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Venecia 2026. Oasis: Don't Look Back in Anger: el Wonderwall de una reconciliación

Venecia 2026. Oasis: Don't Look Back in Anger: el Wonderwall de una reconciliación
Publicado hace 20 h

La reconciliación de los Gallagher llega a Venecia

Hay documentales musicales que se conforman con ser un Some Might Say del anecdotario de una banda. Y hay otros que entienden que la verdadera historia siempre está en la parte de atrás del escenario. Will Lovelace y Dylan Southern, que ya demostraron con Shut Up and Play the Hits que saben lo que hacen con una banda en su momento más crudo, optan claramente por lo segundo y el resultado es de lo más arrollador que ha dejado esta edición de Venecia.

La película no necesita Cigarettes & Alcohol para generar tensión: basta con reunir a Noel y Liam Gallagher por primera vez en más de quince años en una nave industrial, en la que realizar los ensayos de la gira y dejar que el silencio haga el trabajo. Ahí está la gran baza del guion de Steven Knight, que entiende que esta no es solo la crónica de una gira histórica sino el relato de dos hermanos que llevan media vida sin saber cómo Live Forever sin destruirse mutuamente en el intento.

Lo que sorprende es la ternura con la que está filmado. Adjetivo que una no relacionaría con los Gallagher, al menos de entrada. Pero después de todo lo que ha pasado entre ellos, ver a los dos compartir escenario tiene algo de Champagne Supernova improbable: la sensación de estar presenciando algo que, hasta hace muy poco, nadie daba por seguro. El montaje sabe exactamente cuándo quedarse en el ensayo silencioso y cuándo lanzarse al estadio abarrotado. En esa alternancia el documental encuentra su propio ritmo, casi como una versión extendida de Roll With It aplicada al lenguaje del cine.

Si algo se le puede reprochar es que en algunos tramos se acomoda demasiado en el formato de concert film y pierde algo de la introspección que promete al principio: hay momentos en que parece que la película prefiere Don't Look Back in Anger literalmente, evitando preguntas incómodas que el propio título parecía autorizar a hacer. Pero cuando Liam y Noel hablan, lo hacen de verdad, no solo posan para la cámara. Ahí el documental encuentra su mejor versión, la de dos hombres que han tardado media vida en entender que Wonderwall nunca fue solo una canción, sino una manera de decirse cosas que de otro modo no se habrían dicho nunca.

La película contiene además varias historias paralelas de fans de distintas zonas del planeta. Algo que quizás le resta algo de garra y nervio al montaje de conciertos y ensayos, pero ayuda a poner en perspectiva la importancia de la banda en su momento. Y también la que tiene para una nueva generación de jóvenes que han hecho suyos los temas de la banda.

Al final, lo que queda es la sensación de haber presenciado algo genuinamente emotivo, sin necesidad de grandes epifanías ni de golpes de efecto. Y es que, a veces, basta con Supersonic, con dos hermanos y con una banda que, contra todo pronóstico, ha vuelto para demostrar que algunas heridas sí acaban cerrando.


Escrito por

Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.