Zinemaldia 2013. Día 7. Recuerdos de guerra
Por
charlyr2d2
Publicado hace 13 añosPor fin podemos decir que Hugh Jackman está en San Sebastián, después de vivir casi una travesía en el desierto en cuanto a estrellas internacionales, aunque sí hemos podido disfrutar de grandes actores del cine español. El actor australiano llegó a Donostia procedente del estreno de Prisioneros en Berlín, alrededor de las 00:30 de la noche, vestido con su mejor sonrisa y haciendo gala de la simpatía que le caracteriza. Se bajó del coche antes de llegar al hotel y se paró a firmar autógrafos a muchas de las más de 200 personas que esperaban para recibirlo.

Más fotos en la galería de fotos del 61 Festival de Cine de San Sebastián
En la crónica de mañana hablaremos de la película y de la rueda de prensa, pero antes toca centrarse en lo sucedido en el día de hoy, donde dos nuevas películas han entrado a competición y, como viene siendo habitual, sin obtener un consenso sobre su calidad entre los espectadores en ninguna de las dos, pero con posibilidades de premio en una de ellas.
Atom Egoyan volvía a Donostia después de inaugurar el festival en 2009 con Chloe. Esta vez traía a competición Condenados, basada en un hecho real otra vez, y es que no sé la cantidad de películas basadas en hechos reales que podré haber visto durante el festival. En el filme, tres jóvenes son acusados del secuestro y asesinato de tres niños por sus ideas en apariencia satánicas, a pesar de que las pruebas no los apuntan a ellos como autores de esos actos.
Igual que ayer hablábamos de la falta de fuerza y de la oportunidad perdida de trasladar a la gran pantalla una historia muy interesante como Un Largo Viaje, consiguiendo como resultado un aburrido telefilme de sobremesa, con Condenados nos encontramos con un caso parecido: grandes nombres detrás, historia con muchas posibilidades, pero con un resultado aburrido, casposo y con unos actores totalmente desaprovechados en personajes muy planos y sin posibilidad para el lucimiento.

Lo peor es ver que un director talentoso como Egoyan, autor de cintas míticas como Exótica, El Dulce Porvenir o El Viaje de Felicia, acaba embarcado en proyectos tan poco interesantes que, si bien podrían funcionar como entretenimiento básico para una tarde de domingo, les queda muy grande el participar en una sección oficial de un festival de cine.
Visto el resultado de las dos películas a competición con Colin Firth, es entendible por qué el actor inglés ha decidido no venir a defenderlas a San Sebastián, y es que es hasta raro verle pasar de ganar un Oscar por un papel magnífico a interpretar dos personajes tan huecos y sin chicha. La recepción de la prensa fue bastante fría, con algún aplauso y algún silbido tras finalizar la proyección.
La segunda película del día, otro de mis filmes esperados del festival, ha sido la serbia For Those Who Can Tell No Tales, dirigida por Jasmila Zbanic, directora de la excelente En el Camino, Espiga de Plata en la Seminci, y de Grbavica, Oso de Oro en Berlín.

La película, escrita a cuatro manos entre la directora y la actriz protagonista, Kym Vercoe, cuenta como Kym, una turista australiana, decide viajar a Bosnia. Su guía de viajes la lleva hasta Visegrado, una pequeña ciudad llena de historia en la frontera entre Bosnia y Serbia. Tras una noche de insomnio en el 'romántico' hotel Vilina Vlas, Kym descubre lo que sucedió durante la guerra. Ella ya no podrá ser una turista ordinaria y su vida nunca volverá a ser la misma.
La cinta retrata la lucha constante que se produce tras cualquier guerra entre si es mejor olvidar y pasar página para poder seguir viviendo, o por el contrario hay que recordar a esas víctimas inocentes que perdieron la vida en los conflictos armados. Dirigida de forma excelente y con una fotografía que resalta la belleza del paisaje que retrata, el filme falla a la hora de plantear el dilema de la protagonista, pues puede resultar demasiado brusca e increíble su reacción al enterarse de lo sucedido tras la guerra, así como su forma de actuar cuando habla con las personas del lugar para que le expliquen lo que pasó allí. La breve duración del filme, menos de 80 minutos, podría explicar esto, ya que quizás con un poco más de profundidad en la psicología del personaje principal podríamos entender mejor su reacción. Aunque a esta altura del festival se agradece que las películas duren lo mínimo posible.
Sí bien la cinta ha sido recibida con aplausos entre el público, la recepción entre los críticos ha sido bastante fría, pero debo reconocer que me ha atrapado y es una de mis favoritas de la Sección Oficial, aunque según los comentarios que voy escuchando sobre ella, creo que me voy a quedar solo en su defensa. Lo que sí parece posible, al menos vistas las competidoras, es que al final acabe llevándose algún premio, bien como actuación femenina o en dirección.

