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Venecia 2026 – Día 09: NAZA, el silencio ensordecedor de la muerte

Venecia 2026 – Día 09: NAZA, el silencio ensordecedor de la muerte
Publicado hace 2 h

NAZA es uno de esos documentales cuya existencia resulta tan necesaria como incómoda. Dirigido por Yuval Abraham y Rachel Szor, dos de los cuatro cineastas que firmaron No Other Land, junto a Basel Adra y Hamdan Ballal. Además, el proyecto está producido por The Guardian y James Wilson, con Jonathan Glazer como productor ejecutivo, parte del equipo responsable de La zona de interés.

El propio título resulta revelador: NAZA es un término utilizado por la inteligencia israelí para cuantificar el número de civiles que se prevé que morirán en un ataque aéreo. La deshumanización llevada un paso más allá. Convertir la muerte de civiles en una cifra es precisamente una de las ideas que atraviesan una película que se enfrenta a una realidad que sigue sucediendo mientras la estamos viendo.

te un conflicto de esta magnitud y con una carga política tan evidente, la primera virtud de NAZA está en quiénes hablan. El documental recoge testimonios de miembros de los servicios de inteligencia y del aparato militar israelí que participaron o conocieron directamente los sistemas utilizados en las operaciones. Aparecen entrevistados de noche, con las voces y la apariencia alteradas para proteger su identidad, porque aquí lo importante es el relato. Y también la pausa. Los directores dejan que cada revelación vaya seguida del silencio necesario para que el espectador pueda asimilarlas y ser consciente del peso de cada afirmación. No hay necesidad de subrayar determinadas declaraciones: basta con dejar que permanezcan unos segundos en el aire.

Pero NAZA no es un documental de bustos parlantes. Las entrevistas se combinan con imágenes de archivo que permiten situar las declaraciones dentro de un contexto político y militar más amplio. Y existe una decisión visual especialmente poderosa: mientras escuchamos testimonios sobre los mecanismos de la violencia en Gaza, la cámara observa desde los tejados la vida nocturna de Tel Aviv. Gente que sale, calles iluminadas, una ciudad que continúa con su normalidad cotidiana. Gaza está a menos de 100 kilómetros, pero la distancia que establece la película no es únicamente geográfica. Es también la distancia entre quienes viven una vida aparentemente normal y quienes sufren las consecuencias de las decisiones tomadas a unos pocos kilómetros.

Sobrio, preciso y sin renunciar a una clara voluntad cinematográfica, NAZA es un documental valiente. También es una película que, idealmente, no debería existir. Pero mientras la violencia continúe y mientras la muerte pueda convertirse en una cifra dentro de un sistema, parece necesario que alguien se siente frente a quienes participaron en él y les pregunte cómo llegaron hasta allí.


Escrito por

Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.