No es la primera vez que nos encontramos con una película que bebe del entorno rural para crear una trama de suspense. Porque hay algo en ese encanto natural que invita a la sospecha o a lo ocurro, y convierte una historia sencilla en lo que podría suponer una pesadilla.
O al menos eso le parece al protagonista de esta historia. Una auténtica pesadilla cuando descubre que la mujer de la que lleva enamorado tantos meses, desde la distancia, es completamente diferente a como se lo habían contado.
Una niña, un hombre y una ventana abierta es el núcleo central de esta historia, y entre estos tres elementos se crea una historia de realismo mágico, suspense fundado, y como no podía ser de otra forma, alguna que otras sorpresas.

Buenos trabajos en la interpretación, un guion que se mantiene firme a lo largo de todo el relato y muchas ganas del director de ir estacionando cada pieza del puzle en un ecosistema de situaciones a cuál más inquietante.
Tiene su originalidad, bebe de alguna otra película, pero mantiene un pulso narrativo convincente y se cuela con humildad en los rincones de la mente para crear un relato que puede resultar claustrofóbico.
Y todo por una ventana abierta.