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Seminciando 2010: Disfunciones y medio ambiente

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José Hernández, 26/10/2010
El frío ha llegado a Valladolid, aunque los castellanos no parecen haberse percatado, porque mientras yo voy con gorro y abrigo, todavía se ve a gente en manga corta por la calle. Tres cosas a destacar: al entrañable Carlos Pumares peleándose con una mujer de Intermón al grito de "deje a los negritos tener la religión que quieran"; los cubos de comida que ponen en algunos restaurantes; y lo agradable que es poder tener conversaciones cinéfilas con personas anónimas sobre las películas que se han visto. Por algo he repetido este año.

Pero dejemos las anécdotas y vayamos de lleno a la Sección Oficial, que este año parece tener un tema recurrente: la familia. De eso trata la canadiense À l'Origine d'un Cri, una película que no pasará a la historia ni por lo bueno ni por lo malo. Técnicamente es impecable, tiene algunas buenas ideas en lo visual y en lo narrativo, e incluso se puede decir que los actores están perfectos. Sin embargo, es una cinta vacía y aburrida. El guión es demasiado monótono, redundando continuamente en los mismos conflictos sin desarrollarlos a lo largo de sus excesivos 112 minutos, o rompiendo el ritmo al detenerse en conversaciones farragosas que poco aportan, y que a veces ponen en palabras lo que el director no sabe mostrar a través de la imagen o el relato. Además, el punto de partida de la trama nunca está suficientemente justificado, teniendo en cuenta que Robin Aubert busca que simpaticemos y entendamos a este viudo que huye con el cadáver de su esposa, desencadenando un argumento que gira en torno a las frustraciones de una familia que aparentemente lo tiene todo, pero que en realidad se siente abandonada. El resultado final: un filme insustancial en su contenido pero rodado de forma competente, para el que un café puede ser imprescindible.

Y si bien esta cinta ha provocado indiferencia entre el público, lo contrario se puede decir de la española La Mosquitera, que ha levantado comentarios para todos los gustos e incluso cierta polémica. La película coge el testigo que dejó el año anterior La Isla Interior, al contar una historia de personas disfuncionales en un ambiente cotidiano, aunque la película de Agustí Vila es todavía más radical. Con un estilo que mezcla el drama y la comedia negra, y que recuerda a Todd Solondz en más de un momento, la cinta es tan excesiva en la amoralidad de sus personajes como contenida en su forma. De nuevota familia es la columna vertebral de la cinta, y hacia esta institución se dirigen sus cargas de profundidad, ya que se plantea como algo nocivo y corrupto, sometido a las pulsiones y caprichos de los miembros que la componen y a su incompetencia en materia educativa. El problema de la película estriba en su escasa cohesión, ya que cada personaje tiene su vivencia individual sin que influya para nada en los demás, lo que hace que el conjunto carezca de solidez narrativa. Es como una colección de cortos entrelazados vagamente, en lugar de un largometraje con todas las de la ley. Y como ocurre en estos casos, algunas de las historias son más interesantes y con más contenido que otras, quedando una cinta algo irregular, aunque encomiable. Es más que posible que arañe algún premio entre el jurado.

La última cinta familiar de la Sección Oficial es la danesa En Familie, que fue una de las sorpresas del día. Y lo fue porque con ese argumento (un patriarca enfermo de cáncer terminal y cómo la enfermedad afecta a su esposa y sus hijos), parecía que iba a ser un dramón lacrimógeno de los que te dan ganas de suicidarte después. Pues no. Pernille Fischer Christensen evita cargar las tintas y presenta la historia de forma sencilla y directa, lo que la convierte en un drama honesto y refrescante sobre un tema tan dado a los excesos. Gracias a esta mano sutil y firme, la cinta supone un retrato lleno de sensibilidad sobre los conflictos vitales que se presentan en cualquier situación de la vida, y sobre la forma en la que los sucesos cercanos pueden cambiarnos. Dicho en otras palabras: lo que importa en el filme no es el cáncer, sino la forma en la que este mal transforma la dinámica de la familia y descubre cosas de los personajes en su forma de enfrentarse a esta tragedia. Aún es más, el final es liberador y optimista sin recurrir a elementos externos. Por ponerle una pega, el filme podría haber potenciado más la mezcla entre momentos alegres y tristes para entroncar más con el discurso del patriarca (parafraseando, "la vida son momentos duros y felices, y ninguno de ellos tiene valor sin los otros"), ya que están hasta cierto punto separados en dos mitades. Así que sin ser una obra maestra, es una película muy destacable. Y aunque estamos a martes todavía, ya pueden ir llamando a Jesper Christensen para que venga a Valladolid, porque la Espiga de Plata está cantada.
Ayer también pude ver al fin dos películas de la otra sección paralela, Tiempo de Historia. Ambas comparten un tema y unas intenciones similares: la defensa del medio ambiente. Sin embargo, los resultados no pueden ser más opuestos.

