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El Descenso de la Muerte (Descansa en paz Robert Redford)

El Descenso de la Muerte (Descansa en paz Robert Redford)
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Álvaro de Paz, 17/09/2025

Nunca vi a un personaje suyo tambalearse ante una mujer, hasta que apareció Camilla Sparv en pantalla. Redford despliega su encanto, pero ella permanece intacta, inmune a su magnetismo. Tras este rechazo descubrimos algo nuevo en él: la vulnerabilidad de un héroe que, por primera vez, no consigue ganar.

Mike Nichols no le pudo dar el papel de El graduado cuando después de pasar un fin de semana con Redford conociéndose, le preguntó: ¿Tú qué haces cuando una mujer te dice que no quiere nada contigo? A lo que este respondió: no entiendo tu pregunta. Nichols terminó ese casting diciéndole: Por eso no puedes ser el protagonista de mi película.

El personaje de Jason Alexander en Seinfeld volvía del baño de un restaurante de NY en una divertida secuencia de la serie diciendo: Hoy vas a tener una gran cita, porque me he mirado al espejo y hoy me siento Robert Redford.

Es tal el legado icónico que deja Redford que el tipo de bigote que mi padre y que tantos otros padres llevaron el día de su boda y durante los años venideros se lo deben a "Dos hombres y un destino. Cuando estaban preparando Butch Cassidy and the Sundance Kid, George Roy Hill (el director) quería que uno de los dos protagonistas llevase bigote para diferenciar mejor sus personalidades en pantalla. Paul Newman y Robert Redford se apostaron quién lo haría. Al final, Redford perdió la apuesta y fue él quien lo llevó durante la película.

Redford aceptó (medio en broma, medio por apuesta) y Sundance Kid quedó con ese bigote que luego se hizo icónico. Lo curioso es que Redford al principio odiaba llevarlo, pero terminó siendo copiado por varias generaciones de varones de todo el mundo que querían ser como él.

Y precisamente fue ese papel el que lo cambió todo, al día siguiente del estreno su cara cubría las portadas de todas las revistas y periódicos del país y ya nada fue igual para ese chico californiano que de joven llegó a mendigar monedas pintando cuadros en Montmartre, pasó temporadas en Italia, Grecia, con su familia en Mijas en la costa del sol española… cuenta que un día estaba solo en su buhardilla cochambrosa del barrio bohemio más famoso de París y dijo mirando al techo: si ahora me muero nadie se va a enterar y a nadie le va a importar. La muerte de su madre siendo el aún muy joven le devastó para siempre.

Años después esta reflexión cumple los cánones perfectos del gran sueño americano cuando pudo ser presidente de los Estados Unidos, pero prefirió apoyar otras candidaturas que nunca llegaron a buen puerto. Queda claro que entre él y Reagan en un hipotético enfrentamiento en las urnas el voto femenino habría decantado una victoria para “nuestro aspirante”. Como en la película El candidato, donde un joven audaz gana las elecciones del estado de California contra todo pronóstico y descubre los enjambres superficiales que esconde la política de primer nivel inmiscuyéndose en una loca carrera hacia porque no “la casa blanca.”

En el universo de Watchmen (el cómic original de Alan Moore y Dave Gibbons y sus continuaciones), Robert Redford se convierte en presidente de los Estados Unidos. En el cómic de 1986, Richard Nixon sigue en el poder durante décadas gracias a que en este universo las leyes y la influencia del Dr. Manhattan se lo permiten. Después de Nixon, es Redford quien gana la presidencia. No aparece en persona en el cómic original, pero sí se menciona como posible sucesor. La idea se desarrolla más en la serie de HBO (Watchmen, 2019), ambientada en ese mismo universo: allí, Redford lleva más de 30 años en la Casa Blanca. Su presidencia se retrata como progresista en lo social, con políticas de reparación racial (“Redfordations”), aunque algunos lo ven como un político excesivamente paternalista y criticado por perpetuarse en el poder. Es un giro curioso: Redford, símbolo liberal y de integridad en la vida real, convertido en un presidente casi eterno dentro de la distopía de Watchmen.

En los años 90, durante la presidencia de Bill Clinton, hubo una propuesta real para que Redford se incorporara al gobierno en un cargo relacionado con medio ambiente o cultura. Sin embargo, este lo rechazó públicamente. Redford dijo que no se veía como político profesional y que su fuerza estaba en el activismo y en el cine, no en la burocracia.

