Zinemaldia 2026 | Esta soledad: El equilibrio es imposible
Hay películas que hablan de la soledad y otras que consiguen que durante un par de horas nos sintamos un poco solos junto a sus personajes. Esta soledad, la ópera prima de Javier Giner, pertenece a las segundas.
Después del éxito de Yo, adicto, la serie que adaptaba las experiencias del propio Giner recogidas en su libro homónimo, el director cambia completamente de registro, aunque mantiene algunas de las cuestiones que parecen interesarle especialmente: las relaciones familiares complicadas, la dificultad para expresar lo que sentimos y esa sensación de estar perdidos en algún punto de nuestra propia vida.
Leo y Lorea se han querido. Quizá todavía se quieran. Pero después de cinco años juntos algo se ha roto y ahora toca aprender a vivir con el espacio que deja una persona cuando desaparece de tu día a día. Él encadena trabajos precarios mientras cuida de un padre enfermo con el que mantiene una relación marcada por la distancia emocional. Ella intenta sacar adelante su sueño de convertirse en escritora mientras trabaja como camarera y arrastra una relación complicada con su madre. Dos personas agotadas intentando recomponerse con las herramientas, económicas y afectivas, que tienen a mano y quizá por eso resulte tan fácil reconocer algo de nosotros mismos en ellos.
La película comienza con Leo interpretando un monólogo teatral. Cuando termina la función y volvemos al camerino descubrimos que, detrás de ese personaje, hay alguien atravesando el duelo de una ruptura. A partir de ahí, la película se sucede en paralelo, siguiendo los caminos de Leo y Lorea sin volver a hacer que se crucen. Una decisión especialmente acertada porque convierte la ausencia del otro en una presencia constante: aunque ya no estén juntos, sentimos continuamente que cada uno sigue viviendo las consecuencias de aquella relación.
Leo tendrá que enfrentarse a la enfermedad de su padre y posteriormente a su muerte, un acontecimiento que además destapará un secreto familiar capaz de remover todavía más su ya complicada situación. Lorea, por su parte, intenta encontrar un lugar desde el que volver a empezar. Su novela ha pasado sin pena ni gloria, trabaja en aquello que puede y mantiene una relación distante con su madre. Durante una charla en una prisión conocerá a una de las internas y entre ambas surgirá una amistad inesperada y liberadora.
La manera en que Giner y Luisa Matienzo han escrito a estos personajes, hace que la cinta se eleve: no necesitan convertirlos en personas especialmente agradables para que nos importen. Lorea puede resultar incómoda, incluso antipática, durante buena parte del comienzo. Pero esa incomodidad forma parte del personaje. Cuando alguien está completamente agotado y sepultado bajo una avalancha de problemas, no siempre resulta agradable estar a su lado.
Esa incomodidad se hace patente, sobre todo, en la apuesta que hace lapelícula, durante buena parte de su metraje, por un tono dramático, gris y árido que se extiende incluso al paisaje vasco que rodea a sus protagonistas. Apenas hay elementos destinados a aliviar esa tensión y las situaciones dramáticas se van acumulando sin apenas dejar un resquicio para respirar. Es una decisión arriesgada porque puede llegar a cansar al espectador si se mantiene demasiado tiempo al límite. Pero incluso en esa imperfección Giner encuentra uno de los mayores aciertos de Esta soledad: el cuidado con el que trata a sus personajes. Incluso cuando los coloca en situaciones difíciles o se acerca peligrosamente al borde del sensacionalismo, la película nunca utiliza su sufrimiento como espectáculo. Como explicaba el propio Giner después de la proyección, la intención era capturar pequeños momentos de vida y cotidianeidad. No grandes acontecimientos, sino esas pequeñas cosas que terminan construyendo una vida entera.
Sus personajes se equivocan, toman malas decisiones, dicen cosas que no deberían decir y muchas veces no saben cómo pedir ayuda. No son ejemplares ni tienen respuestas. Simplemente siguen intentando avanzar. También ayudan dos personajes que aparecen en sus vidas para introducir algo que hasta entonces parecía prácticamente desaparecido: la ternura.
Uno representa la posibilidad de volver a confiar en alguien. El otro aporta aire fresco, una especie de gasolina emocional para dos personas que llevan demasiado tiempo funcionando en reserva y es ahí donde la película empieza a cambiar ligeramente. No porque de repente todo vaya a salir bien, sino porque sus protagonistas empiezan a comprender que salir de la soledad no significa necesariamente recuperar aquello que perdieron. Quizá significa simplemente permitir que alguien vuelva a acercarse. Aceptar un abrazo. Dejar de pensar que tenemos que poder con todo solos.
Esta soledad no busca cerrar todas las heridas ni ofrecer una solución sencilla. Incluso cuando aparece algo de luz, la película mantiene ese tono vasco, árido y ligeramente incómodo que la ha acompañado desde el principio. Por eso su cierre resulta tan bonito como amargo. Los personajes no han solucionado sus vidas, pero quizá han encontrado una manera diferente de continuar caminando.
En ese camino, Oriol Pla vuelve a estar magnífico. Después de aquel Emmy Internacional por Yo, adicto, demuestra otra vez su capacidad para transmitir muchísimo sin necesidad de verbalizarlo todo. A su lado, Marina Salas está especialmente bien, consiguiendo que detrás de la dureza de Lorea aparezca poco a poco la fragilidad de alguien que no sabe muy bien cómo volver a colocarse en el mundo.
Visto lo visto entre las películas españolas encontradas este año a concurso, Esta soledad podría haber tenido perfectamente un hueco en la Sección Oficial. Pero más allá de festivales y secciones, lo interesante es que Javier Giner ha construido una ópera prima, que a pesar de pequeños tropiezos, derrocha personalidad, honestidad y un amor hacia sus personajes y lo que está contando.
Porque quizá el equilibrio sea imposible pero a veces basta con encontrar a alguien dispuesto a caminar un rato a nuestro lado.
Escrito por
Professional Film Enthusiast. Redactor en @CINeol. Dicen que fuera de una sala de cine hay vida, pero yo creo que mienten!