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Diario de Sitges 2015, Día 9: Evolución y destrucción

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Escribo esta introducción desde la sala de prensa de Sitges, a sabiendas de que me falta todavía una última película por ver y que no terminaré y publicaré el artículo hasta el domingo. No es hora aún de hacer balance, que eso vendrá en otro artículo separado, sino de terminar de hablar de las últimas cintas que he podido ver en el festival. Lo del gripazo se confirma, así que unido al cansancio acumulado (ningún día he llegado a dormir 6 horas), hacen que mi cabeza esté en unas condiciones lamentables, que sin embargo no me impiden disfrutar de las últimas joyas del certamen e intentar transmitir, con mi estilo a veces incomprensible, todo lo que hay de bueno (y de malo) en ella.



Todo esto me sirve para decir que, con todo el dolor de mi corazón, no he aguantado despierto para ver EL LADRÓN DE BAGDAD, un mito del cine de animación y una película maldita que ha influido a generaciones de cineastas, pese a no haberse completado nunca la versión original que tenía en la cabeza Richard Williams (sí se estrenó un remontaje con escenas extras realizadas por otra gente, que al parecer es una castaña impresionante). Ayer se proyectó en Sitges un work in progress de la versión original, el mismo que han visto quienes la encumbran como hito de la animación tradicional, y que conjuga las escenas finalizadas con otras que están en estado de pre-rotulación, pre-animación, storyboard o directamente faltan. Es un intento de aproximarse a lo que el realizador, presente en la sala, quería hacer con el film, que tardó más de 30 años en llegar a los cines. Una oportunidad única que se emitió a mediodía y que pudo con mi debilitado cuerpo. Joder.

Los ratitos que sí pude ver mostraban una cinta realmente especial, con un ladrón que parece el Coyote de los cortos de la Warner y un diseño asombroso. Su puesta en escena es deudora de los murales árabes donde la perspectiva tridimensional se integra sin solución de continuidad en las dos dimensiones; y además se permite añadir ciertos juegos de profundidad que recuerdan a los dibujos de Escher. En este sentido, lo más cercano que hay a su estilo visual es el cine de Tomm Moore y su integración de la estética celta en escenarios y animación. Su guion y su diseño de personajes han sido plagiados sin asomo de rubor por Disney para hacer Aladdin, y sus técnicas narrativas han sido recicladas por numerosos films. Una pena que nunca la vayamos a ver entera, aunque espero tener la oportunidad de rescatarla en casa en sus distintas versiones, para hacer una valoración real de cada una de ellas.



La que sí que pude ver en su totalidad es el anime EL NIÑO Y LA BESTIA (), dirigida por Mamoru Hosoda, quien ya triunfó en el festival hace 9 años con La Chica que saltaba a través del tiempo. En esta ocasión cuenta la historia de un niño huérfano que accede a una dimensión paralela habitada por animales antropomórficos, donde entrará como aprendiz de un voluble y malencarado maestro de las artes marciales que aspira a convertirse en el nuevo líder de su pueblo.

Con muchas similitudes temáticas con Ernest & Célestine, aunque con bastantes más hostias, el film funciona mucho mejor cuando se centra en sus personajes y adopta una mirada intimista, que no cuando se suelta la melena para componer macroescenas de acción. Estas escenas están bien realizadas, resultan entretenidas y espectaculares, pero rompen con un tono más enfocado a examinar los sentimientos de sus criaturas y cómo crecen y aprenden el uno del otro, contrastándolo con su crecimiento individual: uno los acerca mientras el otro los aleja. En esta vertiente, es una cinta sobre dejar atrás la infancia y aprender a asumir la pérdida como parte de uno mismo, además de plasmar cómo los padres también son capaces de aprender y convertirse en otra persona gracias al cariño de sus hijos. Y lo hace sin ñoñerías ni escenas diseñadas para sacar la lágrima fácil, solo con una mirada cercana a sus personajes.

Y luego, claro, también hay hostias a tutiplén y referencias a Moby Dick que nunca se sienten orgánicas a la historia.



Pasando al cine de acción real, lo suyo sería acabar el artículo con INTO THE FOREST (), la cinta que clausuró el festival, pero ha sido un cierre tan desangelado y anticlimático que mejor embutirla por en medio, donde no se note, para ocultar sus debilidades. Está bastante claro que si la película no tuviese como protagonistas a Ellen Page y Evan Rachel Wood, si fuesen dos actrices desconocidas, no ocuparía un lugar de tanto privilegio en el certamen.