La castaña del festival se la lleva por ahora el largometraje propagandístico Think Global, Act Rural, de la francesa Coline Serreau. Como evidencian los aplausos de su pase público, gustará a aquellos que elogian cualquier cosa con formato de documental porque asumen que todo lo que se dice es cierto sin pararse a pensar en las tonterías que están oyendo, lo cual lamentablemente incluye a la mayoría del populacho. En realidad es un engañabobos rodado de forma amateur, con el valor cinematográfico de un vídeo casero entre amiguetes y más o menos la misma perspicacia informativa. Su alegato a favor del cultivo ecológico está tan lleno de falacias conceptuales, fallos de lógica, argumentaciones débiles, falsedades, medias verdades, comparaciones descabelladas, información poco fiable y gazapos que haría falta una disección escena a escena para criticar en toda su extensión el despropósito de lo que se plantea. Si cada vez que Serreau presenta un testimonio experto de dudosa fiabilidad y nula objetividad, o evita plantear una pregunta evidente que podría poner en cuestión sus postulados, o edita de forma cutre y flagrante un testimonio para que parezca más coherente, si cada vez Dios matase a un gatito, los ratones celebrarían su liberación final invadiendo el mundo. Y todo ello, unido a un discurso feminista tan maniqueo, trasnochado y metido con calzador que parece que estemos ante un vídeo de reclutamiento de una secta.
Sólo hay algunos tramos y entrevistados aprovechables en todo este panfleto, principalmente cuando toca el tema de los tejemanejes de las grandes compañías con el comercio de semillas. Sin embargo, quien quiera saber de este tema y de todo lo que este documental pretende tratar con más seriedad, objetividad, profundidad y acierto, que se vez Food, Inc. y evite esta bazofia. Así evitará argumentos tan iluminadores como "tras la Segunda Guerra Mundial comenzó la Revolución Verde de los pesticidas; hoy en día dos campesinos se suicidan cada hora en el mundo". Si eres de los que encuentran la relación lógica en esa frase, esta película es para ti.

Para todos los demás que quieran ver algo hecho para informar y abrir los ojos sin tratar al espectador como un imbécil que se traga cualquier cosa está GasLand. Se trata de una obra de factura clásica para el género, estructurada como una road movie por la ‘tierra del gas’ estadounidense. El debutante Josh Fox acumula en este recorrido una gran cantidad de testimonios de personas afectadas por el ‘fracking’, una técnica de extracción de gas natural altamente contaminante para el agua y el medio ambiente, y sin embargo legal y sin restricciones. Pero no sólo de casos particulares vive el documental, si bien en cierto momento resultan excesivos. También hay entrevistas con expertos, análisis científicos, datos en bruto sacados de resoluciones legales y gubernamentales, una explicación de cómo funciona la industria… Es decir, todo lo que uno puede desear en un documental para considerar que su director ha hecho los deberes y quiere concienciar al público a través de hechos, no de opiniones. Su principal defecto está en que Fox no es un cineasta profesional, y como tal sus recursos fílmicos son limitados, a veces peca de ingenuo en su investigación y otras rueda de forma muy poco elaborada. Sin embargo, eso no anula sus virtudes, e incluso le da cierto encanto a la cinta por la humildad y honestidad con la que su director expone sus argumentos y preocupaciones, con una contención alejada del estilo Michael Moore. No es una obra fundamental, pero sí una llamada de atención necesaria y bien construida.
Y eso es todo por hoy. Para mañana dejo la mejor película que se ha visto hasta ahora en el festival, una de esas que te deja tan tocado que como no le den un premio, estoy por quemar el Teatro Calderón. Si es posible, con Flipy dentro. Y esta noche, esperemos que el Murcia venza al Madrid, que sé que no tiene nada que ver con el cine, pero a uno le pueden las raíces y el espíritu de Alcorcón.