Venecia 83: Hollywood puede esperar
Sin renunciar al espectáculo, la Mostra pone el foco en los autores europeos y asiáticos ante una edición con menos nombres de Hollywood.
La Mostra vuelve a abrir sus puertas y lo hace con una edición en la que detectamos un pequeño cambio de tendencia. La Mostra de Venecia de este año no presenta la habitual concentración de grandes nombres de Hollywood que en los últimos años había convertido el Lido en uno de los principales escaparates de la temporada de premios. No es que la industria estadounidense haya desaparecido, o se haya borrado del mapa. Pero es evidente que ha perdido peso en una selección que mira con especial interés hacia Europa y Asia.
La competición se abre con Ink, el regreso de Danny Boyle, una elección que el primer día coloca un nombre reconocible en el centro de la conversación. Boyle será, además, uno de los pocos cineastas de la sección que llegan acompañados de ese componente de acontecimiento que tradicionalmente ha caracterizado a las grandes aperturas de la Mostra. Horas después llega George Clooney para recoger el León de Oro a toda su carrera. A partir de ahí toca mirar hacia otros lugares. Y la lista es suficientemente estimulante como para que nadie tenga demasiado tiempo para echar de menos el desfile habitual de estrellas.
Entre los nombres más veteranos encontramos a Werner Herzog, que presenta Bucking Fastard, y a Nanni Moretti, que regresa con Succederà questa notte. También está Martin McDonagh, con Wild Horse Nine, mientras que Cédric Kahn compite con 15/18 (A Place to Heal) y Stéphane Brizé con Un bon petit soldat. Son autores con una trayectoria suficientemente consolidada como para que sus nuevas películas sean, por sí mismas, motivo de interés.

Pero si hay una zona geográfica que parece reclamar nuestra atención en esta edición es Asia. Shinya Tsukamoto aterriza en el Lido con Nelson San, Anata wa Hito wo Koroshimashitaka? (Mr. Nelson, Did You Kill People?); Lee Chang-dong, uno de los grandes nombres del cine surcoreano contemporáneo, llega con Ga-neung-han Sa-rang (Possible Love); y Hirokazu Kore-eda presenta Look Back. Tres cineastas muy diferentes, pero unidos por una manera de entender el cine alejada de las urgencias industriales y siempre atenta a los personajes y sus conflictos.
A ellos se suman la danesa May el-Toukhy, con Kvinde Ukendt (Woman Unknown), y el iraní Ali Asgari, que presenta Kami Nour (A Bit of Light). También despierta curiosidad Dau, de Ilya Khrzhanovsky, y Ritorno a Buenos Aires, de Marco Bechis, cineasta italiano de origen argentino. La selección apunta así a una voluntad de ampliar el mapa y, sobre todo, de confiar en autores cuyas películas no necesitan de una maquinaria promocional gigantesca para generar expectativas. Si se trata de adaptación necesaria para la supervivencia o un cambio de tendencia iniciado por Barbera y su equipo se verá en futuras ediciones.
Eso no significa que falten nombres vinculados a la industria estadounidense. Casey Affleck se coloca detrás de la cámara con Company, mientras que Florian Zeller presenta Bunker. También encontramos propuestas como Primetime, de Lance Oppenheim, o The Echo Chamber, del italiano Andrea Pallaoro, junto a L’Estranea, de Paolo Strippoli, y Un peu avant minuit, de Nicolas Pariser. La sección parece apostar por una combinación de cineastas consagrados y otros que llegan al Lido con la oportunidad de dar un paso adelante en su trayectoria.
Y quizá ahí esté uno de los principales atractivos de esta Venezia 83. La ausencia de una larga lista de superproducciones y nombres de primera línea de Hollywood puede interpretarse como una pérdida de músculo mediático, pero también permite que la conversación se centre en las películas. En una Mostra que lleva años compitiendo con Cannes por convertirse en la gran plataforma europea de lanzamiento de la temporada, el equilibrio parece desplazarse ligeramente hacia el cine de autor. Y, para empezar un festival, no parece una mala noticia.
Notas rápidas al inicio de una nueva edición de la Mostra:
- Como siempre, la Mostra ofrece películas como para llenar cinco semanas de proyecciones, con lo que la primera decisión de cualquier acreditado no es qué películas va a ver. Es qué películas va a sacrificar.
- Tendremos que hablar de Koreeda. Tras presentar en Cannes una cinta “que no estaba mal”, esperamos que la propuesta veneciana nos convenza más.
- Lee Chang-dong. Es el responsable de uno de los filmes favoritos de quien escribe (Burning). Así que, su nueva película es esperada con ansia cinéfila.
- Y sí: muy bien el giro hacia lo autoral. Pero solo tenías una misión para este año, Alberto Barbera. Y esa no era otra que poder ver Dune: Parte Tres en la Sala Darsena. Y luego ya ponernos las gafas de pasta, por supuesto.
Escrito por
Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.