No me entendáis mal: no es una mala película. La puesta en escena de Patricia Rozema es ajustada, las actuaciones de ambas actrices son naturales e intensas, el guion no incurre en (demasiadas) tonterías y el desarrollo de la historia es coherente. Pero no aporta nada nuevo ni nada que merezca la pena rescatar. Cuenta la historia de dos hermanas que viven con su padre en una casa en medio del bosque cuando se produce un apagón global. Conforme pasan los días, semanas, meses sin que vuelva la electricidad, las condiciones de vida se hacen más difíciles y hay que luchar por la supervivencia. Sin embargo, no hay apenas conflicto que impulse al film. Los pocos elementos que se introducen para dar algo de vida al relato son los más tópicos del cine postapocalíptico, y ni siquiera están tratados con especial profundidad. Su enfoque femenino no llega a construir un discurso distinto del resto de cintas del estilo, se queda en los mismos parámetros. En este sentido, es una cinta marcadamente conformista, que no arriesga en nada y que por tanto se queda a medio camino de todo.

Que una de las decisiones que toma uno de los personajes despertase algún pitido y cierta polémica entre una minoría (más al respecto en el artículo resumen) es más indicativo de que algunos no tienen la cabeza muy bien amueblada, que de decisiones que tome la película. Aunque al menos le ha puesto algo de sangre en las venas a una cinta de la que nadie habría hablado ni siquiera tras la proyección.



Otra cinta que se acerca al cine de género desde una posición femenina es ANGELICA (), la nueva película del director de Vagina dentata, Mitchell Lichtenstein. El argumento nos lleva a la Inglaterra victoriana, donde la mujer del título (interpretada con esfuerzo visible por Jena Malone) comienza a ver fantasmas que atacan a su hija. El espíritu parece ser una manifestación de la pulsión sexual de su marido, que ya no puede satisfacer con ella sus deseos por culpa de las heridas provocadas por el parto.

Este enfoque sexual es de lejos lo más interesante de una cinta bastante anodina y repetitiva, con un par de momentos donde estira demasiado la suspensión de incredulidad hasta caer en lo absurdo. Su plasmación de la lucha de la mujer por la liberación sexual y social, en contraste con la represión que sufre por parte del patriarcado masculino, todo ello concretado a través de fantasmas violadores de naturaleza bacteriana (y por tanto corrupta), supone un discurso muy estimulante y novedoso. Hay multitud de detalles que entroncan con la tradición freudiana del psicoanálisis, como las paredes que supuran un fluido viscoso, la simbología de la serpiente que penetra en la vagina, o la dualidad del padre como protector y violador. Esto además se enmarca en un discurso más amplio sobre la diferencia entre la ética de esta época y la de ahora, que subraya las diferencias en temas como el trato a los animales o la visión de la mujer como persona en lugar de mero instrumento. Lástima que todo esto no se haya desarrollado en una historia mejor o se haya plasmado con un poco más de brío.



A priori no queda tan claro lo que quiere contar LIFE (), o más bien qué interés puede tener la historia de cómo un fotógrafo que se abría camino le hizo una sesión de fotos para la revista Life al por entonces emergente James Dean. La sensación que se tiene durante buena parte del metraje es la de estar asistiendo a una narración sólida, pero que cuenta algo que realmente no es material para una película, que no tiene interés por sí solo como para justificar su existencia. Y lo cierto es que se trata de la película más anecdótica de Anton Corbijn, aunque no por ello se salga de la línea del director ni suponga en absoluto una mancha en su historial.

Corbijn cocina a fuego lento: su puesta en escena es elegante y distante, mira sin apasionamiento y con mesura, no busca ni glorificar ni condenar a sus personajes, ni tampoco forzar la conexión estética con el trabajo fotográfico del protagonista. No es que se limite a poner la cámara en un sitio y rodar, pero prefiere distanciarse de los sucesos para no forzar de forma artificiosa las emociones del espectador. Su intención, al igual que ocurría en sus anteriores películas, es que sus personajes encuentren una conexión en medio de un mundo deshumanizado que los trata como objetos funcionales. Que la sensibilidad de la historia nazca de ésta y se imponga a un estilo gélido en el que nadan sus personajes.

En este sentido, el film acaba suponiendo una mirada honesta y hermosa a los últimos días en los que James Dean solo era Jimmy, un chico tímido y frágil con un talento descomunal, un chico que ve acercarse un torbellino a su vida y tiene miedo y huye. Dane DeHaan se esfuerza sobremanera en imitar la voz y movimientos de Dean, pero no encuentra una forma natural de comportarse y se queda en la mera replicación. Más acertado está Robert Pattinson, muy suelto y carismático, que dibuja perfectamente un personaje con sus propias luchas, entre ellas la de si considerar a James como un trabajo o como un amigo. Aviso: el chaval tiene futuro, está confirmado ya. En conjunto componen un film sólido y agradable de ver, que sin embargo no se libra de ese carácter de historia menor.



