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Philip Dunne

  • 84 años (11-02-1908 - 02-06-1992)
photo of person Philip Dunne

Philip Dunne fue una figura destacada en la edad de oro de Hollywood, desempeñando un papel crucial como guionista, director y productor a lo largo de varias décadas. Su carrera comenzó a cobrar relevancia en la década de 1930, cuando se integró en la estructura de los grandes estudios, consolidándose rápidamente en 20th Century Fox. Uno de sus primeros trabajos significativos en el ámbito del guion fue la adaptación de la novela clásica de aventuras de James Fenimore Cooper, estrenada como El último mohicano en 1936. Esta producción, protagonizada por Randolph Scott, demostró la capacidad de Dunne para trasladar narrativas literarias complejas a la pantalla con un ritmo y una estructura eficaces para el público de la época.

Durante la década de 1940, Dunne alcanzó un estatus de prestigio gracias a su colaboración con el director John Ford. Su trabajo en el guion de ¡Qué verde era mi valle! (1941) fue fundamental para el éxito crítico de la cinta, que obtuvo el Óscar a la Mejor Película. Este drama sobre una familia minera en Gales le valió a Dunne una nominación al Óscar al Mejor Guion Adaptado. Posteriormente, continuó demostrando su versatilidad genérica con el guion de El fantasma y la señora Muir (1947), una obra que mezclaba el romance y la fantasía con un tono sofisticado, consolidándose como un clásico del cine romántico. Su compromiso con temas sociales también se reflejó en su trabajo en Pinky (1949), una película que abordaba cuestiones raciales controvertidas para el momento.

La llegada de la década de 1950 marcó un hito tecnológico e industrial en su carrera. Dunne fue el responsable del guion de David y Betsabé (1951), un éxito de taquilla que revitalizó el género bíblico. Sin embargo, su impacto más notable en la industria técnica se produjo con La túnica sagrada (1953). Esta producción pasó a la historia por ser la primera película estrenada en CinemaScope, un formato panorámico diseñado para competir con la televisión. La labor de Dunne consistió en adaptar la novela de Lloyd C. Douglas para este nuevo y espectacular formato, contribuyendo al enorme éxito comercial del filme. En esta misma década, Dunne dio el paso a la dirección, realizando películas como 10, calle Frederick (1958), un drama político donde también ejerció como guionista, demostrando su control total sobre la narrativa cinematográfica.

En la etapa final de su carrera activa en el cine, durante los años 60, Dunne continuó trabajando en producciones de gran envergadura. Fue el guionista de El tormento y el éxtasis (1965), dirigida por Carol Reed, que narraba los conflictos entre Miguel Ángel y el Papa Julio II durante la pintura de la Capilla Sixtina. A lo largo de su trayectoria, Philip Dunne no solo dejó una huella indeleble a través de sus libretos y direcciones, sino que también fue un miembro activo en la organización laboral de los escritores de cine, siendo cofundador del sindicato de guionistas (Writers Guild of America), lo que subraya su importancia institucional en la historia del entretenimiento estadounidense.

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