo el galardón de consolación que supone el reconocimiento a toda su carrera. Nosotros no hemos querido ser menos y hemos decidido ofrecerles este Top10 de cineastas clásicos que se quedaron sin premio.

De entrada debo decir una obviedad, y es que esta selección se basa en mi opinión personal, que por tanto puede ser discutida o debatida (de hecho, esa es la gracia de estas listas que no pueden comprobarse). En todo caso, sí que quiero dejar claro que esto no es una selección de los diez directores que más se merecieron el Óscar y no lo obtuvieron, sino de aquellos grandes directores que no lo consiguieron y creo que tuvieron posibilidades.

Por ello me he dejado fuera expresamente a algunos de los más grandes cineastas de la historia, ya que pese a su innegable calidad, no creo que su estilo encaje con los estándares de la Academia o directamente no eran reconocidos en su época. Algunos ejemplos: Orson Welles (la mayor parte de su carrera tuvo lugar en Europa, descartándole automáticamente, y Ciudadano Kane era demasiado subversiva en su momento), Fritz Lang (su época americana se compone de filmes que por género y estilo tenían pocas posibilidades de hacerle resaltar como director) o Raoul Walsh (más de lo mismo). Y, por supuesto, salvo algunos casos muy puntuales, he obviado a realizadores extranjeros porque los Óscar se basan en esa visión tan egocéntrica de que todo el cine que importa viene de Hollywood. Lo de fuera no dejan de ser curiosidades y rarezas a las que dar una amable palmadita en la espalda con un premio a la mejor película de habla no inglesa. De todos modos, en el presente artículo comentaré algunas interesantes excepciones a esa norma, sobre todo de la época en que la Academia se volvió más liberal con ese tema.

Tema aparte son algunos directores que en su época gozaban de un enorme prestigio, pero que actualmente han sido relativamente olvidados, y que inexplicablemente se quedaron sin su estatuilla. Estos los he descartado simplemente para componer una lista de nombres más familiares al lector, pero siendo justos deberían aparecer también. Me refiero sobre todo a directores de los años 30 como Gregory La Cava, Mervyn LeRoy, William A. Wellman, Clarence Brown y Rouben Mamoulian. A ellos cabe añadirles otros posteriores, como Otto Preminger, que tuve que dejar fuera por culpa de la tiranía de los números redondos, que me impide proponer por ejemplo un Top14.

Y, sin más preámbulos, aquí va mi lista:



CHARLES CHAPLIN


En 1928, Charles Chaplin ganó un Óscar especial por su versatilidad y genialidad al producir, escribir, dirigir y protagonizar El Circo. De hecho, aunque inicialmente optaba a todas esas categorías, se le retiraron todas las nominaciones a cambio de darle ese premio especial. Esta anécdota demuestra el enorme estatus del que gozaba Chaplin en aquella época: era tan respetado que se le daba un premio aparte del resto, como si temieran que el avaro cineasta pudiera acaparar todos los premios aún con una película considerada menor por entonces.

Ciertamente, en los años 20 Chaplin era ni más ni menos que el cineasta más respetado del mundo. Los críticos lo comparaban de forma bastante exagerada con los más grandes artistas de la historia y el público le adoraba. Si alguien tenía que ganar un Óscar al mejor director, era Chaplin, pero curiosamente nunca fue así. Seguramente los premios llegaron demasiado tarde, cuando sus películas mudas no se correspondían con el tipo de cine que la industria quería premiar y fomentar. En todo caso, ese premio especial que recibió por El Circo nos demuestra que en la era muda fue un serio candidato.

Puntos a favor: Ser considerado durante mucho tiempo el mejor cineasta del mundo, y por tanto un candidato ideal al Óscar.

Puntos en contra: Ser demasiado independiente en todos los sentidos, manteniéndose al margen de la historia (por ejemplo, estrenando filmes mudos durante el sonoro) y siendo demasiado polémico en cuanto a sus ideas políticas.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: Aunque no fuera nominado, si alguna vez debería haber ganado el Óscar es con la magnífica Luces de la ciudad (1930), que era una combinación magistral entre comedia y melodrama y se estrenó cuando aún mantenía ese estatus de cineasta genial. El inconveniente era que sería contraproducente premiar una película muda en pleno 1930, cuando la industria era la primera interesada en dejar atrás esa etapa. Candilejas (1952) sería la otra gran candidata, con su tono de melodrama clásico y ese homenaje a su pasado glorioso. Por otro lado, pese al enorme éxito que fue El Gran Dictador (1940), el haberse producido en una época en la que Estados Unidos aún era oficialmente neutral la descarta automáticamente: habría sido demasiado polémico.





