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Venecia 2026. Día 06: Look Back, aprender a mirar

Venecia 2026. Día 06: Look Back, aprender a mirar
Publicado hace 19 h

Hirokazu Koreeda se reconcilia con Venecia y firma una película sobre la infancia, la creación artística y el momento inevitable en el que dejamos de ser niños.

Tras la decepción que supuso Sheep in the Box, estrenada en el último Festival de Cannes, Hirokazu Koreeda se ha plantado en Venecia con una película que demuestra que sigue siendo uno de los grandes relatores de la infancia en el cine contemporáneo. Look Back devuelve al realizador japonés a un territorio que conoce bien, pero lo hace desde una perspectiva ligeramente diferente: aquí crecer también significa crear, competir, descubrir el propio talento y enfrentarse, antes o después, a las consecuencias de convertir aquello que amas en una parte fundamental de tu vida.

Adaptación del manga de Tatsuki Fujimoto, la película se aleja de los niños robot de su anterior trabajo para regresar a personajes de carne y hueso. Koreeda demuestra, una vez más, su extraordinaria mano para la dirección de actores infantiles y para trabajar con un reparto eminentemente femenino, algo que ya había explorado con sensibilidad en Nuestra hermana pequeña. Pero si algo eleva especialmente esta propuesta es su manera de acercarse al proceso creativo. Al arte de dibujar. Lápiz, carboncillo, punta fina, ordenador y tableta gráfica: la cámara sigue cada trazo con una atención casi hipnótica, convirtiendo el acto de crear en una experiencia cinematográfica.

Porque Look Back habla de arte, pero también del conflicto que inevitablemente puede acompañarlo. De la competición, de la admiración y de la necesidad de encontrar una voz propia. Y, sobre todo, de cómo ese proceso de exploración y crecimiento artístico hace que sus protagonistas se vayan haciendo mayores casi sin darse cuenta. Koreeda observa esa transformación con la misma delicadeza con la que filma sus relaciones, sin necesidad de convertir cada descubrimiento en una gran revelación.

Tras un giro de guion que, por supuesto, no vamos a desvelar aquí, la película adquiere un tono más sobrio que en ningún momento traiciona lo que había construido anteriormente. Si de Lee Chang-dong destacábamos ayer su extraordinario equilibrio en el manejo de los tiempos, a Koreeda hay que reconocerle aquí su dominio del aparato audiovisual para introducirnos por completo en el viaje de sus protagonistas. La puesta en escena, el ritmo y la propia evolución visual de la película terminan acompañando a unas niñas que están descubriendo que crecer implica, inevitablemente, aprender a mirar de otra manera.

Es difícil no pensar por momentos en Hayao Miyazaki y en su manera de observar la infancia. Pero Koreeda deja claro su respeto por el maestro sin caer en la cita ni en la sensiblería. Hay emoción, mucha, pero nunca manipulación. Y quizá sea ahí donde Look Back encuentra su mayor virtud: en la capacidad para hablar de la pérdida sin olvidar nunca todo aquello que hizo valioso lo que se ha perdido.

Debería estar en el palmarés del sábado. Pero si no lo está, nosotros ya nos hemos quitado la espina que dejó Cannes en mayo. Y Koreeda nos ha regalado, además, una de las secuencias más hermosas que hemos visto últimamente: una niña corriendo bajo la lluvia que…

Bueno. Mejor vedla.


Escrito por

Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.