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Cannes 2026. Día 08: Minotaur o la película del Festival

Cannes 2026. Día 08: Minotaur o la película del Festival
Publicado hace 17 horas

Cuando ya estaba aprendiendo a decir "Felicidades por la Palma de Oro" en rumano, llegó Andrey Zvyagintsev para complicarme los deberes.

Primero, el contexto, porque importa. En 2020, el director de Leviatán y Sin Amor contrajo una forma devastadora de COVID que lo mantuvo en coma durante cuarenta días y le impidió caminar durante casi un año. Fue tratado en Alemania. Cuando salió de la clínica se instaló en París y decidió no regresar a Rusia mientras el país sostenía una guerra que le avergonzaba. Nueve años después de Loveless, exiliado y sano, ha vuelto a Cannes con Minotaur. Y ha vuelto, permitidme decirlo sin más rodeos, con la película que ha de definir esta edición.


Lo que parece y lo que es

La sinopsis de Minotaur habla de Gleb (Dmitriy Mazurov), director de una próspera empresa rusa. Estamos en septiembre de 2022. La cinta nos introduce en su vida acomodada junto a un lago con su mujer Galina (Iris Lebedeva) y su hijo adolescente, nos muestra las presiones profesionales que se acumulan y como la sospecha de una infidelidad empieza a corroerlo por dentro. Leída así, suena a drama doméstico de corte clásico —y lo es, con Zvyagintsev adaptando libremente La mujer infiel de Claude Chabrol—. Lo que la sinopsis no dice es que estamos ante un thriller político de una precisión quirúrgica.


Porque en septiembre de 2022 Rusia ha anunciado la movilización militar y el alcalde ebrio de la ciudad exige a Gleb una lista de trabajadores a los que está dispuesto a sacrificar, literalmente, en el frente. La guerra no aparece en pantalla pero está en cada conversación, en cada silencio, en cada decisión que toman los personajes. Zvyagintsev utiliza la dinámica de esta familia acomodada —el tráfico de influencias, el abuso de poder, la lealtad que se compra y se vende— para mostrarnos cómo funciona el Estado ruso desde dentro. La familia como modelo en miniatura del sistema. Lo perturbador es que la extrapolación no requiere ningún esfuerzo por parte del espectador: está ahí, evidente y nunca subrayada.


El prodigio formal

El aparato audiovisual de Minotaur es impecable. No hay un movimiento de cámara de más ni una secuencia que sobre. Zvyagintsev y su habitual director de fotografía Mikhail Krichman construyen encuadres de una belleza que no busca ser admirada sino ponerse al servicio de la historia: lo que queda fuera de campo es tan importante como lo que vemos. Buen trabajo en el montaje de sonido, en el que los silencios pesan tanto como los diálogos. Un montaje ágil, permite captar todos los detalles sin demoras innecesarias.

Las interpretaciones están a la altura de la puesta en escena. Mazurov construye a Gleb como un hombre que se cree dueño de sus decisiones hasta que descubre que nunca lo ha sido, mientras que Lebedeva tiene la difícil tarea de encarnar a alguien cuya opacidad podría llevarnos a confundir frialdad y supervivencia. Los dos convencen.

Minotaur se siente completa y compacta. No le falta ni le sobra nada. Es, para quien escribe y con todo lo que llevamos de competición, la película más redonda de esta edición.

Así que iremos ensayando: Поздравляю с Золотой пальмовой ветвью, Andrey. (Felicidades por la Palma de Oro, Andrey.)

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Escrito por

Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.