Siempre dejó claro que prefería influir desde fuera, a través de su Sundance Institute, de su activismo ecologista y de su papel como figura pública con credibilidad.

En entrevistas de esa época comentó algo como: “Si entrara en política, me convertiría en una parte del problema. Prefiero ser libre para decir lo que pienso.”

Redford nunca quiso estar en el ojo del huracán, quizás porque en su día a día ya era ese huracán cada vez que se dejaba ver públicamente. Pudo complicarse la vida como su personaje de Los tres días del cóndor. Donde un hombre normal, sin preparación para la acción, de repente se ve desbordado por un mundo de violencia, asesinatos y traiciones que no entiende. De analista encerrado en una oficina pasa a fugitivo en la calle, intentando sobrevivir contra un sistema que lo supera.

La película denuncia los excesos de las agencias de inteligencia, la manipulación política y el coste humano de los juegos de poder. ¿Quizás nos estaba lanzando una señal sobre lo que le estaba pasando en su vida de ciudadano normal? ¿Por qué no dio el paso del que siempre pareció estar cerca? ¿Dónde empieza la realidad y donde el personaje de sus películas? ¿O es que quizás interpreta en sus películas lo que no pudo o no quiso hacer en la vida real? y si es al revés…

El decidió vivir en las montañas como Jeremiah Johnson. En la ficción se cuenta la historia de un soldado cansado de la guerra y de la vida en sociedad que decide retirarse a las Montañas Rocosas en busca de paz y libertad. Allí se convierte en trampero, aprende a sobrevivir en soledad y, poco a poco, entra en contacto con la naturaleza salvaje y con las tribus nativas.

Al final, Jeremiah Johnson es una especie de balada sobre el precio de la libertad y sobre la imposibilidad de escapar del todo de la condición humana. Es un western crepuscular disfrazado de epopeya naturalista: la historia de un hombre que quiso ser leyenda y acabó convertido en mito. Es de nuevo el espejo donde miramos a nuestro héroe, el cruce entre la vida y sus personajes.

Comparto completamente un comentario que leí ayer sobre una de las primeras veces que más hondamente me impresionó uno de sus personajes. Fue Un Diamante al rojo vivo, de Peter Yates, que vi de niño en la tele, no recuerdo la edad. La película me encantó, y recuerdo que su final me pareció particularmente maravilloso, hasta el punto de comentarlo al día siguiente en el recreo. Recuerdo que pensé: esto es la vida, esto es la felicidad, quiero ser este tipo.

EL AMOR SENTIMENTAL Y EL AMOR MADURO

En “Tal cómo éramos” sentí hasta el tuétano cada contradicción inmadura del rubio estudiante perfecto de Hubell Gardiner y su intento de amor imposible hacia el personaje de Barbara Streisand. Entiendo demasiado bien las razones del enamoramiento de su personaje en “Intimo y personal” donde Tally Atwater, el personaje interpretado por una bellísima Michelle Pfeiffer de una joven ambiciosa que sueña con ser presentadora de televisión, topándose a Robert Redford- Warren Justice, un veterano periodista curtido, brillante pero marcado por las decepciones de su carrera.

Cuando se conocen, él la toma bajo su ala profesional, la guía y la forma. Poco a poco, lo que empieza como mentoría se transforma en una relación amorosa profunda. Su relación no es un romance de juventud, sino un amor adulto, lleno de complicidad, respeto y vulnerabilidad.

Él ve en ella la frescura y la pasión por el oficio que él ya ha perdido; ella encuentra en él la sabiduría, la experiencia y una ternura que no esperaba.

De nuevo la realidad de su vida se cruza con la de su cine, este film no es solo un romance hollywoodense, sino un retrato de cómo dos personas en diferentes etapas de su vida encuentra en el otro la madurez, el respeto y el refugio emocional que necesitaban.

Robert Redford estuvo casado primero con Lola Van Wagenen (1958-1985). Tras divorciarse, años más tarde rehízo su vida con la que es su última mujer. Sibylle Szaggars (pintora y artista alemana). A finales de los años 90, cuando ella rondaba los 40 años y Redford tenía unos 60. Se casaron en julio de 2009 en Hamburgo. En ese momento ella tenía 52 años, mientras Redford tenía 72 años. La diferencia de edad entre ambos es de 20 años exactos.

