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Ben Sharpsteen

  • 85 años (04-11-1895 - 20-12-1980)
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Ben Sharpsteen comenzó su trayectoria profesional en la industria de la animación al unirse a Walt Disney Productions en 1929. Durante sus primeros años en el estudio, desempeñó un papel fundamental en el desarrollo y perfeccionamiento de los cortometrajes animados, trabajando estrechamente en la evolución de las series de Mickey Mouse y las Silly Symphonies. Su capacidad para estructurar narrativas visuales y su competencia técnica le permitieron ascender rápidamente en el organigrama de la compañía, consolidándose como director a mediados de la década de 1930. Su influencia fue determinante durante la expansión creativa del estudio, donde su supervisión garantizó la calidad y la cohesión narrativa de proyectos cada vez más ambiciosos.

El impacto de Sharpsteen en la historia del cine se cimentó con su participación en el primer largometraje de animación del estudio, Blancanieves y los siete enanitos (1937), donde ejerció como director de secuencias. Tras el éxito de esta producción, asumió responsabilidades mayores como director supervisor en obras fundamentales como Pinocho (1940) y Dumbo (1941). En estas producciones, su labor consistió en coordinar y unificar el trabajo de los diferentes directores de secuencia para mantener una visión artística coherente y un ritmo narrativo fluido. Asimismo, contribuyó significativamente a la producción de Fantasía (1940). Tras el periodo de la Segunda Guerra Mundial, continuó su labor de supervisión de producción en clásicos como La Cenicienta (1950) y Alicia en el país de las maravillas (1951), asegurando la continuidad del estilo visual que caracterizaba a la compañía.

A principios de la década de 1950, la carrera de Sharpsteen experimentó un giro decisivo hacia la producción de documentales de naturaleza, liderando la aclamada serie de Aventuras de la vida real (True-Life Adventures). En esta nueva etapa, su logro más destacado fue la realización del largometraje documental El desierto viviente (1953). Esta película, que exploraba la flora y fauna del desierto estadounidense con un enfoque narrativo y educativo, fue pionera en su género y recibió el reconocimiento unánime de la industria, alzándose con el Premio Óscar al Mejor Documental Largo, así como el Premio Internacional en el Festival de Cannes. El éxito de El desierto viviente validó la apuesta por el cine de imagen real enfocado en la naturaleza. Posteriormente, Sharpsteen continuó produciendo otros títulos premiados de la misma serie, como La gran pradera (1954) e Infierno blanco (1958), acumulando múltiples galardones de la Academia a lo largo de su carrera por su contribución al cine documental y de animación antes de retirarse de la industria.

Filmografía

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