Venecia 2026 – Día 07: autores en búsqueda de su voz personal
Florian Zeller vuelve a Venecia con Penélope Cruz y Javier Bardem en una película que tiene todos los ingredientes para funcionar, pero que no lo logra. Casey Affleck tampoco acaba de convencer, pero tiene mucho más que decir
Bunker: Zeller sigue sin encontrar su voz autoral
En 2020 debutó en el cine Florian Zeller con The Father, una película que obtuvo muy buenas críticas y que significó el segundo Oscar para Anthony Hopkins. Después llegaría El hijo y el batacazo aún resuena. Para su tercera película, Bunker, Zeller parece haber hecho como esos alumnos que se aprenden de memoria todas las respuestas posibles para aprobar el examen, pero que en realidad no han aprendido nada de la materia. Sobre el papel ha seleccionado todos los ingredientes necesarios: matrimonio en crisis, un arquitecto tentado por el dinero, un millonario que quiere construirse un búnker y unas cuantas reflexiones sobre desigualdad, privilegios y miedo al futuro. Pero la salsa no termina de espesar.
La película está protagonizada por Penélope Cruz y Javier Bardem, pareja icónica en la vida real y matrimonio en la ficción. Él interpreta a un arquitecto al que ofrecen diseñar un búnker para un millonario tecnológico. Su indecisión sobre aceptar el encargo deja al descubierto algunas heridas de una relación de diecisiete años. Cruz está un punto por encima, defendiendo con solvencia a un personaje con más aristas, mientras Bardem tira demasiado de carisma para construir el suyo. Y el problema está en parte ahí: en confiar un proyecto a la evidente química de sus protagonistas y a su buen hacer, pero no darles una dirección, o una escritura de personajes, sobre la que se basaba.
El problema es que la pareja por antonomasia del cine español tiene que enfrentarse a un libreto tramposo que no aprovecha el estado de gracia de sus intérpretes. Zeller tiene claro qué quiere contar y se empeña tanto en que lo entendamos que acaba explicándolo todo. Y en ocasiones, reitera la explicación. Esto tiene un efecto que, sin duda, es el contrario al que buscaba el director. El espectador no ha de hacer ningún esfuerzo, se encuentra todo desmenuzado. Y acaba perdiendo el interés, sino la atención. El búnker, el matrimonio, la desigualdad, el aislamiento: todo funciona como metáfora de algo que la película se encarga inmediatamente de subrayar. Y así, una historia que podría haber encontrado fuerza en sus personajes termina convertida en un ejercicio demasiado aplicado. Bunker se sabe todas las respuestas, pero parece haber olvidado hacerse preguntas.
Company: el valor de contar historias
Hay algo en Company que conecta directamente con Light of My Life (también dirigida por Casey Affleck en 2019): esa América profunda de personajes aislados en parajes poco habitados y, sobre todo, la importancia de los cuentos, de las historias que pasan de unos personajes a otros y que terminan adquiriendo una vida propia. Casey Affleck construye aquí varias historias entrelazadas y, a diferencia de Florian Zeller, parece interesado en dejar que la película avance sin explicarlo todo. No busca epatar constantemente y, cuando finalmente descubrimos el misterio que sostiene el relato, la revelación se siente orgánica, no como un truco de guion colocado para provocar un golpe de efecto.
El reparto hace un buen trabajo. Encabezado por Adelaide Clemens, Ben Mendelsohn y Scoot McNairy, quizá resulta demasiado comedido como para convertirse en el tipo de interpretaciones que suelen llamar la atención de un jurado. Affleck dirige bien a sus actores y demuestra que estas historias de cocción lenta parecen ser su hábitat natural. El principal problema de Company es más una cuestión de pulso: la primera parte tarda un poco en coger ritmo y, aunque la superposición de las distintas tramas funciona, el empeño por evitar el efectismo provoca en ocasiones soluciones cinematográficas correctas pero con menos impacto del que probablemente busca en el espectador.
Aun así, Company convence más que Bunker. Affleck confía en sus historias y en sus personajes, mientras Zeller parece demasiado preocupado por asegurarse de que entendamos las suyas. Puede que Company no termine de tener la fuerza necesaria para dejar una huella profunda en la competición, pero al menos sabe que no todas las historias necesitan levantar la voz para resultar interesantes.
Escrito por
Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.