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Diario de Sitges 2013: Despedida y cierre

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José Hernández, 21/10/2013

La 46 edición del Festival de Sitges ya ha terminado. A estas horas, las últimas personas ya han terminado de ver las diversas maratones de películas que se proyectan en los cines de la localidad, una última oportunidad de cazar todas aquellas cintas que se han quedado en el tintero o de revisar las que más han gustado o más necesidad había de masticar. Y mientras, habiendo recuperado algo de sueño y viendo las orejas al lunes mortal de regreso a la vida cotidiana que me espera, es hora de hacer balance de lo mejor, lo peor, lo cuestionable y lo sorprendente de este certamen, al que acudía por vez primera como acreditado (B).
Héroes y villanos: lo mejor y lo peor de Sitges 2013
Empecemos por lo que verdaderamente importa, que son las películas del festival. Los que hayáis ido siguiendo los artículos diarios os habréis hecho una idea somera de las películas que han triunfado y las que se han estrellado, especialmente en lo que atañe a la opinión de un servidor. Sin embargo, lo mejor es ponerlo en forma de lista, que por supuesto no va a tener en cuenta la diferenciación por secciones de la programación. Aquí se trata de destacar lo mejor y lo peor de las 45 películas del festival que he podido ver, 35 de ellas en el propio Sitges.
Pese a que muchos se quejan de que la calidad se ha resentido este año, en mi opinión ha sido un festival con un nivel notable. La presencia de algunas mierdas es inevitable (aunque el hecho de que algunas de esas formasen parte de la Sección Oficial o de las galas especiales tendría que ser motivo de alerta para el comité de selección), pero también se han podido ver más de una docena de peliculones estimulantes, complejos, divertidos y extraños, además de unas cuantas cintas que, si bien no han cumplido con sus ambiciones, al menos resultan propuestas más interesantes que la enésima cinta de género sin nada nuevo que aportar. Parece que lo que ha molestado a algunos es precisamente el progresivo alejamiento que está viviendo el festival respecto al cine de terror. La mezcla de géneros, las cintas sin componentes fantásticos, el cine de autor y los filmes que podrían pertenecer a la selección de festivales más generalistas como Valladolid, San Sebastián o Cannes es motivo de queja para los puristas, que se niegan a apreciar los valores intrínsecos de las películas mostradas al intentar encajarlas en el esquema del cine de género, fallando en el proceso. Ellos se lo pierden.

LAS 10 MEJORES
1. Upstream Color
2. Coherence
3. The Strange Color of Your Body's Tears
4. Bienvenidos al Fin del Mundo
5. Solo Dios Perdona
6. Borgman
7. Big Bad Wolves
8. Cheap Thrills
9. Ugly
10. Enemy
LAS 10 PEORES
10. Kiss of the Damned
9. A Field in England
8. Proxy
7. Nos héros sont morts ce soir
6. Passion
5. Frankenstein's Army
4. A Glimpse Inside the Mind of Charles Swan III
3. La Jungla
2. Colonia V
1. Gallows Hill

LAS MEJORES ESCENAS
1. Los últimos 30 segundos – Enemy
2. La locura final del tercer episodio – V/H/S/2
3. Pelea a cuchillo en el ascensor – New World
4. La iglesia del rock y las serpientes – American Jesus
5. Pelea en el baño – Bienvenidos al Fin del Mundo
6. El padre denuncia la desaparición en comisaría – Ugly
7. Asalto en el callejón – Proxy
8. El ordenador pregunta – Computer Chess
9. Contratando a Dalí – Jodorowsky's Dune
10. “Noto un cosquilleo en el pene” – Contracted
(Los spoilers sobre las escenas en cuestión se facilitarán a petición del interesado)
LOS MEJORES ACTORES
1. Jake GyllenhaalEnemy
2. Pat Healy y Ethan EmbryCheap Thrills
3. El reparto entero de Bienvenidos al Fin del Mundo
4. Jan BijvoetBorgman
5. Mark Burnham y Eric WareheimWrong Cops

LAS MEJORES ACTRICES
1. Juno TempleMagic Magic
2. Robin WrightThe Congress
3. Kristin Scott ThomasSolo Dios Perdona
4. Hadewych MinisBorgman
5. Amy SeimetzUpstream Color
LAS TENDENCIAS
1. Mindfuck
Enemy, Upstream Color, Coherence, The Strange Color of Your Body's Tears,
Solo Dios Perdona, Borgman, A Field in England
2. Animales impactantes
Arañas (Enemy), gusanos (Contracted), plesiosaurios (Real), perros (Cheap Thrills),
orcas (Blackfish), leopardos (La Jungla)…
3. Los monstruos clásicos, desde una óptica distinta
The Strange Color of Your Body's Tears, Bienvenidos al Fin del Mundo, Open Grave,
Only Lovers Left Alive, Retornados, Contracted
4. Found footage
La Jungla, Hooked Up, Frankenstein's Army, V/H/S/2
5. Humor negro
Borgman, Big Bad Wolves, Cheap Thrills, Ugly, Cheatin', Bad Milo!...

