ZINEMALDIA 2026 | Tender Loving Care: Con cariño y con cuidado
Hay películas que parecen llegar a un festival con la intención de competir por un premio y otras que, independientemente de lo que decida el jurado, parecen tener algo de despedida desde el mismo momento en que terminan. Tender Loving Care, la última película de Mike Leigh, pertenece claramente al segundo grupo.
Cuando se anunció que el director inglés competiría en San Sebastián, el propio Leigh comunicó que esta sería su última película. A sus 83 años y con una enfermedad autoinmune que limita considerablemente su movilidad, tampoco ha podido desplazarse hasta Donosti para acompañar la presentación de la que finalmente parece ser su despedida del cine. Y una vez vista la película hay dos cosas que tengo bastante claras. La primera es que Leigh sabe perfectamente cómo despedirse. La segunda, que estamos probablemente ante su mejor película desde El secreto de Vera Drake. No parece una mala manera de cerrar una carrera.
Una película hecha con cariño
Amy trabaja en protección infantil y, después de romper con su pareja, vuelve a vivir con su amiga Rosie. Juntas comparten una vida cotidiana en la que deben enfrentarse a la ira, la frustración y el resentimiento de muchas de las personas a las que intentan ayudar. A su alrededor están también los padres de Amy, que forman parte de esa pequeña red de relaciones que Leigh va construyendo poco a poco. Y durante buena parte de la película no sabemos exactamente hacia dónde quiere llevarnos.
Vemos a Amy trabajar, conocemos a Rosie, asistimos a sus conversaciones, a sus problemas y a sus pequeños momentos de felicidad. Leigh se toma su tiempo para presentar a estos personajes y conseguir que nos importen antes de llevarnos hacia el verdadero conflicto. Ahí está el gran secreto de Tender Loving Care: antes de querer contarnos una historia, Leigh quiere presentarnos a unas personas.
La película podría haber caído fácilmente en el discurso social más evidente. La defensa del trabajo de los servicios sociales, de quienes trabajan en protección infantil o de la sanidad pública está muy presente, y hay conversaciones que en otras manos podrían haber sonado excesivamente discursivas pero Leigh sabe exactamente dónde está la línea que no debe cruzar. El discurso está integrado dentro de los personajes y de sus conversaciones, de manera que nunca tenemos la sensación de estar asistiendo a una lección. El cine social es importante, pero nunca está por encima de las personas que lo protagonizan.
Mirar la vida desde el lado bueno
Una de las cosas que más me han gustado de Tender Loving Care es cómo Leigh se enfrenta a las situaciones más duras sin renunciar nunca a una mirada luminosa. Hay dolor, frustración, enfermedad y problemas familiares, pero también hay humor. Un humor que no busca aliviar artificialmente el drama, sino que forma parte de la propia vida de estos personajes. Porque podemos estar atravesando uno de los peores momentos de nuestra vida y, cinco minutos después, reírnos de cualquier tontería. Leigh entiende perfectamente esa contradicción y consigue que el tono de la película nunca resulte impostado.
Aquí se nota que detrás de la cámara hay un director con más de medio siglo de carrera. Después de películas como Secretos y mentiras, Mr. Turner o Another Year, Mike Leigh parece conocer perfectamente cuánto necesita una escena y cuánto es demasiado. No necesita música manipuladora ni grandes discursos. Muchas veces le basta con un gesto, una pausa o un cambio en la mirada. La naturalidad de sus personajes hace el resto. El secreto está en sus personajes y en el reparto.
Kate O'Flynn y Alice Bailey Johnson están magníficas como Amy y Rosie, dos personajes que consiguen contagiar esa capacidad de mirar la vida desde su lado más positivo incluso cuando sus propias miradas parecen estar contando algo muy diferente. Hay algo precioso en cómo Leigh trabaja esa contradicción: la sonrisa de sus personajes no siempre coincide con lo que vemos en sus ojos.
El reparto funciona además como un auténtico conjunto y, si existiera un premio colectivo de interpretación en este festival, sería difícil encontrar una película que justificara mejor llevárselo. Durante buena parte del metraje simplemente estamos acompañándolos. Compartiendo sus conversaciones, sus problemas y sus pequeñas rutinas. Hasta que Leigh, con una sutileza extraordinaria, nos lleva exactamente al lugar al que quería llevarnos y que conviene no contar demasiado. Porque una de las grandes virtudes de Tender Loving Care está precisamente en que su último tramo funciona mucho mejor si llegamos a él sin saber demasiado. Todo lo que Leigh ha ido construyendo adquiere entonces un nuevo sentido y la película alcanza una intensidad que demuestra por qué el director inglés sigue siendo uno de los grandes narradores de personajes de las últimas décadas.
Una despedida a la altura
Y entonces llega ese plano final. No hace falta explicar demasiado. Leigh sabe que está cerrando una puerta y encuentra una manera preciosa de hacerlo sin necesidad de subrayarlo. Después de más de cincuenta años de cine, resulta difícil imaginar una despedida más coherente con su forma de entender las historias: mirando a sus personajes con respeto y, sobre todo, con una enorme humanidad.
El otro día decía que Growth of the Soil era mi película favorita de la Sección Oficial. Después de ver Tender Loving Care, toca cambiar ligeramente el discurso porque, si hay una película que, por lo que hemos visto hasta ahora, debería estar seriamente en la conversación por la Concha de Oro, es este testamento cinematográfico que nos deja Mike Leigh.
Una cinta que funciona como cine social y como drama familiar, con un reparto de lujo y un guion que nunca necesita levantar la voz para hacerse escuchar. Una película hecha exactamente como indica su título: con cariño y con cuidado. Después de toda una vida haciendo cine, no se me ocurre una forma más bonita de decir adiós.
Porque si hay algo más británico que una taza de té son los Monty Python, y Leigh aplica en esta despedida algo que ellos nos enseñaron: Always Look on the Bright Side of Life.
Escrito por
Professional Film Enthusiast. Redactor en @CINeol. Dicen que fuera de una sala de cine hay vida, pero yo creo que mienten!