Hoy esta persona está llorando su muerte igual que Tally Atwater, el personaje de Michelle Pfeiffer lloró amargamente su muerte en Íntimo y personal o el de Meryl Streep interpretando a Karen Blixen, en uno de los mejores romances de la historia del séptimo arte, Memorias de África. De nuevo otro amor imposible que termina condenado a muerte a nuestro héroe y por ende a los dos amantes…

LA HISTORIA DE AMOR IMPOSIBLE

Karen y Denys se enamoran profundamente, pero su relación está condenada por sus diferentes formas de entender la vida: Karen busca estabilidad, un hogar, un amor duradero. Denys representa la independencia absoluta, el no querer pertenecer a nadie ni a nada. El contraste entre la necesidad de arraigo de ella y la vocación de libertad de él hace que su amor sea tan hermoso como imposible.

Karen y Denys se enamoran profundamente, pero su relación está condenada por sus diferentes formas de entender la vida: Karen busca estabilidad, un hogar, un amor duradero. Denys representa la independencia absoluta, el no querer pertenecer a nadie ni a nada. El contraste entre la necesidad de arraigo de ella y la vocación de libertad de él hace que su amor sea tan hermoso como imposible. (Este podría ser el resumen de mis últimos años de vida)

Memorias de África es tanto una elegía sobre un amor imposible entre dos almas distintas, inmortalizado en la memoria de quien lo vivió, como la realidad de incontables parejas a lo largo de todos los tiempos.

Detengo mi escritura y pienso en alto, mientras suenan los acordes de John Barry en mi cabeza en esta “crónica de urgencia” sobre la muerte de uno de mis referentes.

Para unos era el más guapo, para otros el segundo más guapo, pero para todos un actor enorme.

Me ciño a mi realidad y para ello estoy entrado en el salón de mi casa, donde Redford aparece repetidas veces. Empezando por un enorme cuadro enmarcado en oro de El gran Gatsby, el amor más doloroso que un hombre de categoría clase A puede procesar.

Ese amor se convierte en una obsesión para Gatsby, que como Redford aun teniéndolo todo proyecta en Daisy no a la mujer real, con sus debilidades y contradicciones, sino a un ideal imposible de alcanzar. Al final, ese amor se revela como algo destructivo y trágico: Gatsby muere solo, engañado por la ilusión de un amor que nunca existió tal y como él lo soñaba.

¿Quién no ha vivido alguna vez en su vida en la misma película mental de el gran Gatsby?

En plena cultura de amores interactivos advertimos que una maravillosa novela escrita por F. Scott Fitzgerald en 1925 habla de los mismos miedos que vive en la actualidad cualquier persona en este nuevo mundo artificial. Seguimos andando por el salón, donde me encuentro con un cuadro en la entrada de “El candidato” que me mira cada vez que entro en casa como riéndose de mi mascando una enorme bola de chicle. En otro lugar tengo un poster de una obra maestra llamada El golpe

La considerada como película perfecta por un tan Fernando Fernán Gómez.

Newman y Redford, Redford y Newman. ¿Cómo con solo dos películas, juntos pueden haber conseguido la unanimidad de todas las generaciones? Su muerte abre y cierra una época; la época dorada de cuando el público iba a ver una de Robert Redford o una de Paul Newman. Hoy los dos hombres más bellos del siglo están otra vez juntos preparando un nuevo golpe.

Newman era para Redford un hermano mayor; Redford, para Newman, la frescura eterna. Su complicidad; una complicidad hecha de miradas y sonrisas. Las cuales convirtieron sus dos films en clásicos eternos. Porque final, sus películas no hablaban de robos y dinero, sino de la magia de la vida, pero sobre todo de una cosa: la verdadera amistad.

Ambos visteis en vida morir a vuestros hijos. Anthony de muerte súbita infantil, James de cáncer y Scott de sobredosis. Seguro que ahora os están sonriendo cuando han visto que habéis vuelto a casa.

La pantalla se ha congelado, dos ladrones de bancos, pistola en mano y heridos están sitiados por el ejército boliviano. No vemos su muerte, porque nunca morirán, solo la instantánea heroica de dos amigos eternos lanzándose valientes hacia su destino.

FIN

OSCURO