KING VIDOR


Debo reconocer que, de los directores que he recopilado, King Vidor es el que más me ha sorprendido que no tenga un Óscar, ya que es en cierta forma el ideal de director norteamericano: tuvo un enorme éxito en la era muda con El Gran Desfile (1925) -de existir por entonces los premios de la Academia, no me cabe ninguna duda de que esta película habría arrasado-, supo dar la transición al sonoro exitosamente y desde entonces llevó adelante una carrera solidísima, moviéndose entre géneros tan apreciados por público y crítica como el melodrama, el western o el cine histórico. Al mismo tiempo, de vez en cuando iba intercalando obras más personales que, si bien no arrasaron en taquilla, demostraron que era un tipo con inquietudes.

Puntos a favor: Un director respetado unámimente por toda la industria que además se prodigaba en géneros respetables.

Puntos en contra: La verdad es que no se me ocurre ninguno.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: De sus nominaciones, creo que El Campeón (1931) es la que tenía más posibilidades, seguida de La Ciudadela (1938) y Guerra y Paz (1956).





CECIL B. DE MILLE


A la hora de elaborar esta lista también me sorprendió toparme con el nombre de Cecil B. DeMille, puesto que yo daba por hecho que había ganado un Óscar, pero no es así. En realidad, parece ser que aunque era uno de los directores más conocidos de su época, no gozaba de especial prestigio como cineasta (uno de sus colegas llegó a decir que sus películas eran horrorosas desde el punto de vista de la dirección), siendo considerado un creador de espectáculos cinematográficos más que un artista propiamente dicho. No obstante, Hollywood nunca ha hecho ascos a las grandes producciones espectaculares, por lo que no habría sido descabellado que recibiera alguna que otra estatuilla en su larga carrera.

Puntos a favor: Los espectáculos visuales que creaba eran muy llamativos, y tanto la temática bíblica como el western eran géneros bastante agradecidos para los premios.

Puntos en contra: Su gusto por el espectáculo iba unido también a cierta afición por recrearse en aspectos más morbosos que no serían del gusto de todo el público. Son conocidas sus batallas contra la censura de la Oficina Hays, que no veía con buenos ojos sus recreaciones de orgías romanas y sus primeros filmes, que trataban tan ligeramente el adulterio. Por otro lado, desconozco si pudo influir su fallido intento de 'golpe de estado' en el Sindicato de Directores para limpiarlo de "sucios comunistas", un suceso que le granjeó muchas enemistades, y desde luego no jugó a su favor.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: Las dos ocasiones en que fue nominado podría haber ganado: El Mayor espectáculo del mundo (1952) fue la ganadora a la mejor película de ese año, lo que la convierte en una seria candidata, mientras que Los Diez mandamientos (1956) surgió muy oportunamente en una época de revival del peplum y los temas bíblicos.





ERNST LUBITSCH


Ernst Lubitsch no solo fue uno de los directores más importantes de las primeras décadas del cine (especialmente en el terreno de la comedia), sino también una especie de pionero en lo que respecta a la emigración de cineastas europeos de prestigio a Hollywood. En una época en que aún existían fuertes prejuicios contra los alemanes por la I Guerra Mundial, Lubitsch fue llamado a la Meca del Cine para que aportara al cine norteamericano un poco de esa sofisticación europea que tanto atraía a los productores. Allí consiguió labrarse una sólida carrera sentando los precedentes de la comedia clásica americana, al tiempo que ejercía de anfitrión para todos los cineastas europeos que iban desembarcando en Hollywood, atraídos por el todopoderoso dólar y las perspectivas de participar en películas de alcance mundial.

