Cannes 2026. Jornada inaugural: bienvenidos al laberinto
Hay pocas maneras mejores de abrir un festival que con una película que ya lo ha ganado todo. Lo que consideramos un clásico moderno. La 79ª edición de Cannes arrancó con la proyección de la versión restaurada de El laberinto del fauno, y la sala lo recibió como merece: con el respeto y el afecto que se le tiene a una obra que con los años no ha hecho más que crecer. Guillermo del Toro estuvo presente y, para Fremaux, su “Fu*k AI” fue la primera proclama política del Festival. La película que clausuró la edición de 2006 ha sido la encargada de iniciar la de este año. Veinte años después, el fauno sigue siendo uno de los grandes. Y es también un ejemplo de hasta qué punto la fantasía puede ser política, brutal y profundamente humana.
Una gala inaugural sobria que reivindica el cine como acto de resistencia
La gala inaugural de este Cannes 2026 fue bastante más sobria de lo habitual, con menos sensación de gran acontecimiento hollywoodiense y más voluntad de reivindicar el propio cine. La actriz Eye Haïdara –a la que vimos en la última película de Joachim Lafosse, Six jours ce printemps-là– ejerció de maestra de ceremonias y presentó al jurado que preside Park Chan-wook, en el que destacó la complicidad de Diegos Cespedes y Stellan Skarsgard. Y las zapatillas blancas de Isaach de Bankole.
El gran momento emocional de la noche fue la entrega de la Palma de Oro honorífica a Peter Jackson. La presentó un emocionado Elijah Wood, recordando cómo trabajar en la trilogía de El Señor de los Anillos le cambió la vida, mientras Jackson recordó aquel pase de material todavía inacabado de El Señor de los Anillos en Cannes hace ya 25 años. Un homenaje bastante sentido a uno de los grandes arquitectos del blockbuster moderno.
También hubo espacio para un pequeño recordatorio político, aunque muy lejos de otras ediciones más combativas. Jane Fonda, junto a Gong Li, reivindicó el cine como un acto de resistencia y defendió la necesidad de voces libres y audaces.

La Vénus électrique: correcta, simpática… y olvidable
La película inaugural propiamente dicha, fuera de competición, corrió a cargo de Pierre Salvadori con La Vénus électrique. Como película inaugural, las hemos visto peores y también mejores. Lo que propone Salvadori es una comedia de enredos sentimentales y paranormales que se apoya con demasiada comodidad en la química y el buen hacer de sus protagonistas —Pio Marmaï y Anaïs Demoustier, eficaces los dos— sin tomarse la molestia de construir algo más sólido alrededor. Juega a ser ligera, pero no logra el ritmo de una comedia redonda; intenta ser romántica, pero la historia no convence. Queda en ese terreno de nadie donde las risas son esporádicas. Que Robin Campillo y Rebecca Zlotowski figuren entre los responsables del guion invita a pedirle más, y esa expectativa juega en su contra. Película olvidable, eso sí, que por no dar no da disgustos. Un aperitivo sin carácter para una edición que promete bastante más.
Escrito por
Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.