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Crítica - Reencarnación (2004)

Poster

'Tan interesante como fallida'

03/03/2005 - Por Damned Martian

(2/5)

‘Reencarnación’ cuenta la historia de Anna, una mujer que 10 años atrás perdió a su marido y que ahora, a punto de casarse con el hombre con el que ha rehecho su vida, conoce a un niño que afirma ser la reencarnación de su difunto marido.

Bajo este argumento que parece sacado de un episodio de ’The Twilight Zone’ se oculta un drama. Sí, señores, no estamos hablando de una película de suspense o terror como se la ha promocionado. Se trata de un drama puro y duro, psicológico y tremendamente sosegado. Este engaño promocional (a los que últimamente es tan proclive la industria de Hollywood) se debe principalmente a un hecho insoslayable: no hay forma humana de que esta película pudiese tener éxito. Desde el punto de vista del marketing, la película sólo podría haberse vendido como una de suspense sobrenatural (con lo que quien la viese saldría echando pestes de ella, como ha ocurrido) o como un drama romántico (y teniendo en cuenta que la relación romántica era entre una adulta y un niño, nadie iría a verla). Si se ha elegido el mal menor es para poder darle salida a uno de los productos más anticomerciales que se han hecho en la industria americana.

Jonathan Glazer es un director inclasificable, como ya lo demostró con su anterior film ‘Sexy Beast’. Su peculiar estilo, que dota a sus films de un aire de extrañeza y desasosiego característico, parece el resultado de tomar prestadas fuertes influencias de los maestros del cine y pasarlas por el tamiz de un enfermo mental: si en ‘Sexy Beast’ fueron Tarantino y Peckinpah vistos por un esquizofrénico, en ‘Reencarnación’ podríamos hablar de Kubrick y Lynch filtrados por un paciente con estupor. El fruto de esto viene a ser tan difícil de ver como globalmente insatisfactorio. Y sin embargo, algo queda, un poso surgido de la inconfundible sensación de haber visto algo único.

Lo cierto es que esta película es una de esas experiencias cinematográficas que difícilmente se olvidan. Y no por su componente pedofílico, tratado con extremo gusto y corrección (si bien aún genera algunas escenas incómodas, sensación buscada en todas ellas). Si quisiésemos definirla en una palabra, muchas acuden a la mente: atípica, triste, a contracorriente, fallida, rara, elegante… pero quizá la mejor para dar una idea de lo que uno va a encontrarse sea contemplativa. Esa es la clave para entender el film e intentar sacar de él lo que puede ofrecernos. Es su rasgo más distintivo, pero también su mayor “handicap”. Glazer utiliza planos larguísimos, estáticos, uniformes, durante toda la película. Y los utiliza hasta límites que ningún otro director se había atrevido a hacer. El tiempo se estira y se deforma en sus manos, se eterniza en un rostro, en un hombre corriendo, en una imagen, mucho más tiempo del que nadie creería necesario. Su planteamiento del film se convierte así en puramente psicológico: lo que importa no es tanto lo que ocurre como las imágenes que se nos sirven y los pensamientos que atormentan las mentes de los personajes en los que se detiene.

Pero, si bien este recurso bien empleado puede dar lugar a obras maestras absolutas, en el caso de ‘Reencarnación’ tiene un importante déficit que la convierte en una obra imperfecta: su guión no está a la altura. Cuando uno se plantea el realizar una película profundamente contemplativa e interiorista, debe fundamentar su trabajo sobre una construcción de personajes profunda y compleja. Es de ese modo, teniendo personajes que conozcamos hasta el punto de saber qué pasa por sus mentes y les martiriza de una forma puramente intuitiva, como se puede realmente disfrutar una película que aboga por la introspección. Pero cuando los personajes son excesivamente simples y funcionales, como en el caso que nos ocupa, da igual que se pueda deducir lo que deben estar pensando: uno acaba sintiendo que el detenimiento es un recurso vacío y pretencioso, y que el director meramente busca la etiqueta de autor cayendo en la pedantería. Y no sólo los personajes flaquean, los diálogos también. En su mayor parte son tan parcos como repetitivos, impidiendo la dimensionalización de los personajes. Hay momentos incluso en los que parece que ni siquiera pegan en su contexto, creando una sensación casi de ridículo que los actores capean como pueden.

La pena es que esto no debería ocurrir. La esencia de la película, el análisis de una mujer tan destrozada por su amor que es incapaz de superarlo por mucho tiempo que pase y mucha gente que le ofrezca su amor, frente al de un niño que busca el amor hasta límites insospechados, es terriblemente triste y delicada. Su amor de ultratumba debería recordar a aquellos relatos de Edgar Allan Poe que tan bien sabían combinar el terror más macabro con el romanticismo más conmovedor. Y el estilo que Glazer ha elegido para la película (la soberbia elegancia de su puesta en escena, la magnífica y emotiva banda sonora, la clara intención de prescindir de escenas maniqueas y sensibleras y de dotar al film de un aura operística) no puede ser más acertado para conseguir ese resultado. Sin embargo, ese querer llevar el recurso de la contemplación a un nivel superior al que se había llevado hasta hora, que casi nos hace recordar la obra de Tarkovsky, deja en evidencia sus carencias estructurales. Y es que a pesar de todo, sus temas principales no quedan explorados con la suficiente profundidad como para llegar al corazón. La forma anula en cierto modo el desarrollo completo de su fondo, a pesar de que en ciertos momentos sí aporta en gran medida el componente necesario para su plasmación: véase el uso de la música durante toda la película para puntuar los estados anímicos de los personajes, en especial la escena inicial de la muerte de Sean, en la que la música se detiene al mismo tiempo que su corazón y da dos estertores finales, fatídicamente separados en el tiempo y asfixiados, como esa vida que se escapa e intenta por todos los medios regresar infructuosamente regresar a su cuerpo.

A los actores por su parte se les pueden poner pocos peros. Nicole Kidman demuestra una vez más su capacidad para encarnar a mujeres destrozadas, y el resto del reparto está a la altura de su cometido. Se echa en falta sin embargo ese componente de guión que les haría brillar en todo su esplendor.

En resumen, estamos ante una película tan interesante como fallida, tan atípica y experimental como insatisfactoria, que se granjeará un buen número de detractores en muy poco tiempo pero que muy probablemente irá ganando también una fiel caterva de seguidores que la colocarán como un film de culto incomprendido. Una película a pesar de todo recomendable para todos los cinéfilos, tanto para disfrutar de sus aciertos como para aprender de sus carencias.

NOTA: 5/10

 

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