Por tanto, Lubitsch era una personalidad respetadísima. Sus películas eran consideradas sinónimo de prestigio y calidad para los productores y solían funcionar bien en taquilla. Es decir, era lo que uno esperaba de un cineasta europeo de calidad y uno de los casos de 'importación de talento' de mayor éxito. Pese a los prejuicios iniciales que pudiera haber contra él por ser alemán, solo unos años después de su llegada, Lubitsch ya estaba plenamente integrado en la sociedad de Hollywood.

Puntos a favor: Un estilo sofisticado muy atractivo que gustaba tanto a crítica como a público, y que sentó algunas de las bases de la comedia clásica de Hollywood.

Puntos en contra: El género en que se especializó, la comedia, no suele reportar muchos premios. Por ejemplo, aunque en esos años Leo McCarey ganó el Óscar por La Pícara Puritana, a nadie se le escapaba que en realidad se lo estaban dando por el melodrama que había dirigido el año anterior, Dejad paso al mañana, que tenía como protagonistas a una pareja de ancianos (al parecer, el propio McCarey recogió el premio diciendo que se lo habían dado por la película equivocada).

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: Yo apuesto por sus películas de principios de los años 30, cuando el sonoro estaba empezando y la propia Academia buscaba fomentar esa novedad. En ese contexto, no descartaría que hubiera ganado por comedias musicales como El Desfile del Amor (1929), una de sus tres nominaciones, que además tuvo un éxito inmenso.





ALFRED HITCHCOCK


Puede que a muchos les parezca vergonzoso que quien, a día de hoy, suele considerarse el mejor director de la historia -o, como mínimo, uno de los mejores- nunca ganara un Óscar, pero en el contexto de la época no resulta tan extraño. Aunque durante su primera etapa británica Alfred Hitchcock gozó de un gran prestigio, en Hollywood nunca dejó de ser considerado un mero director de entretenimiento. Técnicamente impecable, un narrador de historias excepcional, eso nadie lo ponía en duda... pero sus películas de suspense no eran lo que se entendía como cine de calidad. En consecuencia, aunque Hitchcock fue nominado en cinco ocasiones, nunca ganó el Óscar al mejor director o, como le gustaba decir a él con cierto resentimiento, "siempre he sido dama de honor, pero nunca novia".

No fue hasta los años 60 cuando se empezó a revalorizar su obra, en gran parte gracias a los esfuerzos de críticos como François Truffaut, cuyo célebre libro de entrevistas se realizó con la finalidad específica de reivindicar a Hitchcock como uno de los mejores directores de la historia. Truffaut consiguió su propósito, pero ya era algo tarde: en el momento en que se publicó el libro, Hitchcock estaba en el ocaso de su carrera. Cuando en 1967 recibió el Oscar honorífico Irving Thalberg, en lugar de uno de sus esperados discursos irónicos, Hitchcock pronunció un seco "thank you" y se fue al instante. Quizá es que a esas alturas ya no estaba de humor para exhibir su faceta de showman, pero probablemente era su manera de dar a entender de una forma bastante británica el disgusto por no haber sido tenido en cuenta antes y haber tenido que conformarse con un premio de consolación.

Puntos a favor: Salta a la vista que su calidad como director es irreprochable. Y aunque se especializó en filmes de suspense, también realizó algunos que por su estilo o contenido le otorgaban cierta respetabilidad.

Puntos en contra: Ser considerado en su día como un mago efectista más que un cineasta serio.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: Probablemente en 1940 con Rebeca, que era una producción de David O. Selznick con ese aura de respetabilidad propia de una fiel adaptación literaria que tanto gusta a la Academia. El hecho de que ganara el premio a la mejor película y estuviera nominado a mejor director enfatiza esa idea. Mi segunda opción de entre las veces que fue nominado habría sido Recuerda (1945) que, pese a ser un thriller, tocaba un tema que en la época se consideraba muy sofisticado (el psicoanálisis), contaba con la colaboración de uno de los artistas más famosos del momento (Salvador Dalí) y era otra majestuosa producción Selznick.





HOWARD HAWKS


Howard Hawks es uno de los directores que representan el clasicismo cinematográfico por excelencia. Capaz de enfrentarse sin problemas a géneros tan dispares como la comedia, el musical, el western, el cine negro y el de aventuras, Hawks fue durante varias décadas una garantía de éxito y de calidad. No obstante, la Academia al parecer tan solo le tuvo en cuenta respecto al primer punto, ya que en toda su carrera solo fue nominado en una ocasión. Siendo considerado como uno de los grandes directores norteamericanos por excelencia, su ausencia de la lista de premiados es una de las más flagrantes.

