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Zinemaldia 2015. Día 3. Koreeda y Villeneuve salvan el día

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‘Después de la tormenta siempre llega la calma’, reza el dicho, y el Festival de San Sebastián no iba a ser la excepción que rompa esa regla. El domingo en el Zinemaldia es un día raro: por un lado hace poco que ha empezado el certamen, pero por otro toca despedirse de todos esos visitantes que vienen a pasar el fin de semana y que suelen emprender el regreso a casa después de los pases matinales. Si a eso juntamos que esta tercera jornada no ha sido especialmente brillante para la Sección Oficial, el cuadro ya está completo.

Por suerte existen secciones paralelas a las que acudir en busca de un título que salve el día, y si hay una donde esa búsqueda nunca resulta infructuosa es en Perlas, donde se recogen las películas que han tenido reconocimiento en alguno de los festivales celebrados anteriormente durante el año. Ayer pudimos ver la notable Nuestra pequeña hermana y la excelente Sicario.


En la primera, Denis Villeneuve se acerca esta vez a la lucha contra el narcotráfico. Lo hace como mejor sabe, construyendo atmósferas y atrapando al espectador en una tela de araña que va tejiendo poco a poco y en la que descubrimos que estamos atrapados cuando ya es demasiado tarde para escapar. Desde la primera escena, un rescate de rehenes rodado de manera prodigiosa que sirve como detonante para el inicio de la historia, el director canadiense dirige con pulso firme una historia que recuerda en el tono y desarrollo a La Noche Más Oscura, con una Emily Blunt emulando el papel que interpretaba en aquella Jessica Chastain y saliendo airosa de todas las comparaciones, con el único pero de que en esta ocasión el relato no tiene el desarrollo in crescendo que tenía la película de Kathryn Bigelow.

Gracias a la fotografía de Roger Deakins descubrimos los desiertos fronterizos de Estados Unidos y México con unos colores nunca vistos, con imágenes que cortan la respiración y con planos que han provocado bufidos de aprobación durante la proyección, como en el caso del despliegue militar en el desierto al atardecer, donde las siluetas de los soldados quedan recortadas en un fondo azul y naranja. Para enmarcar. Solo podemos frotarnos las manos al imaginar lo que pueden prepararnos visualmente Villeneuve y Deakins en la planeada secuela de Blade Runner.

A pesar de tener a un Benicio Del Toro pletórico, la trama de su personaje, y sobre todo la resolución de la misma, es la que aporta el único punto negativo al desarrollo del film, desinflando un poco el cierre de la historia. Pero al final no resulta ser más que un grano de arena en un conjunto global es excelente, y así lo ha valorado el público con sus aplausos al terminar la sesión.


Pero los espectadores son impredecibles y en las votaciones del Premio del Público la valoración final de Sicario no ha llegado al 8/10 mientras que la última película de Hirokazu Koreeda (amado en San Sebastián como si fuese un profeta) ha conseguido colarse primera en las votaciones con un 8,56/10. En Nuestra pequeña hermana, Koreeda vuelve a a dar en el clavo (y van…) contando la historia de tres hermanas que descubren, tras la muerte de su padre, que existe una cuarta hermana a la que le ofrecen la posibilidad de vivir con ellas. De esta forma, el film se centra en esa nueva relación con la hermana pequeña y cómo las diferentes formas de ser de las mayores van influyendo en ella.

Con un tono amable, más cercano a películas como Kiseki (Milagro) y Still Walking, Koreeda consigue que este retrato familiar y costumbrista se disfrute con la típica sonrisa en la cara de estar viendo algo tan bonito que te gustaría que durase para siempre. Y así, sin buscarlo descaradamente, sólo apoyado en el desarrollo de su historia y en la naturalidad arrolladora de sus protagonistas, acaba convirtiendo al espectador en un juguete en sus manos, llevándolo al terreno que el quiere y cuando él quiere, lo que provoca que finalmente acabemos echando mano del paquete de Kleenex. Muchos aplausos para una sala a medio llenar, y es que las sesiones nocturnas en domingo no son precisamente las más concurridas del festival.


