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Manuel Merino

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Manuel Merino se consolidó como una figura destacada en la dirección de fotografía del cine español durante la segunda mitad del siglo XX, desarrollando una extensa carrera técnica que abarcó diversas décadas y géneros. Su trayectoria profesional comenzó a cobrar relevancia a finales de la década de 1940 y principios de los años 50, periodo en el que ascendió en el escalafón de la industria hasta asumir la responsabilidad visual completa de numerosos largometrajes. Durante esta primera etapa de consolidación, su labor fue reconocida por la crítica especializada, obteniendo galardones prestigiosos como la Medalla del Círculo de Escritores Cinematográficos a la mejor fotografía por su trabajo en El canto del gallo, estrenada en 1955. Este reconocimiento validó su capacidad para manejar la iluminación y la composición en dramas de fuerte carga narrativa.

Su carrera se vio marcada por una fructífera colaboración con directores esenciales de la época, destacando especialmente su asociación con José María Forqué. Junto a él, Merino participó en cintas dramáticas de corte histórico como Amanecer en Puerta Oscura, una producción que gozó de reconocimiento internacional y fue galardonada en el Festival de Berlín. A medida que la industria española evolucionaba, Merino demostró una notable versatilidad técnica, adaptándose a los cambios estéticos que demandaba el mercado. En la década de 1960, desempeñó un papel fundamental en la definición visual de la comedia española clásica, siendo el responsable de la fotografía en obras emblemáticas como Atraco a las tres. En esta cinta, su labor técnica proporcionó el soporte visual necesario para una de las obras cumbres del cine coral en España. Del mismo modo, trabajó en adaptaciones de éxito como Maribel y la extraña familia y en comedias negras como Usted puede ser un asesino, transitando con solvencia entre la estética del blanco y negro y las crecientes exigencias del color.

Hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta, su filmografía se diversificó hacia géneros de acción y aventuras, participando frecuentemente en coproducciones europeas que buscaban alcanzar un mercado más amplio. En este contexto profesional se enmarca su participación como director de fotografía en Tibetana, estrenada en 1970. En esta producción, Merino aplicó su experiencia técnica en un entorno de aventuras y exteriores, demostrando su capacidad para gestionar producciones de corte internacional. Su legado en la industria del entretenimiento reside en una vasta lista de créditos que atestiguan su oficio y su contribución a la factura visual del cine español, aportando una calidad técnica constante que ayudó a la profesionalización del sector durante décadas clave de su historia.

Filmografía

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