Puntos a favor: Su increíble versatilidad en todo tipo de géneros.

Puntos en contra: Eso no le impidió quedarse encasillado como un mero director de entretenimiento (algo parecido a lo que le pasaba a Hitchcock). Por ejemplo, su visión del western no gozaba del mismo prestigio que la de John Ford.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: Con su única nominación al Óscar, por El Sargento York (1941). Era el tipo de filme que gustaba a la Academia (la biografía de un auténtico buen americano: un humilde hombre de pueblo que destaca en la I Guerra Mundial como soldado) y encajaba perfectamente con la época (la entrada de Estados Unidos en la II Guerra Mundial, haciendo que toda historia de heroísmo fuera recibida con los brazos abiertos). No es casualidad que su única nominación fuera para una de las películas menos hawksianas de su carrera. Por otro lado, creo que películas como Río Rojo (1948) podrían haberle proporcionado el Óscar sin problemas, aún cuando no fuera ni nominado.





MICHAEL POWELL


En los años 40, el tándem Michael Powell y Emeric Pressburger era uno de los mayores valores seguros que podía ofrecer no solo Reino Unido, sino Europa frente a la hegemonía aplastante de Hollywood. Con un nivel de independencia que les permitía filmar lo que quisieran y como quisieran, con el beneplácito de público y crítica y bajo la firme convicción de que el cine era una forma de arte, Powell y Pressburger eran en su edad de oro dos de los cineastas más estimulantes del momento, con un estilo muy visual, imaginativo y fascinante. Qué menos que un Óscar al mejor director para Powell para reconocerle el mérito (Pressburger consiguió uno al mejor guion con Los Invasores).

Puntos a favor: Un estilo visual muy atractivo y llamativo.

Puntos en contra: Muchas de sus películas tenían un aire tan rematadamente británico que no me extrañaría que muchos miembros de la Academia se sintieran algo ajenos a ellas. Por otro lado, Powell fue uno de los pocos directores británicos que no quiso dar el salto a Hollywood, por lo que realmente nunca fue 'uno de ellos', pese a que nadie negaba su calidad como cineasta.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: Obviamente con Las zapatillas rojas (1948), el mayor éxito comercial y crítico de su carrera a nivel mundial y uno de los trabajos de dirección más asombrosos de la época.





AKIRA KUROSAWA


Es de sobras conocido el egocentrismo de la Academia de Hollywood, que entiende como sinónimo de mejores películas y cineastas a las mejores películas y cineastas norteamericanos. No obstante, a lo largo de su historia ha habido algunos tímidos intentos por romper con esa tendencia reconociendo de vez en cuando el trabajo de los cineastas más prestigiosos de origen extranjero.

La época en que esta norma empezó a romperse fue, no casualmente, en los años 60, la década en la que Hollywood se mostró más liberal y abierto a nuevas tendencias. En el caso de Asia, el primer director en ser nominado fue sorprendentemente Hiroshi Teshigahara por su obra maestra La Mujer de la Arena (1965). Lo de sorprendente es porque no era uno de los cineastas japoneses más populares fuera de su país, y porque en cambio el respetadísimo Akira Kurosawa solo fue nominado en una ocasión, 20 años después. Parece como si el hecho de haberle otorgado algunos Óscar al mejor film de habla no inglesa sirviera de compensación, pero lo cierto es que su reputación y su innegable maestría bien merecían una excepción y haberle coronado con un estatuilla.

Puntos a favor: Era el representante ideal del cine japonés para el público occidental, con un estilo asequible pero que mantenía esa esencia oriental. Si un director japonés era capaz de ganar un Óscar, sólo podía ser él.

Puntos en contra: Hacer películas únicamente en Japón.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: Sin ningún lugar a dudas con Ran (1985). No sólo estuvo nominado al mejor director, pese al gran inconveniente de ser una producción japonesa, sino que además era una de sus mejores obras, no tenía competidores serios ese año y se encontraba en un punto de su carrera en que ya era respetado como una leyenda viviente.





