Zinemaldia 2025. Miradas desde las secciones paralelas.
El Festival de San Sebastián vuelve a mostrarse como un espacio de descubrimiento y diversidad, no solo en su Sección Oficial, sino también en las secciones paralelas donde se construye un diálogo entre cineastas, miradas y públicos. Este año, New Directors, Horizontes Latinos y Zabaltegi han demostrado cómo el cine puede conectar mundos distintos y reflexionar sobre la vida, la identidad y la sociedad desde perspectivas muy distintas, pero con hilos comunes que los unen: la maduración de personajes, la mirada sobre la memoria y la exploración de la marginalidad o lo extraordinario en lo cotidiano.
New Directors: primeras voces, primeras certezas
La sección New Directors volvió a ser este año un escaparate de primeras y segundas películas que exploran, con mayor o menor fortuna, el siempre arriesgado terreno de los comienzos. Entre las trece seleccionadas, muchas compartieron un mismo eje temático: relatos de maduración, coming of age que obligan a sus protagonistas —y, por extensión, al espectador— a enfrentarse a un paso prematuro hacia la vida adulta.
La ganadora, Vægtløs / Weightless de Emilie Thalund, es un buen ejemplo. Lo que parece al inicio un relato luminoso sobre una adolescente acomplejada en un campamento de verano, pronto se convierte en una historia más oscura, cuando la atención de un monitor adulto empieza a corresponder el deseo de la protagonista. Thalund maneja con gran habilidad una línea muy fina entre la ternura y la incomodidad, evitando el morbo y confiando en la fuerza de una puesta en escena cálida y luminosa que contrasta con la tensión de lo narrado. Destaca el trabajo de la joven actriz Marie Helweg Augustsen, capaz de sostener sobre sus hombros la carga emocional de la película.
Por su parte, la mención especial recayó en Aro berria, de Irati Gorostidi Agirretxe, una extensión de su corto Contadores que se adentra en la experiencia de una comunidad tántrica en los años 80. Con una estructura sin arco narrativo y largos rituales filmados con la cámara muy cerca de los cuerpos, la película apuesta por la inmersión sensorial más que por el relato clásico. El resultado es arriesgado y sugestivo para algunos, aunque para otros pueda quedarse en una experiencia tan radical como irregular.
Y entre lo más estimulante de la sección cabe destacar La lucha, de José Alayón, un retrato áspero y conmovedor de un padre y una hija en Fuerteventura, atravesados por el dolor de una pérdida. Pocas palabras, imágenes de una belleza árida y un tempo pausado construyen una película sobre las heridas invisibles y la lucha no solo contra un rival, sino contra uno mismo. La fotografía de Mauro Herce eleva un relato íntimo y profundamente humano que, para muchos, se erigió como lo mejor de la sección.
Horizontes Latinos: miradas al desierto, a la poesía y a la memoria
La sección Horizontes Latinos volvió a ser uno de los espacios más vibrantes del festival. Sus doce títulos reunieron un mosaico de historias que, desde distintos rincones del continente, dialogan con las tensiones del presente y del pasado. En esta edición, el desierto —como lugar físico y simbólico— se erigió en escenario recurrente, y el tránsito entre la adolescencia y la madurez encontró formas muy distintas de expresarse.
La ganadora, Un poeta de Simón Mesa Soto, es un retrato incómodo, irreverente, cómico y radical de un hombre que vive instalado en la impostura. Óscar Restrepo es un perdedor que se resiste a reconocerse como tal, un poeta sin gloria que se aferra a la literatura como tabla de salvación, arrastrando en su deriva a una adolescente con talento. Con un tono punk e irreverente, la película es tan imperfecta como su protagonista, pero coherente con esa apuesta desde el inicio hasta su cierre, que brilla con un poema final de inesperada belleza. Su duración se siente excesiva, aunque queda compensada por la interpretación de Ubeimar Ríos, profesor y poeta debutante que desborda autenticidad.
