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Reflexiones de un guionista en Sitges. Parte VIII: Opus

Reflexiones de un guionista en Sitges. Parte VIII: Opus
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Carlos García Porcel, 01/11/2025

En esta seré breve: No man is an island, y no película can be reviewed por sí sola (me desdigo de lo que comenté en El Hombre Menguante).

Venía de una buena racha: películas aceptables, películas buenas, películas que me daban ganas de escribir sobre ellas. Y cuando ves buen cine, el cuerpo lo nota. Pero entonces llegó Opus (escrita y dirigida por Mark Anthony Green), y volví a los mismos lugares de siempre: los tics de música extraña, la estética preciosista pero vacía, el mal rollo gratuito.

Fue como volver a ver Blink Twice o Midsommar. Películas que se mueven en una calma incómoda y que, en algún momento se desatan en violencia, sangre y gratuidad.

No me malinterpretéis: Opus es visualmente interesante. A ratos (muchos ratos) es tan bizarra como el personaje de John Malkovich, el villano de la función. Está plagada de secundarios definidos con tres pinceladas bien trazadas, donde, curiosamente, el personaje menos interesante es Ariel, su protagonista. Me fascina cómo en EE. UU. los cómicos se transforman en estrellas del drama —Ayo Edebiri, en este caso—.

La moralina final es obvia: no esperemos que el mal esté encerrado entre cuatro paredes. El mal está en todas partes. Incluso en quienes idolatramos. Está entre nosotros, también en nuestros retuits indignados. Y sí, al amplificar ciertos discursos, podemos convertirnos en parte del problema.

Pero me frustra el camino que el autor decide tomar: el del mal rollo por el mal rollo, el de personajes que actúan con una estupidez forzada, el de finales ambiguos que, si los piensas dos veces, resultan inverosímiles. En definitiva, el copiar y pegar las malas costumbres del género.

No es lo que espero de una ópera prima. Entiendo que uno quiera ser conservador en su primer proyecto: asegurar una película vendible, que no se quede en dos festivales y ya. Pero entonces, ¿Dónde está la voz de Mark Anthony Green como autor? ¿Qué lo hace especial? ¿Qué lo convierte en “el elegido” para dirigir Opus? Me intriga cómo se pasa de editor de GQ a firmar una película con A24.

En definitiva, Opus apuesta todo a la estética y deja de lado la coherencia interna y las promesas que va sembrando. Como guionista, me deja con más preguntas que respuestas. Y no de las buenas.