Frente a una historia narrada con clasicismo, una que es una puta locura: HIGH-RISE (), la nueva película de Ben Wheatley (Turistas, A Field in England). Se trata de una adaptación de una novela de J.G. Ballard que se sitúa en un edificio de apartamentos en los años 80, pero no en unos que reconozcamos como reales. El edificio está autoabastecido y dividido por clases sociales, con los más ricos ocupando los pisos superiores. Esto es, hasta que la estructura social comienza a desmoronarse.

La analogía con el sistema capitalista es muy clara y transparente, inundando cada fotograma de referencias simbólicas hacia el consumismo y la decadencia moral de una estructura donde el más fuerte puede hacer lo que se le antoje. Wheatley emplea todo un despliegue de recursos visuales y montaje frenético que van sumergiendo al espectador en un vórtice de caos cada vez más acusado, lanzándose sin paracaídas a la degeneración y la ruptura narrativa. Sus personajes (entre los que destaca un Tom Hiddleston increíble en una de sus mejores interpretaciones) comienzan como metáforas andantes de distintos aspectos del capitalismo para acabar subvertidos y destruidos, en un maremágnum de excesos realmente delirante. Su voluntad de encapsular los eventos la emparente directamente con El Ángel Exterminador, si la película de Luis Buñuel se diese un chute de anfetaminas y Red Bull y le diese por incendiar el mundo solo para verlo arder.

Solo algunas redundancias y explicitaciones innecesarias (las últimas frases rescatadas de un discurso real de Margaret Thatcher sobre el capitalismo no hacían falta para que estableciésemos los paralelismos) le impiden llegar al estatus de obra maestra, pero su carácter de asalto neuronal y ataque travieso y violento a las bases sociales la colocan muy alto entre el cine de culto de nuevo cuño, del que dentro de unos años será mítico.



Y para finalizar, la última película que pude ver en el festival y una cuenta pendiente con mi compañero Carlos Fernández, que la atacó sin clemencia a su paso por San Sebastián (siendo de los pocos que no la tragaron, todo hay que decirlo). Y como ya suponíamos los dos, mi opinión sobre la belga EVOLUTION () es justo la opuesta: estamos ante una joya de la ciencia ficción existencial, cuyos parentescos más cercanos hay que buscarlos en el cine de Andrei Tarkovsky (Solaris, Stalker) y sobre todo René Laloux, cuyo El Planeta Salvaje es posiblemente lo más aproximado que hay hasta el momento a esta cinta.

Un pueblo en una isla indeterminada. Solo viven en él mujeres y niños. Parece una localidad normal pero poco a poco vamos viendo detalles que la alejan de la realidad que conocemos: una criatura extraña, una comida asquerosa, unas costumbres inusuales… Es mejor no desvelar el secreto que se esconde detrás de la trama, ir descubriéndolo por uno mismo, porque supone un viaje de inmersión total en lo onírico y abstracto, un viaje en el que solo podemos sobrevivir si dejamos que Lucile Hadzihalilovic nos derribe los conceptos preestablecidos sobre el orden natural y social. La historia nos presenta una evolución alternativa que nos lleva a cuestionarnos nuestro papel en el mundo, nuestra relación con otros seres vivos, pero también los constructos que hemos desarrollado en nuestra sociedad y que entendemos como definitivos: la relación madre-hijo, el amor, el deseo sexual, la madurez…

Se trata de un viaje lento, pausado, lleno de silencios y miradas, que deja mucho aire para impedir que la narrativa se asfixie en la locura, con una elegancia formal llena de imágenes indelebles (Carlos destacaba sus tomas submarinas, yo me decanto por esa orgía en la playa o ese niño en una cuba de líquido, dos imágenes tan estremecedoras como atrayentes) y uno de los finales más demoledores del festival, junto al de la ganadora (The Invitation) y la película inaugural (La Bruja).



Eso ha sido todo en cuanto a las películas. En breve tendremos un resumen con lo mejor y lo peor del festival, los actores, las polémicas, la organización, los espacios, el futuro del festival… Y contaremos para ello con algunas aportaciones de excepción. Sitges no ha acabado todavía para nosotros.

@DamnedMartian

 

Fuente: CINeol | Visitada: 1595 veces


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Comentarios (1)

11:26 - 19/10/2015

caren103

Evolution parece interesante, pero High-Rise es la que me atrae totalmente, más cuando es una temática de candente actualidad desde hace un tiempo (y va a continuar siéndolo; ¿acabará el sistema radicalizándose hasta terminar en feudalismo o se volverá a moderar?).


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