La máquina del caos: el festival por dentro
Acudir como prensa a un festival es una experiencia totalmente distinta a la de ir como espectador. En primer lugar, está la responsabilidad de informar diariamente sobre el certamen, en el caso de CINeol a través de crónicas sobre las películas del día, intentando que nuestros lectores se apunten mentalmente las que más merecen la pena y las que más han gustado en general al público. Se trata de descubrir buen cine. Otros medios buscan más el contacto con los famosos, las entrevistas, las actividades paralelas, pero por falta de medios y personal, nosotros nos tenemos que conformar solo con una parte de lo que ofrece cada festival que cubrimos. Esto implica que no solo hay que sacar tiempo para ver al menos cinco películas diarias, sino también para mascarlas mentalmente y plasmarlas en un texto coherente y de calidad. Por ello, es esencial una buena organización.
Pero Sitges es un festival de caos. Por lo que he podido hablar con otros medios más veteranos en este certamen, siempre lo ha sido. Pero lo de este año ha ido un poco más allá, e incluso ha sido intrusivo en la labor informativa. Los compañeros de La Casa de los Horrores definen bastante bien todos los problemas que hemos vivido los acreditados en el festival, en un artículo de opinión-tirón de orejas del que la organización del certamen, en especial su mediático director, Ángel Sala, debería hacerse eco para que la próxima edición sea más llevadera.
Retrasos en los pases, cortes en las proyecciones por problemas técnicos, películas mal encuadradas o en un formato incorrecto, subtítulos mal sincronizados, gente que se ha quedado sin ver películas por fallos de los responsables (como no tener suficientes gafas 3D para Space Pirate Captain Harlock, algo que dejó en la calle incluso a público que había pagado su entrada), información proporcionada tarde o mal a la prensa, división de los medios en dos categorías (A y B) con distintos privilegios pero con la misma tarifa, cancelación o reducción del tiempo de entrevistas a última hora y sin avisar… Han sido tantos problemas que uno pierde la cuenta.

