Possible Love: la aparente facilidad de los grandes
Ocho años después de «Burning», Lee Chang-dong regresa con una película de casi tres horas que confirma algo que ya sabíamos: pocos cineastas contemporáneos dominan el tiempo y sus personajes como él.
Han pasado ocho años desde que Lee Chang-dong presentara Burning en Cannes. Y aunque me resulte difícil ponerle pegas a Un asunto de familia, de Hirokazu Kore-eda, ganadora de la Palma de Oro aquel año, sí fuimos muchos los que lamentamos la ausencia de la película surcoreana en el palmarés. Ocho años después, el realizador regresa con Possible Love y la Mostra tiene ahora la oportunidad de evitar cometer un error parecido.
Casi tres horas de película en las que Lee Chang-dong vuelve a adentrarse en algunos de los territorios que han definido su cine: las diferencias de clase, la precariedad que se esconde tras determinadas industrias y las relaciones humanas atravesadas por circunstancias que sus protagonistas apenas pueden controlar. A partir del despido de un hombre y de las consecuencias que ese acontecimiento provoca en su entorno, la película va tejiendo una compleja red de relaciones en la que los vínculos personales y las desigualdades sociales terminan revelándose inseparables.
El director surcoreano sabe que la pausa es fundamental. Que una escena no tiene por qué terminar cuando el espectador ha comprendido la información que contiene. Hay que dejarla respirar, permitir que los personajes continúen existiendo unos segundos más allá de lo estrictamente necesario. Lee controla los ritmos como pocos cineastas contemporáneos y Possible Love vuelve a demostrarlo. Buena noticia, además, que Netflix esté detrás de la producción no parece haber alterado en absoluto su manera de entender el cine. La película mantiene esa confianza absoluta en el tiempo, en la observación y en la inteligencia del espectador.
Junto a una fotografía que parece no perder detalle de cuanto sucede dentro y fuera del encuadre, el montaje encuentra un equilibrio admirable: muestra sin resultar evidente y esconde sin ser tramposo. Todo está dispuesto para que el espectador vaya descubriendo las relaciones entre los personajes a su propio ritmo, sin que la película necesite subrayar constantemente sus intenciones. Es un cine de precisión, pero nunca de exhibición.
También el reparto entiende perfectamente esa contención. Cho Yeo-jeong, a quien buena parte del público descubrió internacionalmente con Parásitos, junto a Jeon Do-yeon construyen dos interpretaciones llenas de matices y terminan convirtiéndose en el verdadero motor de la película. El reparto masculino no se queda atrás. Resulta especialmente significativo volver a ver a Sol Kyung-gu a las órdenes de Lee Chang-dong, después de haber trabajado juntos en Peppermint Candy y Oasis. Pero aquí son ellas quienes dan forma a la historia. La semilla de todo el relato puede estar en el despido del personaje de Sol Kyung-gu, pero es la dinámica que se establece entre las protagonistas, sus contradicciones y su evolución la que termina construyendo Possible Love.
Si hay una pega que ponerle, cuesta denominarla así, es precisamente que todo funciona con una naturalidad tan absoluta que por momentos parece sencillo. Cada pieza encaja, cada silencio encuentra su lugar y cada personaje termina ocupando el espacio exacto que necesita. Pero que algo parezca fácil no significa que lo sea. Al contrario: pocas cosas resultan más difíciles que conseguir que una película de casi tres horas fluya con esta precisión, esta elegancia y esta aparente falta de esfuerzo.
Lee Chang-dong ha vuelto. Y la Mostra haría bien en no mirar hacia otro lado.
Escrito por
Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.