También de guerra, o más bien de dictadura habla L'image manquante, documental sobre la dictadura en Camboya, bajo el mando del líder de los jemeres rojos, Pol Pot, entre los años 1975 y 1979. La dictadura de ideología comunista empezó por eliminar la propiedad privada haciendo que las únicas pertenencias que podía tener cada persona fueran una cuchara y sus prendas de vestir, que debían ser negras.
La originalidad de la obra radica en la forma de contar la historia. A falta de imágenes de archivo que puedan mostrar la barbarie del régimen, el director se apoya en grandes reproducciones de todos los actos y sucesos que ocurren durante estos convulsos años, realizadas con muñecos de barro. Aunque en un principio puede descolocar, a medida que avanza el metraje la cinta va atrapando y haciendo sentir al espectador la rabia y la impotencia ante lo que sucedió en el país asiático. La cinta ha gustado mucho entre los espectadores, que la han alzado a la tercera posición de la votación del público, solo por detrás de De tal Padre, tal Hijo y Una Cuestión de Tiempo.
Al final, por incompatibilidad de horarios y porque llegaba Jackman al hotel, ha sido imposible ver Joven y Bonita de François Ozon, pero no os preocupéis que en el próximo artículo hablaremos de ella, de Jackman, de Prisioneros y de La Herida, última película a competición de este año. Pero hasta entonces, nos vemos en el cine.
@charlyr2d2

Más fotos en la galería de fotos del 61 Festival de Cine de San Sebastián
En la crónica de mañana hablaremos de la película y de la rueda de prensa, pero antes toca centrarse en lo sucedido en el día de hoy, donde dos nuevas películas han entrado a competición y, como viene siendo habitual, sin obtener un consenso sobre su calidad entre los espectadores en ninguna de las dos, pero con posibilidades de premio en una de ellas.
Atom Egoyan volvía a Donostia después de inaugurar el festival en 2009 con Chloe. Esta vez traía a competición Condenados, basada en un hecho real otra vez, y es que no sé la cantidad de películas basadas en hechos reales que podré haber visto durante el festival. En el filme, tres jóvenes son acusados del secuestro y asesinato de tres niños por sus ideas en apariencia satánicas, a pesar de que las pruebas no los apuntan a ellos como autores de esos actos.
Igual que ayer hablábamos de la falta de fuerza y de la oportunidad perdida de trasladar a la gran pantalla una historia muy interesante como Un Largo Viaje, consiguiendo como resultado un aburrido telefilme de sobremesa, con Condenados nos encontramos con un caso parecido: grandes nombres detrás, historia con muchas posibilidades, pero con un resultado aburrido, casposo y con unos actores totalmente desaprovechados en personajes muy planos y sin posibilidad para el lucimiento.