En Cuerpo Celeste, la chilena Nayra Ilic García se detiene en el verano de 1990, cuando la dictadura llega a su fin y una adolescente ve su mundo resquebrajarse entre pérdidas íntimas y cambios históricos. El contraste entre la vastedad del desierto de Atacama y el encierro emocional de su protagonista, interpretada con un magnetismo hipnótico por la debutante Helen Mrugalski, marca una película de silencios y heridas que dialoga con la memoria de los desaparecidos.
Por último, La misteriosa mirada del flamenco, ópera prima de Diego Céspedes, confirmó lo que ya había apuntado en Cannes: la aparición de un talento mayúsculo. Ambientada en los años 80, es un western queer y fantástico donde una familia acusada de propagar una misteriosa enfermedad enfrenta odio, violencia y prejuicio. Todo encaja aquí: un reparto extraordinario encabezado por la debutante Tamara Cortés, un guion que mezcla ternura, humor y denuncia social, y una dirección que convierte una fábula del pasado en un espejo incómodo del presente.
Zabaltegi: entre lo real, lo mágico y lo marginal
La sección Zabaltegi-Tabakalera, siempre la más libre y arriesgada del festival, volvió a confirmarse como un espacio donde conviven propuestas inclasificables, cineastas consagrados y óperas primas inesperadas. Este año, el premio fue para La tour de glace (The Ice Tower) de Lucile Hadzihalilovic, que sorprendió al ser también su trabajo más accesible hasta la fecha. Ambientada en los años 70, la cinta mezcla un coming of age con un cuento de hadas oscuro en el que cine y realidad se funden hasta lo indistinguible. Hadzihalilovic construye una atmósfera magnética —como siempre áspera y enrarecida— y se apoya en un dúo femenino inolvidable: la debutante Clara Pacini, fascinada por el aura de la Reina de las Nieves, y una enigmática Marion Cotillard, que convierte a su personaje en un objeto de deseo tan gélido como perturbador.
En el terreno de las sorpresas, destacó Urchin, debut en la dirección del actor Harris Dickinson. Podría parecer “otra historia más” de marginación urbana, pero Dickinson la eleva con un estilo personal, un lenguaje sólido y hallazgos narrativos como una brillante elipsis que aporta tanto al avance de la trama como a la construcción emocional. La interpretación de Frank Dillane sostiene el relato de un joven que, pese a las oportunidades, insiste en tomar el camino que lo condena.
Entre las propuestas españolas, Bajo las banderas, el sol de Juanjo Pereira fue otra de las joyas de la sección. Construida únicamente a partir de 120 horas de imágenes de archivo, la película reconstruye la dictadura de Stroessner en Paraguay, una de las más largas del siglo XX, cuyas consecuencias aún se sienten hoy. Sin narración ni voz en off, Pereira deja que las imágenes hablen por sí mismas, mostrando la crudeza y el alcance de la dictadura y recordándonos que, a veces, una imagen vale más que mil palabras. Su enfoque reposado y riguroso dota a la película de una solidez impresionante, convirtiéndola en una experiencia reflexiva y potente.
Zabaltegi reafirmó así su espíritu: un espacio donde caben los márgenes, lo experimental y, sobre todo, las películas que rehúyen etiquetas.
Estas tres secciones paralelas han funcionado como una red de conexiones, donde la mirada sobre la adolescencia, la memoria histórica, la marginalidad y la exploración de mundos cerrados o extraordinarios se entrelazan. New Directors exploró la maduración personal, Horizontes Latinos la memoria y la identidad, y Zabaltegi la libertad formal y la reflexión social. Cada película aporta una pieza del mosaico del festival, demostrando que, más allá de la Sección Oficial, San Sebastián sigue siendo un espacio de diálogo y descubrimiento, donde distintas generaciones de cineastas se conectan con un público dispuesto a dejarse sorprender.
Escrito por
Professional Film Enthusiast. Redactor en @CINeol. Dicen que fuera de una sala de cine hay vida, pero yo creo que mienten!