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Alan Le May
- 65 años (03-01-1899 - 27-04-1964)
Alan Le May consolidó su reputación como una figura fundamental en la evolución del wéstern, transitando desde la literatura popular hasta el corazón de Hollywood. Nacido a finales del siglo XIX, Le May comenzó su carrera profesional escribiendo relatos cortos y novelas, nutriendo el mercado de revistas de la época. Su habilidad para narrar historias ambientadas en la frontera americana y dotar de complejidad a sus personajes llamó la atención de la industria cinematográfica, lo que propició su traslado a California para trabajar como guionista en grandes producciones de estudio, marcando el inicio de una prolífica relación con el cine.
Durante la década de 1940, su trabajo como guionista incluyó colaboraciones de alto perfil que cimentaron su estatus en la industria. Trabajó en el guion de Policía montada del Canadá, dirigida por Cecil B. DeMille, y posteriormente en Piratas del mar Caribe, demostrando su capacidad para manejar grandes presupuestos y narrativas de aventuras clásicas. Además de su labor principal en la escritura, Le May asumió el rol de director en ocasiones puntuales; destaca su trabajo en la película El valle de la muerte a principios de los años 50, cinta en la que ejerció tanto de director como de guionista, mostrando una visión particular del paisaje y la tensión dramática del oeste.
No obstante, el impacto más perdurable de Le May en la historia del cine proviene de sus novelas adaptadas a la gran pantalla por directores legendarios durante la década de 1950. Su obra literaria fue la base de Centauros del desierto, dirigida por John Ford. Esta adaptación es ampliamente reconocida por la crítica internacional y los historiadores del cine como una de las obras cumbres del género, redefiniendo los arquetipos del héroe del oeste. Posteriormente, otra de sus novelas fue llevada al cine por John Huston bajo el título Los que no perdonan, manteniendo la temática de las complejas relaciones raciales y familiares en la frontera, y reafirmando la relevancia de sus textos como material fuente para producciones de prestigio.
En la última etapa de su carrera, Le May adaptó su talento al medio televisivo, que experimentaba un auge significativo con la producción de series del oeste. Participó activamente como guionista en este formato, incluyendo su contribución a la serie Cheyenne, una producción clave en la historia de la televisión estadounidense que también gozó de difusión en España. Su participación en Cheyenne y otros programas similares ayudó a trasladar la madurez narrativa que había desarrollado en el cine y la literatura a la pequeña pantalla, cerrando una trayectoria profesional dedicada a la exploración y mitificación del oeste americano.