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Edward Everett Horton
- Estados Unidos
- ·
- 84 años (17-03-1886 - 29-09-1970)
Edward Everett Horton, nacido en 1886 en Brooklyn, Nueva York, desarrolló una de las trayectorias más longevas y reconocibles en la historia del cine estadounidense, abarcando desde la era del cine mudo hasta la televisión contemporánea. Tras formarse en el teatro y participar en vodevils, inició su carrera cinematográfica en la década de 1920. No obstante, fue la llegada del cine sonoro lo que permitió que su talento floreciera plenamente; su dicción culta y peculiar, unida a un manejo magistral de la pausa cómica y la expresión de desconcierto, le permitieron establecer un arquetipo de personaje nervioso y educado que definió su carrera.
Durante la década de 1930, Horton se consolidó como un actor de carácter indispensable en Hollywood, colaborando frecuentemente con directores de la talla de Ernst Lubitsch. Bajo su dirección, destacó en comedias sofisticadas como Un ladrón en la alcoba y Una mujer para dos. Su impacto en la industria aumentó significativamente gracias a su asociación con los musicales de la RKO; se convirtió en un rostro habitual en las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers. Títulos emblemáticos como La alegre divorciada y Sombrero de copa mostraron su capacidad para interpretar al contrapunto cómico de los protagonistas, a menudo encarnando a amigos leales pero propensos a la confusión.
Su filmografía continuó expandiéndose con roles significativos en producciones de prestigio. Trabajó con Frank Capra en la aclamada Horizontes perdidos y demostró su habilidad para la comedia negra en el clásico Arsénico por compasión. En la fase posterior de la década de 1940, su actividad profesional se mantuvo constante, participando en proyectos como Por unos ojos negros, una comedia musical estrenada en 1948 y protagonizada por Deanna Durbin, donde Horton interpretó un papel secundario que reafirmaba su estatus en el género.
En las décadas finales de su vida, Horton realizó una transición exitosa hacia la televisión, prestando su voz como narrador en series de animación y apareciendo como invitado en diversos programas. Regresó al cine bajo la dirección de Capra en Un gángster para un milagro, remanipulación de una obra anterior del director. Su contribución al entretenimiento se caracterizó por elevar la figura del actor secundario, dotando a sus personajes de una dignidad cómica y una sofisticación que dejaron una huella perdurable en la comedia clásica.
Filmografía
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