Lo peor es ver que un director talentoso como Egoyan, autor de cintas míticas como Exótica, El Dulce Porvenir o El Viaje de Felicia, acaba embarcado en proyectos tan poco interesantes que, si bien podrían funcionar como entretenimiento básico para una tarde de domingo, les queda muy grande el participar en una sección oficial de un festival de cine.
Visto el resultado de las dos películas a competición con Colin Firth, es entendible por qué el actor inglés ha decidido no venir a defenderlas a San Sebastián, y es que es hasta raro verle pasar de ganar un Oscar por un papel magnífico a interpretar dos personajes tan huecos y sin chicha. La recepción de la prensa fue bastante fría, con algún aplauso y algún silbido tras finalizar la proyección.
La segunda película del día, otro de mis filmes esperados del festival, ha sido la serbia For Those Who Can Tell No Tales, dirigida por Jasmila Zbanic, directora de la excelente En el Camino, Espiga de Plata en la Seminci, y de Grbavica, Oso de Oro en Berlín.

La película, escrita a cuatro manos entre la directora y la actriz protagonista, Kym Vercoe, cuenta como Kym, una turista australiana, decide viajar a Bosnia. Su guía de viajes la lleva hasta Visegrado, una pequeña ciudad llena de historia en la frontera entre Bosnia y Serbia. Tras una noche de insomnio en el 'romántico' hotel Vilina Vlas, Kym descubre lo que sucedió durante la guerra. Ella ya no podrá ser una turista ordinaria y su vida nunca volverá a ser la misma.
La cinta retrata la lucha constante que se produce tras cualquier guerra entre si es mejor olvidar y pasar página para poder seguir viviendo, o por el contrario hay que recordar a esas víctimas inocentes que perdieron la vida en los conflictos armados. Dirigida de forma excelente y con una fotografía que resalta la belleza del paisaje que retrata, el filme falla a la hora de plantear el dilema de la protagonista, pues puede resultar demasiado brusca e increíble su reacción al enterarse de lo sucedido tras la guerra, así como su forma de actuar cuando habla con las personas del lugar para que le expliquen lo que pasó allí. La breve duración del filme, menos de 80 minutos, podría explicar esto, ya que quizás con un poco más de profundidad en la psicología del personaje principal podríamos entender mejor su reacción. Aunque a esta altura del festival se agradece que las películas duren lo mínimo posible.
Sí bien la cinta ha sido recibida con aplausos entre el público, la recepción entre los críticos ha sido bastante fría, pero debo reconocer que me ha atrapado y es una de mis favoritas de la Sección Oficial, aunque según los comentarios que voy escuchando sobre ella, creo que me voy a quedar solo en su defensa. Lo que sí parece posible, al menos vistas las competidoras, es que al final acabe llevándose algún premio, bien como actuación femenina o en dirección.

También de guerra, o más bien de dictadura habla L'image manquante, documental sobre la dictadura en Camboya, bajo el mando del líder de los jemeres rojos, Pol Pot, entre los años 1975 y 1979. La dictadura de ideología comunista empezó por eliminar la propiedad privada haciendo que las únicas pertenencias que podía tener cada persona fueran una cuchara y sus prendas de vestir, que debían ser negras.
La originalidad de la obra radica en la forma de contar la historia. A falta de imágenes de archivo que puedan mostrar la barbarie del régimen, el director se apoya en grandes reproducciones de todos los actos y sucesos que ocurren durante estos convulsos años, realizadas con muñecos de barro. Aunque en un principio puede descolocar, a medida que avanza el metraje la cinta va atrapando y haciendo sentir al espectador la rabia y la impotencia ante lo que sucedió en el país asiático. La cinta ha gustado mucho entre los espectadores, que la han alzado a la tercera posición de la votación del público, solo por detrás de De tal Padre, tal Hijo y Una Cuestión de Tiempo.
Al final, por incompatibilidad de horarios y porque llegaba Jackman al hotel, ha sido imposible ver Joven y Bonita de François Ozon, pero no os preocupéis que en el próximo artículo hablaremos de ella, de Jackman, de Prisioneros y de La Herida, última película a competición de este año. Pero hasta entonces, nos vemos en el cine.
@charlyr2d2
0 Me gusta
0 Comentarios
Escrito por
Professional Film Enthusiast. Redactor en @CINeol. Dicen que fuera de una sala de cine hay vida, pero yo creo que mienten!