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Tim Burton: Parte III

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Irulan, 12/08/2005

OTRA VUELTA DE TUERCA
Y lo que hizo este sin par director fue de nuevo sorprendernos, esta vez con una ¿comedia? En 1996 llegó Mars Attacks, quizá a película más incomprendida de Burton. Concebida como un chiste, como una broma, no fue entendida en los EE. UU., país que no se caracteriza precisamente por la capacidad de autoparodia ni de espíritu crítico que rezumaba el film.
En una época donde el cine de catástrofes vivía una nueva edad de oro (con títulos como Armageddon o Independence Day) Mars Attacks se nos presenta como una versión gamberra del típico film de invasiones extraterrestres (que no como una parodia, como tantos han dicho). Nacida del encuentro de Burton con el guionista Johnathan Gems, que propuso al director una idea sacada de una colección de cromos editada por una compañía de chicles y que tenía precisamente ese nombre y a los mismos protagonistas (marcianos verdes de enorme cerebro), la película es una obra coral de amplísimo reparto que muestra las repercusiones de una invasión marciana sobre la Tierra, sobre cientos de estadounidenses (no olvidemos que los EE. UU. son el centro del mundo) de todas las clases: desde el mismo presidente de la nación, hasta un cantante, una presentadora de televisión, un millonario de Las Vegas o una familia humilde,... Y para ello contó con un reparto excepcional, encabezado por un Jack Nicholson que se reservó dos papeles (en lo que podría ser un guiño al Peter Sellers de Teléfono Rojo, Volamos Hacia Moscú –Stanley Kubrick-, una película con la que tiene muchas más cosas en común, como el espíritu satírico) y acompañado por Glen Close, Danny DeVito, Pierce Brosnan, Sarah Jessica Parker, Michael J. Fox, Rod Steiger, Martin Short, Lukas Haas, una jovencita Natalie Portman y el mismísimo Tom Jones haciendo de sí mismo en un hilarante papel. Junto a ellos, la breve aparición de Lisa Marie (como sesuda y sexy marciana), segunda esposa del director (que desde entonces gusta de mostrar a sus mujeres en breves papeles en sus películas). Aparte de ello, los cuidados efectos especiales corrieron a cargo de la conocida Industrial Light And Magic, y es que aunque en un principio Burton había querido utilizar marionetas y la técnica stop-motion de nuevo, el alto número de planos con efectos le obligó a recurrir a las imágenes generadas con ordenador.
Sin embargo, y como se ha dicho, el film tuvo una acogida muy fría en su país de origen, cosa que no sucedió en Europa donde fue una de las comedias más exitosas de la temporada gracias quizá al boca a boca.
Y tras él, de nuevo otra sorpresa, aunque mucho más agradable que la anterior: Sleepy Hollow (1999), que contó además con la producción ejecutiva de Francis Ford Coppola. Fue esta una adaptación muy libre del cuento gótico La Leyenda de Sleepy Hollow de Washington Irving (1820), que a su vez ya había visto una versión descafeinada y animada realizada por la Disney unos años atrás. La historia es de todos conocida: un jinete sin cabeza aterroriza al pueblo de Sleepy Hollow, acabando con algunos de sus ciudadanos más ilustres. El peculiar agente Ichabod Crane es enviado desde la ciudad para investigar los asesinatos, mas allí descubrirá que sus métodos racionalistas quizá no le ayuden como pensaba. Para este papel Burton contó de nuevo con Johnny Depp, sin duda actor fetiche del director, que supo ajustar al personaje el toque Hammer que necesitaba, ese punto casi humorístico que desgraciadamente muchos no entendieron. Y ya que se menciona a la Hammer, nada más comenzar el film vemos en una pequeña aparición a una gran estrella británica: Christopher Lee. Además, el reparto también cuenta con una de las musas del indie: Cristina Ricci (Buffalo 66), y con otros nombres destacados como Miranda Richardson (Spider), Christopher Walken (Annie Hall ) o Jeffrey Jones (en su tercera colaboración con el director tras Bitelchús y Ed Wood). Sin contar con la inevitable presencia de Lisa Marie, quien poco después de divorciaría del director. Estéticamente es una de las obras cumbre de Burton, poseyendo una puesta en escena, una fotografía, unos decorados y un diseño de vestuario impecables, de una oscuridad y un tenebrismo abrumadores. Es, simplemente, perfecta. Oscar a la Dirección Artística de Rick Heinrichs.

Además la cinta obtuvo un gran éxito de crítica y público (recordemos además que en esa época el terror adolescente estaba en boga con la saga Scream de Wes Craven o las –más absurdas si cabe que las anteriores- películas Sé lo que hicisteis el último verano), cosa que hace más extraña todavía la siguiente decisión cinematográfica del director: el remake de El Planeta de los Simios.
Era esta una película clave de la ciencia-ficción de todos los tiempos. Dirigida por Frankyn J. Sachffner en 1967 y protagonizada por el otrora grande Charlton Heston cuenta además con uno de los finales más espectaculares de la Historia del Cine, y es sin duda un clásico, un mito, una obra de culto. El por qué un estudio quiso hacer un remake todavía hoy cuesta entenderlo, pero seguramente pensaron que si en su día fue un gran éxito, ¿por qué no lo sería ahora? Y claro, ya se sabe cómo gusta a los hollywoodienses jugar sobre seguro.

