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Henry Wilcoxon
- 78 años (08-09-1905 - 06-03-1984)
Henry Wilcoxon, nacido como Harry Frederick Wilcoxon en 1905 en la isla de Dominica, desarrolló una prolífica carrera en la industria cinematográfica que abarcó varias décadas, consolidándose como una figura clave en la época dorada de Hollywood. Tras iniciar su trayectoria en los escenarios teatrales de Gran Bretaña, su imponente presencia física y su talento dramático llamaron la atención del legendario director Cecil B. DeMille, un encuentro que marcaría el rumbo definitivo de su vida profesional. Su debut en el cine estadounidense se produjo con un papel estelar que lo catapultó a la fama: interpretó a Marco Antonio en la monumental producción Cleopatra (1934), compartiendo pantalla con Claudette Colbert. Este éxito inicial estableció su reputación como un actor ideal para personajes históricos de gran autoridad y carisma.
La colaboración con DeMille continuó floreciendo y al año siguiente protagonizó Las cruzadas (1935), donde encarnó al rey Ricardo Corazón de León, reafirmando su estatus en el género épico. Tras un paréntesis durante la Segunda Guerra Mundial, en el que sirvió en la Marina Real británica, Wilcoxon regresó a Hollywood, donde su relación profesional con DeMille evolucionó. Además de actuar, comenzó a asumir responsabilidades detrás de las cámaras, convirtiéndose en productor asociado y colaborando estrechamente en la gestación de algunos de los mayores espectáculos de la época. Su influencia fue notable en la producción de Sansón y Dalila (1949), una de las películas más taquilleras de su tiempo, y en El mayor espectáculo del mundo (1952), cinta que logró alzarse con el premio de la Academia a la mejor película.
A mediados de la década de los cincuenta, Wilcoxon alcanzó la cúspide de su carrera como productor y actor secundario de lujo en la superproducción bíblica Los diez mandamientos (1956), donde interpretó al capitán de los carros, Pentaur. Durante este periodo, su actividad no se limitó exclusivamente a las epopeyas de DeMille; también participó en otros géneros, incluyendo el western, con intervenciones en títulos como La Venganza de los Cheyennes (título con el que se distribuyó en ciertos circuitos The Vanishing American), mostrando su capacidad de adaptación a diferentes registros narrativos. Tras el fallecimiento de DeMille, Wilcoxon continuó trabajando en la industria, apareciendo en filmes destacados como El señor de la guerra (1965), junto a Charlton Heston. Su carrera se extendió hasta principios de los años ochenta, con participaciones en películas como la comedia de culto El club de los chalados (1980), dejando tras de sí un legado definido por su contribución integral al cine de gran escala.
Filmografía
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