Ya en la Sección Oficial a concurso pudimos ver dos nuevas películas opuestas en tono y forma, pero con una recepción por parte de la crítica y el público bastante similar. La primera en hacer aparición fue la francesa Vingt et une nuits avec Pattie, una pretendida comedia en la que la protagonista Caroline visita un pueblo de los Pirineos franceses para encargarse del entierro de su madre. Allí conocerá a Pattie, la vecina encargada de cuidar la casa donde vivía la anciana. Todo se complica cuando el cuerpo de la fallecida desaparece.

Los hermanos Arnaud y Jean-Marie Larrieu dirigen y escriben una película donde el mundo rural sirve como lugar para la liberación sexual del cuerpo alejado de la rutina diaria. El máximo exponente de esta liberación son los diálogos hiper-explícitos de Pattie describiendo sus encuentros sexuales en las diferentes fiestas que se desarrollan en el valle, y que son los momentos en los que la película funciona realmente. Es ese tono desenfadado, que el espectador cansado de dramas del festival demanda, donde la película nunca termina de asentarse. Los chistes sobre necrofilia se combinan con la profundidad espiritual de la búsqueda del verdadero Yo de la protagonista, lo que acaba alargando la historia en exceso y diluyendo los aciertos del film en una media hora final mediocre que termina echando por tierra todo el camino recorrido hasta el momento.

Karin Viard se hace con cada una de las escenas que protagoniza, eclipsando completamente al resto del reparto y provocando las risas y aplausos de los espectadores cada vez que aparece en pantalla, y siendo lo más destacable de un film tan correcto y agradable de ver como fácil de olvidar. Los aplausos que se repitieron al final de la proyección con bastante menos intensidad.


Desde Islandia llegaba la segunda película a concurso del día, Sparrows, dirigida por Rúnar Rúnarsson, nominado al Óscar al Mejor Cortometraje de Ficción en 2006 y ganador con su primera película (Volcano) del premio Punto de Encuentro en la Semana de Cine de Valladolid. El film nos cuenta la historia de un joven que debe volver a Islandia a vivir con su padre alcohólico, al que lleva seis años sin ver.

Una premisa que nos suena a vista y que en este caso no aporta nada nuevo, ni en planteamiento de personajes, ni en desarrollo de la historia, lo que provoca que, sin ser una mala película (pues se ve con interés, gracias sobre todo a la fotografía centrada en los espectaculares paisajes de Islandia y que ayuda a situar a los personajes en esos pueblos inhóspitos y tan alejados del mundo que conocemos), no llegue a calar en el espectador. El mayor acierto se encuentra en el cierre de la trama, que es mejor no comentar para evitar arruinarlo. Ahí el director consigue resolver un momento realmente duro de manera brillante y, en cierta medida, poética. Recursos que se echan de menos durante el resto del metraje. Algunos aplausos de cortesía despidieron al equipo de la película tras la proyección.

En el próximo artículo repasaremos la primera joya de la Sección Oficial, Amama; una película que debería ser de obligado visionado para todos los amantes del cine, Anomalisa; y la resaca que ha dejado fuera de concurso Mi Gran noche, de Álex de la Iglesia. Hasta entonces nos vemos en los cines.

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1426 veces


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Comentarios (1)

12:50 - 24/09/2015

Adrich

Es de agradecer que haya alguna película en tono de comedia, pelis como Vingt et une nuits avec Pattie siempre resultan más ligeras, ¿verdad?

Con aún muchas más ganas de ver lo último de Denis Villeneuve y Koreeda. Dos que nunca fallan, ni al festival ni a los espectadores. Me alegro de que también sobresalgan en esta edición.

Por cierto, que ya han anunciado que Sicario tendrá una secuela. En tu opinión, ¿justificada?


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