Venecia 2026 – Día 08: DAU, el hombre frente al abismo
Culminación de la obra de Ilya Khrzhanovskiy. Una locura hecha cine.
Hay proyectos cinematográficos que consiguen despertar curiosidad mucho antes de que uno pueda sentarse a ver el resultado. El caso de DAU es especialmente llamativo. Ilya Khrzhanovskiy lleva más de veinte años desarrollando una epopeya cinematográfica que nació de su interés por la física soviética y por los científicos que participaron en la construcción de la bomba atómica. El proyecto llegó a rodar durante años con miles de participantes y construyó un universo propio para recrear aquella sociedad. Siempre me ha atraído especialmente el desarrollo de DAU, proyecto con el que Khrzhanovskiy se asoma al abismo como autor. La película con la que cierra la epopeya permite revisar ese mundo durante 195 minutos (más un intermedio).
La primera parte es visualmente apabullante. El montaje es ágil y el trabajo de cámara, ambicioso, alternando momentos en los que la cámara prácticamente se pega a los personajes, con otros en espacios abiertos donde el encuadre y la distancia los empequeñecen. Esa oposición resulta fundamental: dentro del instituto, estos hombres tienen un estatus elevado y una autoconciencia de su propia genialidad casi apabullante; fuera de él, se convierten en figuras indistinguibles dentro de un sistema que los supera. La cámara pegada transmite además una sensación de vigilancia constante, mientras que la distancia convierte al individuo en una pieza más del mecanismo. Khrzhanovskiy construye así una película en la que la composición visual no ilustra la historia, sino que ayuda a definirla.
El sexo aparece como una forma de liberar la rabia y el miedo al que se enfrentan los personajes. El acercamiento a los cuerpos es consecuentemente violento, brusco, incómodo. Tras el intermedio DAU se torna en algo más gris. La degradación de todos los componentes del Estado y la violencia endémica van ocupando cada vez más espacio, mientras Dau se autodestruye prácticamente a la misma velocidad que todo lo que le rodea se pervierte. La película deja entonces de mirar a un científico excepcional para observar cómo un sistema basado en el poder, la vigilancia y la violencia acaba contaminando todo. Es una transición menos espectacular, pero quizá más inquietante.
DAU es oscura, excesiva, promiscua y atravesada por el miedo. Es una obra enorme, casi inabarcable, construida con una ambición que por momentos parece querer competir con su propio objeto de estudio. Y, sin embargo, también es cautivadora. Hay momentos en los que el dispositivo se vuelve tan poderoso que resulta difícil apartar la mirada. Khrzhanovskiy no parece interesado en hacer una película cómoda ni fácilmente digerible. Para el espectador, puede que no resulte posible abarcarla del todo. Pero es inevitable dejarse atrapar por ella.
Escrito por
Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.