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Alfredo F. Mayo

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Alfredo F. Mayo es un destacado director de fotografía cuya trayectoria es fundamental para comprender la evolución visual del cine español desde la Transición hasta la actualidad. Inició su carrera profesional en la industria cinematográfica durante la década de los setenta, desempeñando diversos roles en el departamento de cámara antes de consolidarse como director de fotografía. Su trabajo cobró especial relevancia a principios de los años ochenta, momento en el que se convirtió en una figura clave para plasmar la estética de la Movida Madrileña a través de su colaboración con el director Pedro Almodóvar. Mayo fue el responsable de la iluminación y la cámara en el debut del cineasta manchego, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), así como en Laberinto de pasiones (1982), estableciendo un estilo visual caracterizado por el uso audaz del color y la estética pop.

En 1983, su versatilidad quedó patente con su participación en Vestida de azul, un documental dirigido por Antonio Giménez-Rico. En esta obra, que se presentó en el Festival de Cine de San Sebastián, Mayo retrató la realidad de seis mujeres transexuales en la España de la época, aportando una factura técnica que ha contribuido a que la cinta sea considerada un documento histórico y social de referencia en el cine español. Durante el resto de la década y principios de los noventa, continuó su asociación con Almodóvar en producciones de gran proyección internacional. Fue el artífice de la fotografía en La ley del deseo (1987), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), ¡Átame! (1989), Tacones lejanos (1991) y Kika (1993), consolidando una identidad visual vibrante y saturada que se asoció indisolublemente al cine de autor de ese periodo.

Más allá de su trabajo con Almodóvar, Alfredo F. Mayo demostró su capacidad para adaptarse a narrativas de corte realista y social. Su colaboración con el director Montxo Armendáriz en la película Las cartas de Alou (1990) le valió el reconocimiento de la industria al obtener el Premio Goya a la Mejor Fotografía en la V edición de los galardones otorgados por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. Posteriormente, volvió a trabajar con Armendáriz en Historias del Kronen (1995). Ya en el siglo XXI, su filmografía siguió creciendo con títulos relevantes como Los lunes al sol (2002), dirigida por Fernando León de Aranoa, donde empleó una iluminación naturalista acorde con el drama social de la trama. A lo largo de su carrera, ha trabajado también con directores como Gerardo Herrero, en cintas como El misterio Galíndez (2003) y Heroína (2005), y con Marcelo Piñeyro en Kamchatka (2002) y El método (2005), acumulando múltiples nominaciones a los Premios Goya y reafirmando su estatus como uno de los técnicos más prolíficos y respetados del cine español.

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