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Cannes 2026. Día 3: elegancia y artificio en dos formas de entender el relato

Publicado hace 12 horas
Cannes 2026. Día 3: elegancia y artificio en dos formas de entender el relato

El tercer día de competición confirmó lo que la selección ya insinuaba: que este Cannes tiene madera de edición memorable. Dos propuestas de dos viejos conocidos del certamen que suben el nivel. Y, para contentar a nuestro editor, rememoramos el evento del día: la alfombra roja de Fast & Furious.

FatherlandPawel Pawlikowski

Ocho años después de Cold War, Pawlikowski regresa a la Croisette y lo hace como era de esperar: en blanco y negro, con una historia de Europa rota y con una contención formal que en otros resultaría frialdad y en él es precisión quirúrgica. Fatherland explora la relación entre el escritor Thomas Mann —Premio Nobel, interpretado por un soberbio Hanns Zischler— y su hija Erika, actriz, escritora y piloto de carreras, a la que da vida Sandra Hüller. El marco: 1949, Guerra Fría, un viaje en Buick negro desde Frankfurt occidental hasta Weimar oriental, a través de una Alemania en ruinas que ya no sabe si pertenece a unos o a otros. La nueva Alemania nos muestra la dificultad de despojarse de los restos del nazismo.

La película es bellísima en lo audiovisual y en lo técnico, con un posicionamiento político claro y sutil que nunca necesita subrayarse. Si se le puede achacar algo es que roza lo excesivamente austero, cuando la capacidad de Pawlikowski está más que probada. Pero la austeridad aquí es una elección con consecuencias: los pocos diálogos pesan exactamente lo que deben. Destaca una escena en la que la cámara sigue los detalles de varias esculturas en un escape onírico que, de tan fascinante, se nos hace corto. Las interpretaciones son sublimes —Hüller, que ya lleva un año extraordinario, añade aquí otro registro a una filmografía que no para de crecer—.


Histoires parallèles Asghar Farhadi

Farhadi vuelve a rodar en francés basándose en el Episodio VI del Decálogo de Kieślowski para construir una historia donde la ficción literaria diluye las fronteras que la separan de la vida real de sus personajes. Isabelle Huppert es Sylvie, una escritora que espía con telescopio a sus vecinos del edificio de enfrente —entre ellos Vincent Cassel, Virginie Efira y Pierre Niney, que trabajan en un estudio de sonido— y que contrata a un joven asistente (Adam Bessa) que terminará enredando a todos en consecuencias que nadie previó. Catherine Deneuve aparece en una escena como la editora de Sylvie. Esa escena, casi justifica la existencia de la película.

Farhadi juega con el material original para darle un aire más ligero, pero la película plantea cuestiones muy pertinentes: aquí sí encontramos un estudio fino de la fragilidad masculina, con reacciones demoledoras —la de Cassel en una de las últimas escenas es devastadora— y una reflexión incómoda sobre lo peligroso que resulta querer entrometerse en la vida de los demás. Una película menos ligera de lo que aparenta y muy entretenida, aunque su tramo final se embrolla demasiado y estira en exceso algunas relaciones entre personajes. Farhadi lleva cinco intentos por la Palma sin conseguirla. Puede que esta tampoco sea la ocasión. Estamos ante una de esas películas que parece mejor mientras la ves que cuando empiezas a pensarla un poco después.

Y cuando parecía que la Croisette se entregaba por completo a la contención y el perfil bajo, apareció la alfombra roja de Fast & Furious para recordar que Cannes también sabe jugar a ser Cannes. Vin Diesel hizo acto de presencia como patriarca de la familia más resistente del cine contemporáneo —ni la física ni el sentido del ridículo han podido con ellos— y se llevó unos focos que, por un momento, parecían mirar más a Los Ángeles que a la sección oficial.

No hubo grandes sorpresas ni momentos destinados a romper internet, pero sí ese punto de espectáculo un poco excesivo que siempre se agradece entre tanto plano fijo y tanta contención emocional. Un recordatorio de que, entre auteurismo y dramas existenciales, también hay espacio para coches imposibles y estrellas que saben exactamente a lo que han venido: a dejarse ver.

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Escrito por

Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.