FEDERICO FELLINI


Lo que dije arriba de Kurosawa es igualmente aplicable a Federico Fellini. Aunque la Academia siempre ha sido muy cerrada respecto a premiar cintas extranjeras en una categoría que no fuera la del Óscar a la mejor película de habla no inglesa, el prestigio y la popularidad de Fellini en los 60 le convirtieron en un serio candidato a romper con esa tendencia. De hecho, fue nominado al mejor director en varias ocasiones, y no fue el único.

Si miramos la lista de candidatos a mejor director en los 60 y principios de los 70, podemos notar una voluntad de abrirse a reconocer a cineastas extranjeros de calidad que trabajaban en Europa, como Pietro Germi, Michelangelo Antonioni, Costa-Gavras, François Truffaut, Bernardo Bertolucci o Ingmar Bergman. En algunos años, como 1966 o 1973, llegaron incluso a incluir ¡dos extranjeros! entre los cinco nominados al mejor director. Desafortunadamente, todo se quedó en meras nominaciones y además esa tendencia se fue perdiendo en los 80 hasta ocurrir solo en casos muy puntuales (como sucedió recientemente con Pedro Almodóvar y Michael Haneke) o cuando el director en cuestión se pasa al lado oscuro, digiriendo producciones americanas (Milos Forman y Ang Lee). De todos los mencionados, Fellini es quien fue nominado en más ocasiones, y no es descartable que en este arrebato tan liberal de los años 60 y 70 hubiera podido llevarse uno.

Puntos a favor: Sus varios Óscar a la mejor película de habla no inglesa certifican el aprecio que la Academia sentía hacia su cine.

Puntos en contra: Hacer películas únicamente en Italia.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: De todas sus nominaciones a mejor director yo apuesto por 8 1/2 (1963) y Amarcord (1974). Ambas se presentaron en la época de mayor fama de Fellini, cuando éste ya había ganado varios Óscar de habla no inglesa y sus filmes tenían éxito en todo el mundo. Por otro lado, aunque lo que se juzga es la dirección, eran películas más accesibles para los votantes que las otras por las que fue nominado (La Dolce Vita y Satyricon). Además, ya en su momento ambas eran consideradas dos de las mejores obras de su carrera.





STANLEY KUBRICK


Kubrick es uno de los cineastas americanos por excelencia, cuyas películas son un festín para todo cinéfilo por lo excelentemente dirigidas que están. De hecho, incluso hay quien dice que son formalmente tan perfectas que resultan incluso algo frías. De todos modos, eso no explica que nunca se hiciera con la preciada estatuilla, siendo uno de esos directores que consiguió un enorme prestigio al mismo tiempo que sus filmes eran éxitos de taquilla.

Puntos a favor: Sus películas hablaban por sí solas de su virtuosismo como realizador, y además gozaba del prestigio de ser un respetable director de calidad que escogía muy minuciosamente los proyectos en los que se involucraba. Dirigió pocas películas, pero eso es porque estaban muy bien seleccionadas y porque, tan pronto como pudo, evitó encargos que le encomendara el estudio.

Puntos en contra: Ser demasiado independiente e ir completamente a su rollo. Lo de irse a vivir a las islas británicas y gestionar desde allí sus proyectos, aun cuando siguieran siendo producciones de Hollywood, era una excentricidad que potenciaría su imagen de tipo raro e inaccesible. ¿Se lo imaginan recibiendo el Óscar y dando un discurso de agradecimiento? Yo no.

Cuándo estuvo más cerca de ganarlo: Yo apuesto por 2001: Una odisea del espacio (1968). Aunque el hecho de ser un filme de ciencia ficción bastante críptico le imposibilitaba ganar el Óscar a la mejor película (de hecho ni fue nominado), a nivel de dirección es tan asombroso y supuso un impacto tan enorme en su época que no me habría extrañado nada que le hubieran otorgado el premio a Kubrick. Y si Barry Lyndon (1975) hubiera sido mejor acogida en su día, también habría tenido bastantes puntos.

 

Fuente: CINeol | Visitada: 11200 veces


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Comentarios (1)

00:36 - 12/02/2014

MadMax66

Buen top!!!
Me ha encantado!!! [oki] [oki] [oki]


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