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Venecia 2026 – Día 05: la trampa del mecanismo

Venecia 2026 – Día 05: la trampa del mecanismo
Publicado hace 1 d

Una mañana desigual y, en cierto modo, decepcionante: dos propuestas muy diferentes que terminan compartiendo un mismo problema, el de quedar excesivamente encorsetadas por sus propios mecanismos audiovisuales.


Woman Unknown: el peso del pasado

May el-Toukhy llega a Venecia como la única mujer que dirige en solitario una película de ficción de la competición oficial, una circunstancia que resulta tan llamativa como poco halagüeña para la Mostra. Woman Unknown nos traslada a la Dinamarca posterior a la Segunda Guerra Mundial, un país en el que el espíritu de revancha contra los colaboracionistas propicia ajustes de cuentas y una violencia que también recae, de manera especialmente cruel, sobre las mujeres. En ese contexto conocemos a una joven que ha conseguido caer de pie: de niñera a prometida de un empresario viudo que, a su manera, también ha sabido sobrevivir a los tiempos. El problema es que las pequeñas mentiras y omisiones con las que ha construido su nueva biografía amenazan continuamente con devolverla al lugar del que intenta escapar.

La película acierta al no explotar algunas de sus subtramas. Están ahí para mostrarnos la fragilidad de la posición de su protagonista, pero darles un peso mayor habría supuesto caer en un sensacionalismo que El-Toukhy evita conscientemente. La interpretación de Mathilde Arcel y la puesta en escena funcionan, aunque en algunos momentos la sobriedad termina jugando en contra de la película: la propuesta visual es tan solemne y fría que acaba restando eficacia a un relato que necesitaba algo más de vida. Una película correcta y respetuosa con su material, pero de una directora cuyos trabajos para televisión nos han resultado, hasta ahora, bastante más convincentes.

The Echo Chamber: cuando el mecanismo se agota

También llegaba a la competición Andrea Pallaoro, cineasta italiano que ya había pasado por Venecia con Medeas y Hannah, regresa ahora con The Echo Chamber, una película construida prácticamente como un laboratorio emocional. El punto de partida permite, además, disfrutar de dos intérpretes a los que siempre es un placer ver en pantalla: Alicia Vikander y Luca Marinelli. En esta historia de dependencias de distinta naturaleza, ambos están a un buen nivel, pero el juego de la habitación del eco entre sus personajes termina agotando sus posibilidades bastante antes de llegar al giro dramático final.

Y es una lástima, porque hasta entonces Pallaoro había construido todo un ejercicio de pericia técnica. Prácticamente toda la acción transcurre en un piso, con ninguna salida al exterior, que solamente es observado desde una de sus ventanas.

El cine ha demostrado que el espacio cerrado puede convertirse en un extraordinario aliado: La trinchera infinita (Aitor Arregi, Jon Garaño y José Mari Goenaga, 2019) hacía de su encierro el corazón mismo del relato; otras propuestas han llevado la radicalidad espacial en direcciones completamente distintas. Aquí, sin embargo, el mecanismo acaba imponiéndose a la historia.

El giro final, de tan forzado, ha provocado incluso alguna que otra risa en la Sala Darsena. El agotamiento de la fórmula y ese desenlace terminan lastrando una película que tenía elementos suficientes para funcionar mucho mejor. Y quizá sea una pena especialmente para Marinelli, cuya interpretación podría haberlo colocado en la conversación por algún premio interpretativo. Habrá que verlo. La mañana deja una sensación clara: a veces el problema no es tener una idea formal demasiado ambiciosa, sino no saber cuándo dejar de mirarse en ella.

Escrito por

Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.