Aunque siempre puede uno irse a la playa a llorar las penas, claro.
A todo eso se une que, para acceder a las películas que no tenían pase de prensa, era necesario adquirir la entrada por adelantado. El número de tickets proporcionados era suficiente, a mi parecer: 20 en total, con un máximo de tres por día. Pero el procedimiento era la muerte. Solo se podían adquirir a través de la página web, el día anterior a la proyección, a partir de las 7 de la mañana. Dado que el número de entradas reservadas para la prensa eran escasas para cada filme y el número de acreditados era inmenso, a las 7:01 ya se habían agotado casi todas. Con lo cual, aunque uno necesitase dormir tras acabar de madrugada, no podía porque a las 6:59 tenía que estar en pie, con el ordenador encendido y preparado, con las películas elegidas de antemano (y sus correspondientes alternativas por si esas fallaban), y con el dedo rápido como un látigo. Y rezar para que no se colgase la web, algo que sucedió los primeros días, dejando a más de uno desahuciado de películas. Pero es que luego esas entradas había que recogerlas en la sala de prensa el día de las proyecciones, con lo cual uno se pregunta si no será más fácil hacer como en la Seminci: dos personas en esta sala con sendos ordenadores, dedicadas exclusivamente a sacar las entradas a los medios que las solicitan, entregándoselas en el acto y sin más inconveniente que hacer cola. Claro que en Valladolid no se pone límite de acreditados por película: si quieres verla, puedes.
El problema de todo esto nace del excesivo número de acreditados (en la imagen de la derecha, la cola de prensa para Borgman, que casi daba la vuelta a todo el Hotel Meliá; y no fue la más larga ni está tomada la foto desde el final). El año pasado fueron 757 acreditados, según su web. Este año seguramente se ha duplicado esa cifra. El festival ha encarecido el precio de la acreditación y ha abierto la mano a dar pases de prensa a todo el mundo, hasta los blogs más esporádicos y poco trabajados; hasta varias acreditaciones por medio aunque fuesen de escasa importancia. Un dinero que les venía muy bien, dada la situación financiera apretada en la que se encuentran los certámenes de cine españoles, pero que derivaba en una saturación en los procedimientos para la que no estaban ni de lejos preparados. ¿Qué es mejor, acreditar a unos cuantos y tratarlos bien, o a todos y tratarlos como ganado? Hay que saber compensar los criterios de cantidad y calidad en cuanto a los medios seleccionados, valorar la calidad del trabajo de cada uno tanto como su repercusión, y limitar el número de pases a los que sean asequibles manejar de forma realista. Ante todo, hay que conocer los propios límites y capacidades.
También tiene mucho que ver el número de películas y de pases, sobre todo teniendo en cuenta que la logística de un pueblo como Sitges es muy limitada. Básicamente hay tres salas de cine: el Auditori, que es grande y tiene más de 1.300 localidades; el Retiro, un cine antiguo donde cabrán a ojo unas 500 personas; y el Prado, otro cine de vetusta estructura habilitado para unas 400. O sea, que en un momento determinado del día, Sitges puede dar cabida a poco más de 2.000 espectadores. Y ya he dicho antes que los acreditados superaban los 1.000. Algo falla. La localidad de Sitges no puede permitirse ampliar sus infraestructuras para utilizarlas durante una semana al año, eso es lógico. Pero alguna solución tendrán que ingeniarse para que el aforo no se quede corto y todo el mundo pueda ver las películas más demandadas.
Una solución sería proyectar más pases de cada cinta. Esto implicaría reducir el ingente número de filmes seleccionados, que este año superaba los 200 sin contar cortometrajes, una cifra a todas luces excesiva, sobre todo teniendo en cuenta los espacios de que disponen. La intención de ofrecer un poco de todo y para todos, de dar cabida al mayor número de obras para atraer el interés de más gente, es encomiable pero insostenible. No en Sitges. No en estas condiciones. Cuanto antes se den cuenta Ángel Sala y su equipo de esto, mejor. Sería aconsejable una reducción de un 40% en el número de películas, ya que ofrecería más cancha para repetir pases y evitar que se quede gente sin ver los pesos pesados.
¿Por qué reducir casi a la mitad las películas? Por otro fallo flagrante de organización: los pases están excesivamente pegados. Cuando uno sale de ver una película ya hay una cola de 200 personas para ver la siguiente. El cuarto de hora escaso que se deja entre una cinta y otra ha sido el principal responsable de los interminables retrasos que se han producido, en algunos casos acumulando hasta hora y media respecto a la hora prevista. Que se lo pregunten a los que no pudieron ver el primer día The Green Inferno porque se les escapaba el último tren para Barcelona, que en teoría tenían tiempo de sobra para coger una vez finalizada la proyección, si se hubiese desarrollado según el plan previsto.

Dos imágenes del Auditori lleno de valientes en sesiones de las 8.30 de la mañana.
En otros festivales son más conscientes de estos problemas y dejan como mínimo media hora o una hora entre películas, de forma que si se produce algún problema técnico (como los muchos que se han producido en Sitges) o si el aluvión de gente entrando a la sala impide comenzar a la hora exacta, este tiempo perdido no se vaya arrastrando durante todo el día. Incluso se deja tiempo para que la gente coma o cene, esas cosas que los humanos tienen tendencia a hacer, pero que los responsables de Sitges no parecen prever. Además, se sincronizan mejor los pases de cada una de las sedes de forma que dé tiempo a ir de una a otra y hacerse una agenda compensada. En una ciudad como Sitges, en la que el Auditori está a 15-20 minutos andando de los otros dos cines, esto es vital como el aire. Si alguien quiere combinar las sesiones de dos cines distintos, en muchos casos el caos de la parrilla se lo impide. Pero claro, si uno programa más películas que minutos tiene el día, pasa lo que pasa: que cada sala es una sesión continua aturullada donde no hay espacio para el error… pero el error tarde o temprano se produce, y los perjudicados somos todos.
En resumen, la organización del festival ha dejado bastante que desear, aunque una vez detectados los fallos y problemas que teníamos que afrontar, la mayoría de los medios nos hemos ido acoplando lo mejor posible para poder realizar nuestro trabajo y, por qué no decirlo, para poder disfrutar de él al máximo. Esto ha implicado menos horas de sueño, comer de cualquier forma (habitualmente mal y caro, sobre todo cuando uno tenía que pillarse un bocadillo infernal de la tienda instalada frente al Auditori porque no había tiempo para más, con la consiguiente tristeza del paladar), aparcar debates cinéfilos de gran profundidad generados por algunas películas hasta que la agenda lo hiciese posible, sudar como un gorrino dentro de las salas atestadas cuando no estaba uno en Siberia al caer bajo el chorro del aire acondicionado, estresarse en cada intervalo, correr para llegar de un cine a otro y mil aventuras más que han merecido la pena, pero porque uno todavía está joven para aguantar todas estas cosas con una sonrisa en la cara cuando ve una película que le alegra el día.