El Planeta de los Simios (2001) es esa pequeña gran mancha en la filmografía de este director, y a todos nos gustaría pensar que no es de él, que él en realidad no hizo nada (aparte de lo que le mandaron). Porque lo que sí que sabemos es que este es un trabajo de encargo, de esos alimenticios que todo el mundo tiene que hacer de vez en cuando, de esos a los que te obliga el contrato. No se puede dudar que Burton fuera fan de la primera película, pues lo era, y quizá por eso, sabiendo que el original no era mejorable, decidió alejarse de él, escudarse en el libro (escrito por Pierre Boulle) y hacer su propia “versión” de los hechos. Aunque ni siquiera fue Burton la primera opción de los productores, su nombre apareció tras otros como James Cameron (Titanic), Chris Colombus (Harry Potter y la Piedra Filosofal), Sam Raimi (Spiderman), Peter Jackson (El Señor de los Anillos) o Michael Bay (Pearl Harbour).
El reparto de la película conjugaba grandes actores con otros mucho más mediocres que quizá estaban allí por cuestiones meramente “estéticas”. Así el nuevo protagonista es Mark Wahlberg (de quien sólo se puede recomendar la fabulosa Boogie Nights de Paul Thomas Anderson), un actor limitado como pocos, y junto a él la guapa Stella Warren (que por no ser no era ni actriz) y otros nombres mucho más interesantes como Tim Roth (Rob Roy, Paul Giamatti (Entre Copas) o Helena Bonham Carter (Una habitación con vistas, y además nueva mujer en la vida del director) interpretando a los simios, quizá lo mejor del film, lo más real y lo más logrado. Y es que poco más se puede decir de este título, que cosechó un gran éxito en las taquillas de todo el mundo pero estuvo acompañado de malas críticas, decepciones de los fans y hasta polémica (y es que Kevin Smith –Clerks- llegó a decir que el final estaba copiado de un cómic suyo). Eso sí, pensemos que quizá es a El Planeta de los Simios a quien debemos el siguiente proyecto de Burton...
Y es que de nuevo el director se embarcó en otra película de corte mucho más personal. Sin abandonar la adaptación literaria que siempre le ha acompañado (y ha hecho que se nos revele como uno de los mejores adaptadores de nuestros tiempos, alguien que sabe captar la atmósfera de los libros que sigue, que es capaz hasta de aportarles capítulos nuevos), esta vez su mirada se fijó en una pequeña novela escrita por Daniel Wallace: Big Fish, la historia de Edward Bloom, un hombre que en su vida no supo (o no quiso) distinguir entre realidad o ficción. Big Fish (2003) cierra así la que se podría llamar Trilogía de los Eduardos (si pensamos que antes teníamos a Eduardo Manostijeras y a Ed Wood), y devuelve al director a ese tipo de cine que es el que mejor hace: el de nombre propio. De nuevo nos cuenta la historia de un hombre, de un outsider, de alguien que no encaja y decide buscar otro camino. Sin embargo esta vez incorpora algo nuevo: el drama familiar. La película así nos presenta a Ed Bloom (excepcional Albert Finney, como excepcional está Jessica Lange como su esposa) en la cama a punto de morir. Su hijo (Billy Cudrup, Casi Famosos), con el que apenas tiene relación, va a visitarle, y allí intenta conocer al que fue su padre de verdad. De esta manera nos encontramos con varios flashbacks que nos presentan al joven Bloom (esta vez en la piel de Ewan MacGregor, Trainspotting) en diferentes episodios de su vida, siempre en situaciones extrañas y mágicas. Y así la película se convierte en un precioso y tierno cuento, en un viaje de ida y de vuelta. Todo ello con una estética colorista y hermosa que coloca a Burton de nuevo en lo más alto.
Así, pudimos comprobar el retorno de uno de los mejores directores de nuestro tiempo, quien con este título demostró estar en plena forma. Cosa que esperemos que se corrobore en este 2005 para el que el director tiene preparadas dos películas. Primero llegará a nuestras pantallas su adaptación de Charlie y la Fábrica de Chocolate, un cuento maravilloso de Roald Dahl protagonizado por Johnny Depp y que ya vio una versión cinematográfica en los años setenta. Y tras ella llegará The Corpse Bride, un relato más siniestro realizado con la técnica stop-motion que tanto le gusta a Burton y en el que oiremos también a Johnny Depp junto a Helena Bonham Carter. Por las imágenes vistas en los trailers de los dos films, la cosa promete.