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Ernest Haller
- 74 años (31-05-1896 - 21-10-1970)
Ernest Haller fue una figura fundamental en la dirección de fotografía durante la época dorada de Hollywood, consolidando su reputación gracias a su versatilidad técnica y su capacidad para realzar la imagen de las grandes estrellas del sistema de estudios. Comenzó su trayectoria en el cine mudo, pero fue tras su incorporación a Warner Bros. cuando definió su estilo visual, convirtiéndose en un colaborador esencial para directores de renombre. Durante la década de 1930, Haller demostró una notable habilidad para la iluminación en blanco y negro, trabajando en títulos que cimentaron el prestigio del estudio. En 1938, se encargó de la fotografía de Cuatro hijas, una película que recibió una excelente acogida por parte de la crítica y el público, destacando por su tratamiento visual de las dinámicas familiares y el drama romántico. Este trabajo preludió uno de los momentos cumbres de su carrera, que llegaría tan solo un año después.
Su consagración definitiva en la industria tuvo lugar en 1939 con su trabajo en Lo que el viento se llevó. Haller asumió la dirección de fotografía de esta superproducción en Technicolor, logrando composiciones visuales y un uso del color que se consideran hitos en la historia del cine. Por este trabajo, Ernest Haller fue galardonado con el Premio Óscar a la mejor fotografía en color, un reconocimiento que validó su maestría técnica en un momento en que el cine en color aún presentaba enormes desafíos logísticos y artísticos. Paralelamente, desarrolló una estrecha relación profesional con la actriz Bette Davis, convirtiéndose en su operador de cámara predilecto. Su colaboración se materializó en clásicos como Jezabel y Amarga victoria, donde su iluminación jugó un papel crucial para enfatizar la intensidad dramática de la intérprete.
A lo largo de la década de 1940, continuó acumulando éxitos y reconocimientos. Su trabajo en el cine negro y el drama psicológico quedó patente en Alma en suplicio, protagonizada por Joan Crawford, por la cual recibió otra nominación al Óscar. Haller demostró su capacidad para adaptarse a los cambios tecnológicos y narrativos de la industria al transitar hacia la década de 1950. Fue responsable de la vibrante fotografía en color de El halcón y la flecha y, de manera significativa, capturó la angustia generacional en Rebelde sin causa, utilizando el formato CinemaScope para potenciar la narrativa visual del filme protagonizado por James Dean.
En la etapa final de su carrera, ya en los años 60, Haller volvió a demostrar su dominio del blanco y negro en el thriller psicológico ¿Qué fue de Baby Jane?, logrando una atmósfera opresiva y grotesca que le valió una nueva nominación a los premios de la Academia. Su última nominación al Óscar llegó con Los lirios del valle, confirmando su vigencia y respeto dentro de la industria hasta el final de su trayectoria. El legado de Ernest Haller reside en su extensa filmografía, su papel en la evolución del Technicolor y su influencia determinante en la estética visual de las producciones de Warner Bros. y el cine clásico estadounidense.
Filmografía
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