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Crítica - Casa de arena y niebla

Poster

'Excepcional, impresionante y dolorosamente conmovedora'

24/11/2006 - Por Corleone12

(5/5)

El torrente de estrenos que se agolpan en las carteleras, semana tras semana, hace que muchas de ellas caigan en el olvido. Normalmente suelen haber películas que carecen de interés o cintas dignas o, a veces, auténticas maravillas que sucumben al tiempo y se van diluyendo de la memoria del espectador. Hasta que un día la ves y piensas ¡Cómo puede ser que algo tan bueno esté tan poco reconocido! Eso me pasó a mí con Casa de Arena y Niebla.

Esta película recuerda vagamente a Eastwood, ambas comparten la sencillez y la sobriedad en el tono y el tomar una premisa aparentemente normal, la posesión de una casa en este caso, para construir una historia que va mucho, muchísimo más allá, y que va tomando un cariz entre trágico y moral, áspero y desolador que te agarra y no te suelta hasta el final.

La película comienza con Kathy siendo desahuciada por un error fiscal. El estado pone la casa en venta a un precio irrisorio. Un hombre, Behrani, ve en ella la oportunidad de sacar tajada y compra la casa rápidamente para venderla y conseguir unos jugosos beneficios.

Así empieza Casa de Arena y Niebla, una de las películas más dolorosas y trágicas que recuerda el Cine, más allá del final, que por si solo ya se merecería una crítica, sino que desde el primer segundo de metraje ya todo huele a dolor, todo desprende desolación, desamparo, desgarro, y el desarrollo atestigua y refuerza aún más el espíritu sombrío y triste que se enquista en lo más profundo del corazón del espectador. Sorprende el grado de madurez y la claridad de ideas que muestra el novel Vadim Perelman. Esta ópera prima goza de un tempo primoroso, que ya quisiera más de un autor consagrado, sin ningún ademán de decaimiento narrativo, gracias a un sólido guión, que mantiene el aura dura y áspera de manera ininterrumpida sin descuidar a unos personajes sublimemente escritos, personificación clara y meridiana de lo que es el dolor, la ética comprometida, las creencias, que se juntan en esta impresionante reflexión sobre la ambición, los sueños rotos, la moral, el desamparo, el pasado, el egoísmo, la autodestrucción, la bondad, una poética y desgarradora maravilla teñida de principio a fin por la magnífica música de James Horner. Si al primoro desarrollo le sumas uno de los finales más jodidos que uno recuerda, una tristísima y apabullante catársis que te deja en estado de shock durante un buen rato, el resultado es simplemente excelso.

Y como colofón un reparto impresionante. Todos sabíamos del talento de Ben Kingsley, que aquí no hace otra cosa que confirmarlo, con un sobrio y contenido papel que alcanza la genialidad absoluta en el último tramo de la película. La desconocida Shohreh Aghdashloo está esplendida como la sumisa y benévola mujer de Behrani y sorprende un gran Ron Eldard, habitual en películas de cuestionable calidad, que borda el papel del grisáceo y atribulado Lester. Pero, para mí, el gran papel de la película es el de Jennifer Connelly, un rol difícil que ella consigue hacer creíble, frágil, sutil, doloroso, plasma el sentir general de película, en la mejor interpretación que ha hecho nunca y que dudo que mejore algún día.

Una película excepcional, impresionante y dolorosamente conmovedora, una auténtica joya del último cine norteamericano.

 

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