Y porque es el único festival donde alguien puede ver una peli coreana enfundado
en una máscara de luchador mexicano Y NADIE DICE NADA.

Mirando a otros festivales: el palmarés de Sitges 2013
Para terminar este balance, nada mejor que volver a las películas. Y en concreto, a las decisiones tomadas por los distintos jurados en cuanto a los premios repartidos en el palmarés, del que ya os informamos ayer.
En general se pueden poner pocas quejas al reparto de premios. Todas las películas que se han llevado algo estaban entre lo mejor que se ha podido ver en el certamen, desde la fábula cínica y áspera de la holandesa Borgman, con sus ataques brutales y surrealistas a la burguesía hipócrita, hasta el cuento existencial de vampiros modernos Only Lovers Left Alive, que tiene todo el humor, la elegancia y la melancolía del mejor Jim Jarmusch, pasando por la salvaje comedia negra Big Bad Wolves, tan divertida como aguda en sus observaciones sociales. En el terreno actoral, no se le puede reprochar nada a las elecciones de Juno Temple (que llevo semanas diciendo que olía a premio desde la distancia) y el histriónico pero encantador Andy Lau.
La única cinta que se ha quedado en el tintero de forma injusta, de entre las que optaban a premio, ha sido Cheap Thrills. A priori parecía una candidata ideal para figurar en el palmarés o al menos llevarse el premio del público: no solo se trata de una oscura visión del ser humano y la sociedad capitalista, sino que además es una montaña rusa de decadencia moral, crueldad y gags de humor negro que volvieron loco al público. Días después de su proyección, todo el mundo seguía hablando de ella, y todos con alabanzas unánimes. Es extraño que la hayan dejado de lado.

Como extraño es el premio a mejor director novel que el jurado de la crítica ha otorgado a Shane Carruth por su segunda película, Upstream Color. Y lo dice uno que considera que el filme no solo es lo mejor del festival, sino que es una obra maestra y lo mejor que se ha visto este año. Pero las reglas del certamen son claras al respecto: Premio Citizen Kane al Director Revelación - Optan a este premio todos aquellos realizadores que presentan en el festival su ópera prima en la Sección Oficial Fantàstic”. Esto excluye a la eventual ganadora. Uno de los miembros del jurado, Alejandro G. Calvo, se defendía en Twitter de la polémica generada haciendo referencia a otros festivales como Cannes o San Sebastián, donde el premio a los nuevos directores abarca primeras y segundas obras. Entre líneas, parece ser que los responsables del festival les han dado manga ancha al respecto y han seguido esta línea, aunque no han hecho ninguna declaración directa al respecto. Puede que esa sea la intención real de este galardón, pero entonces deberían preocuparse por cambiar las reglas de la categoría para que reflejen esta perspectiva, porque de otro modo se está cometiendo un fraude. No hay otra palabra para definirlo.
Porque este premio podría haber sido para Cheap Thrills, para Coherence, para Afflicted (que también fue bien recibida, aunque personalmente no pude verla) o para Monsoon Shootout, y ahí hay al menos dos cintas que merecían el premio, una de ellas que se fue de vacío. Claro que también podría haber recaído en Mindscape, Hooked Up o Rigor Mortis (que tampoco pude ver, pero que no se llevó críticas muy amables), así que más vale bueno conocido, supongo.

Una tendencia que no se puede dejar de mencionar en la elección del jurado, y que refleja la evolución del festival: cada vez son más las películas procedentes de otros festivales que se van con un premio aquí que no han podido conseguir en las citas más importantes. Es el caso de Borgman, Only Lovers Left Alive, The Congress, Blind Detective, Jodorowsky's Dune, Ugly y Solo Dios Perdona, de Cannes; Enemy y Gente en Sitios, de San Sebastián; y Upstream Color, Escape from Tomorrow y Magic Magic, de Sundance. En una edición en la que escaseaban los estrenos exclusivos, que las más mediáticas hayan copado los galardones quizá sea un síntoma de la crisis que está viviendo el cine de género puro, y la necesaria sangre fresca que llega con la hibridación y la visión que pueden aportarle los cineastas más autorales.
Que esa sea la conclusión que nos deja esta 46 edición del Festival de Sitges: el cine fantástico no muere, está en plena transformación.

Bueno, esa y que a Álex de la Iglesia no le hace ninguna gracia hacerse fotos con sus fans.