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Crítica - Zoolander

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'Heredera de las obras maestras del absurdo'

14/09/2005 - Por Sycamore

(4/5)

Hacer una crítica de películas tan rematadamente absurdas como pueden ser Top Secret, Aterriza como puedas o la presente Zoolander es una tarea harto complicada. En primer lugar porque no se toman en serio a sí mismas y no son más que una parodia constante más propias de la televisión que de la gran pantalla, y en segundo porque su calidad cinematográfica desde luego no la hace destacar en los aspectos habituales de las grandes películas como un guión trabajado, una dirección complicada, actuaciones brillantes, etc. Sin embargo, dado que su cometido es hacer reír, se puede decir que Zoolander es una gran comedia estúpida, probablemente la mejor desde la época gloriosa de Jim Abrahams y David Zucker.

El argumento es tan simple como delirante. Lo más, como diría Dereck Zoolander. Un esbirro de los grandes magnates de la moda, el diseñador Mugatu, traza un plan para matar al presidente de Indonesia, que está acabando con la explotación infantil en su país y que causará un aumento de los gastos a las empresas para las que trabaja. Hasta aquí ya tenemos algo realmente absurdo y con cierta crítica y mala leche. Lo rematamos con la aparición de Zoolander como personaje elegido para ser hipnotizado y que asesine al presidente. ¿Por qué un modelo? Como dicen en el film, porque son atléticos y siempre hacen lo que se les dice. ¡Genial! Tanto como el tremendo personaje de Ben Stiller, el alma del film, y que está a la altura de Forrest Gump en cuanto a estupidez. Su antagonista, el guapo Hansel interpretado por Owen Wilson, es igual de surrealista y se marca alguna de las frases más memorables: "admiro la obra de Sting aunque no he escuchado nada de él". Con estos tontos mimbres, el guión de Zoolander se desarrolla sin el menor interés y centra su atención en sus diálogos y situaciones absurdas.

Encontrar graciosa una película o un personaje es algo tremendamente subjetivo. Del ridículo y la vergüenza ajena a la carcajada hay una fina línea, y por eso Zoolander tiene tantos detractores como admiradores. Se puede obviar la parte filosófica del tema que nombra a Zoolander como una ácida crítica al mundo más superficial de la moda y el culto al cuerpo por encima del intelecto, porque realmente el ataque del guión de Stiller es demasiado sutil y no impacta tanto como sus propias frases, que hacen que el mensaje se diluya en favor de las miradas "acero azul" o "letigre", que son y no son la misma, como se debate en la película.

Heredera de las obras maestras del absurdo de Mel Brooks o Jim Abrahams, Zoolander ha creado escuela en el mundo de la comedia como representante de personajes extraños, estética atrevida y diálogos desternillantes. Qué mejor que acabar esta falsa crítica con uno de los diálogos cumbre entre Zoolander y Mugatu, cuando este último le presenta una maqueta del sueño de Zoolander: una escuela chachi para niños que no saben leer ni escribir, chachi:
- ¿Qué es esto, un centro para hormigas? ¡Aquí no cabe ningún niño!
- Dereck, es sólo una maq...
- El centro debería ser, por lo menos... ¡tres veces más grande!

7/10

 

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