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Walter Long
- 73 años (04-03-1879 - 04-07-1952)
Walter Long se consolidó como uno de los actores de carácter más prolíficos y reconocibles durante los años formativos de la industria cinematográfica estadounidense. Su carrera, que abarcó tanto la era del cine mudo como los primeros años del sonoro, se definió principalmente por su capacidad para interpretar a antagonistas y villanos memorables, aprovechando su imponente presencia física y sus rasgos marcados. Inició su trayectoria profesional a principios de la década de 1910, estableciendo una relación laboral crucial con el director D.W. Griffith. Bajo su dirección, Long participó en producciones que definieron el lenguaje cinematográfico de la época. Su interpretación del personaje de Gus en El nacimiento de una nación (1915) le otorgó una notoriedad inmediata en la industria, siendo parte de una de las obras más influyentes y debatidas de la historia del cine. Al año siguiente, continuó su colaboración con Griffith en la monumental Intolerancia (1916), reafirmando su estatus como un actor de soporte esencial en grandes producciones.
Durante la década de 1920, Long mantuvo una actividad constante, compartiendo pantalla con las mayores estrellas del momento. Su trabajo junto a Rodolfo Valentino fue particularmente destacado en la taquilla internacional. En El caíd (1921), Long interpretó un papel fundamental que servía de contrapunto dramático al protagonista, contribuyendo al éxito masivo de la cinta. Poco después, volvió a trabajar con Valentino en Sangre y arena (1922), la adaptación de la novela de Vicente Blasco Ibáñez, donde encarnó a Plumitas, consolidando su reputación como el villano por excelencia de Hollywood. Además de estos dramas, participó en El mundo perdido (1925), una película pionera en el uso de efectos especiales y animación stop-motion, demostrando su adaptabilidad a diferentes géneros de aventuras y fantasía.
La transición al cine sonoro a finales de los años veinte no supuso el fin de su carrera, sino una evolución hacia el género de la comedia. Walter Long encontró un nuevo nicho en los estudios de Hal Roach, donde su apariencia ruda se utilizó con gran efectividad cómica como contraste frente a personajes más ingenuos. Es ampliamente recordado por sus colaboraciones con el dúo cómico formado por Stan Laurel y Oliver Hardy. En películas como De bote en bote (1931), Long parodió su propia imagen de tipo duro interpretando a presidiarios o matones que, pese a su agresividad, terminaban siendo víctimas de las circunstancias cómicas generadas por los protagonistas. También tuvo apariciones en clásicos del cine negro y de misterio, como El halcón maltés (versión de 1931). Walter Long continuó actuando hasta finales de la década de 1940, dejando un legado de cientos de créditos que documentan la evolución del cine clásico desde sus orígenes experimentales hasta su edad de oro.