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Edward G. Robinson
- Estados Unidos
- ·
- 79 años (11-12-1893 - 26-01-1973)
Edward G. Robinson, nacido como Emanuel Goldenberg en Bucarest y posteriormente nacionalizado estadounidense, desarrolló una carrera cinematográfica que abarcó cinco décadas, convirtiéndose en uno de los actores más emblemáticos de la Edad de Oro de Hollywood. Tras formarse en la Academia de Artes Dramáticas de Nueva York y consolidar su prestigio en los escenarios de Broadway, Robinson dio el salto definitivo al cine sonoro, donde su físico distintivo y su potente voz lo posicionaron rápidamente como una figura indispensable en la industria. Su interpretación de Rico Bandello en Hampa dorada (1931) no solo lo catapultó a la fama internacional, sino que definió el arquetipo del gánster cinematográfico, estableciendo un estándar interpretativo para el género negro que perduraría durante años en las producciones de Warner Bros.
A pesar de estar fuertemente asociado inicialmete con papeles de villano y criminal, Robinson demostró una notable versatilidad dramática que le permitió trascender el encasillamiento. Durante la década de 1940, colaboró con directores de renombre, destacando su trabajo con Billy Wilder en Perdición (1944), donde interpretó al astuto ajustador de seguros Barton Keyes, un papel secundario fundamental que el propio actor valoraba profundamente. Asimismo, su colaboración con el director Fritz Lang en La mujer del cuadro (1944) y Perversidad (1945) evidenció su capacidad para encarnar a personajes vulnerables, burgueses y trágicos dentro de la atmósfera opresiva del cine negro. En 1948, regresó al mundo del crimen en la aclamada Cayo Largo, de John Huston, ofreciendo una actuación memorable como un gánster en decadencia, Johnny Rocco, sirviendo de contrapunto a Humphrey Bogart.
Durante las décadas de 1950 y 1960, su carrera evolucionó hacia roles de carácter en grandes producciones y dramas psicológicos. Destacó en el cine épico con su papel de Datán en la superproducción Los diez mandamientos (1956) de Cecil B. DeMille. Posteriormente, mantuvo su relevancia compartiendo pantalla con nuevas generaciones de actores, como en El rey del juego (1965) junto a Steve McQueen. En esta etapa de madurez, Robinson diversificó sus proyectos participando en producciones internacionales; un ejemplo de ello fue su actuación en Un atraco de ida y vuelta (1969), una coproducción hispano-italiana dirigida por Roberto Fauerenza, donde el veterano actor exploró el subgénero de la comedia de robos. Su despedida de la gran pantalla tuvo lugar con el clásico de ciencia ficción distópica Cuando el destino nos alcance (1973), rodada poco antes de su fallecimiento. En reconocimiento a su extraordinaria contribución a la industria y su impacto perdurable en el arte dramático, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgó un Óscar honorífico a título póstumo ese mismo año.
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