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Alain Levent

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Alain Levent se consolidó como un profesional versátil dentro de la industria cinematográfica francesa, destacando principalmente por su labor como director de fotografía y, ocasionalmente, como director. Inició su trayectoria profesional en el departamento de cámara, desempeñándose como operador en producciones significativas que definieron el cine de autor europeo de mediados del siglo XX. Durante esta etapa formativa, trabajó bajo las órdenes de cineastas emblemáticos de la Nouvelle Vague, formando parte del equipo técnico en obras dirigidas por Jacques Rivette, como La religiosa y L'Amour fou. Esta experiencia técnica le permitió desarrollar una sensibilidad visual que posteriormente aplicaría en sus propios proyectos.

En el año 1972, Levent dio el paso a la dirección de largometrajes con la película El bar de la horquilla. Esta cinta, que contó con el protagonismo del cantante y actor Jacques Brel y la participación de Isabelle Huppert, obtuvo reconocimiento internacional al ser seleccionada para competir en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Berlín. A pesar de este éxito como realizador, Levent mantuvo su actividad principal en la dirección de fotografía, colaborando en títulos como Faustina y el hermoso verano, donde demostró su capacidad para capturar la luz y la atmósfera requeridas por narrativas intimistas.

Uno de los trabajos más difundidos de su carrera como director de fotografía se produjo en 1976 con el estreno de Drácula, padre e hijo. Dirigida por Édouard Molinaro, esta producción reunió a Christopher Lee, en su icónico papel del conde Drácula, con Bernard Menez. La contribución de Levent a Drácula, padre e hijo fue fundamental para dotar a la película de una estética gótica pulida que funcionaba en contraste con el tono de comedia paródica del guion. Su iluminación y composición ayudaron a legitimar visualmente la película dentro del género de vampiros, permitiendo que la sátira funcionara sobre una base técnica sólida. Hacia el final de su carrera, continuó trabajando en proyectos internacionales, destacando su colaboración con el director estadounidense Samuel Fuller en la película Calle sin retorno en 1989, reafirmando su estatus como un técnico respetado capaz de adaptarse a diversos estilos cinematográficos.

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