Venecia 2026 – Día 04: Sucederá esta noche. El amor es cuestión de tiempo
El regreso de Nanni Moretti a la competición de Venecia demuestra que hay autores capaces de traducir las casualidades, las oportunidades perdidas y el paso del tiempo en una forma de hacer cine.
Moretti es uno de los nombres habituales de Cannes, donde ha construido buena parte de su relación con los festivales y ha obtenido algunos de los reconocimientos más importantes de su carrera. Por eso su presencia en la competición de Venecia tiene algo de acontecimiento. Sucederá esta noche marca su regreso al Lido casi cuatro décadas después de Vaselina Roja, y lo hace con una película que es puro Moretti: relaciones sentimentales, personajes que siempre llegan tarde a algún sitio, una mezcla muy particular de humor y melancolía.
La película va claramente de menos a más. Al principio los personajes parecen negarse a sí mismos la profundidad que después adquieren, instalados en un tono casi de sitcom televisiva. Pero basta con el abrir y cerrar de unas puertas de acceso a la terminal de un aeropuerto para que la película encuentre la línea argumental que buscaba. A partir de ahí la desarrolla con oficio y buen gusto. El guion juega con las oportunidades, las casualidades, ese momento exacto que casi nunca coincide con el nuestro en el que algo puede suceder. Incluso el amor necesita, nos dice Moretti, llegar en el momento adecuado. Un “Io credo nell'amore” del realizador, que en tiempos de tanta violencia un bálsamo para el espectador
Louis Garrel funciona como una suerte de alter ego del propio director, una lectura difícil de evitar conociendo su cine. Menos evidente, aunque igualmente sugerente, es pensar en Jasmine Trinca como heredera de aquellos personajes femeninos que durante años acompañaron el universo sentimental del cineasta, normalmente interpretados por Margherita Buy.
San Sebastián aparece en la película de manera más accidental que incidental, aunque tampoco importa demasiado. Moretti no filma una ciudad para que el espectador reconozca sus monumentos: tampoco convierte Roma, cuando la historia transita por ella, en una postal turística. Prefiere los espacios que sus personajes necesitan, lugares al servicio de la historia antes que de la mirada del viajero. Una decisión coherente con una película que nunca parece demasiado interesada en impresionar desde fuera, y que encuentra su fuerza precisamente en la intimidad.
El reparto funciona muy bien, sobre todo en la vertiente cómica que Moretti sigue manejando con precisión, aunque poco a poco vaya dejando espacio a la sabiduría que (a veces) trae la edad. Destacan también el montaje de Clelio Benevento y una selección musical que vuelve a demostrar la importancia que la música tiene en su cine. En cuanto a la partitura de Alberto Iglesias, es reconocible pero no es el trabajo más inspirado del compositor. Correcta, pero no eleva la película en ningún momento. Todo resulta podría ser “muy Moretti”, pero quizá ahí esté la diferencia: no parece interesado en repetirse sino en mirar desde otro lugar.
Escrito por
Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.