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Crítica - Infiltrados

Poster

'Metáfora cruda y negra de nuestro mundo'

14/11/2006 - Por Corleone12

(5/5)

Ya desde el primer fotograma Scorsese te estampa a un imponente Jack Nicholson alias Frank Costello caminando, con la cámara apuntándolo lateralmente, mientras fuma y apostilla que cuál es la diferencia entre un poli y un maleante cuando se les apunta con una pistola a la cabeza, todo ello, con el Gimme the Shelter de los Rolling rugiendo de fondo. Ese magnetismo y fuerza que irradia el brillante prólogo no hace sino presagiar la descomunal montaña rusa que tiene preparada Scorsese, que te va a arrastrar durante dos horas y media por un mundo mentiroso, violento, peligroso, mugriento, lleno de traición y sangre…es decir, que Marty ha vuelto a las calles y por la puerta grande, por la puerta de las obras maestras.

Scorsese cogió Infernal affairs e hizo una película no ya mejor, sino diferente, muy diferente, que toma unas premisas básicas similares para desarrollar una trama más acerada y profunda que la del film hongkongnes, con mayor cantidad de matices, complejidad argumental, ambigüedad moral, pesimismo y violencia, es decir, un todo puramente scorsesiano que remite levemente al estilo y corte de Uno de los nuestros y Casino pero que toma un cariz urbano y enrevesado que no tenían aquellas. The Departed se centra en la ya consabida doble infiltración por parte de un policía en la mafia y de un mafioso en la policía, trama esta que se mueve con un brío narrativo envidiable. Ciento cincuenta minutos y en ningún momento el ritmo se resiente, se mantiene terso, incesante, perfecto, y eso es gracias al guión. William Monahan firma un texto brillante, con un magistral manejo de los mecanismos narrativos, desde la elipsis, pasando por la narración en off, el diálogo ingenioso y ácido, hasta los giros de guión cortantes y que te dejan con la boca abierta, todo esta escrito con potencia e ingenio. Si a un guión de tantos quilates le sumas una dirección de Scorsese, con todo lo que eso conlleva, es decir, un paroxismo pasmoso a la hora de filmar la violencia, un manejo primoroso de la cámara, de los ángulos, de los movimientos, dotar a la trama de un carisma propio, el resultado es este. Algo que casi roza la perfección. Encima el metraje está bañado por una impresionante banda sonora: Van Morrison, los Rolling Stone, The Allman Brothers, etc... Para atesorarla y oírla una y otra vez.

Y como toda gran película, el reparto es otro punto estelar. Leonardo di Caprio vuelve a dar nueva muestra de que es un actor cojonudo y es que el hecho de que Scorsese lo haya tomado bajo su “tutela” le está ayudando de manera inimaginable. Después de las dos soberbias interpretaciones en Gangs y en el Aviador, aquí Di Caprio conforma de manera absolutamente verosímil a un tipo duro, atormentado, pero de una nobleza interior incuestionable, en el mejor papel que ha hecho nunca, superando a su soberbio Howard Hughes. Su antagonista, Matt Damon, no le va demasiado a la zaga, tomando un personaje abyecto, despreciable, una rata, y haciéndolo creíble hasta la médula. Pero desde luego el monstruo absoluto aquí es el amigo Jack. La bárbara interpretación de Nicholson como un capo de la mafia, vicioso, violento y cínico es la mejor interpretación que ha hecho desde Mejor imposible… un portento de magnetismo actoral. El impresionante reparto lo conforma un maduro Mark Wahlberg y en menor medida Martin Sheen y Alec Baldwin.

Una obra maestra, una metáfora cruda y negra de nuestro mundo, donde la mentira y la farsa ahogan y anegan a todo y a todos, donde las ratas campan a sus anchas y nada es de verdad. Una de las mejores películas de Martin Scorsese.

 

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