Cannes 2026. Día 05: Querido Bardem
El duelo interpretativo propuesto por Sorogoyen ha convencido en La Croisette.
El ser querido — Rodrigo Sorogoyen
As Bestas llegó a Cannes en 2022 en la sección Cannes Première —fuera de competición—, pero Thierry Frémaux no ha ocultado nunca su admiración por la película. La presencia de Sorogoyen en la competición oficial de 2026 tiene mucho de deuda saldada: el siguiente paso lógico para un director cuyo nombre, como dijo el propio Frémaux, “ya figura en el mapa del cine mundial”.
El ser querido es un salto distinto, más interior que As Bestas: una película dentro de una película, un rodaje en Fuerteventura como campo de batalla emocional. Javier Bardem —que ya sabe lo que es triunfar en Cannes, donde ganó la Mejor Interpretación en 2010 con Biutiful— encarna a Esteban Martínez, director de renombre que regresa del exilio en Nueva York para rodar un drama de época sobre el Sáhara español y que decide contar con su hija, a quien da vida Victoria Luengo, como protagonista, pese a trece años de distanciamiento y cuentas sin saldar. Sorogoyen y su habitual colaboradora Isabel Peña en el guion navegan ese terreno con pulso firme. El resultado final es una cita con buen pulso, que dibuja muy bien lo que se dice y lo que no. Llaman la atención los cambios de formato entre el rodaje de la película —Desierto, el drama colonial que están filmando— y el drama que viven: un recurso que se entiende pero que no siempre se nota como algo justificado.
El prólogo es de antología: una secuencia larga, rodada en plano/contraplano, en la que padre e hija se reencuentran por primera vez en trece años en un restaurante de Madrid —y que fue también el primer encuentro real entre Bardem y Luengo ante la cámara—. Victoria Luengo nunca ha estado mejor: aguanta cada pulso con Bardem con temple. Bardem entrega un trabajo intenso y creíble, una persona que oculta sus remordimientos tras una fachada de hombre fuerte. Hay papeletas para el premio de interpretación, claro.
Los secundarios están a la altura de los principales, y eso ya es decir mucho. Raúl Arévalo y Marina Foïs destacan especialmente. La fotografía de Álex de Pablo, la banda sonora de Olivier Arson y el montaje de Alberto del Campo completan una película técnicamente impecable y de argumento que no cae en excesos dramáticos. La evolución de Sorogoyen es indiscutible y la sensación de que no ha tocado techo le confirma ya como un realizador que comparte mesa con lo más granado de nuestra filmografía.
Escrito por
Fincheriana (en plena crisis de identidad) replicante de la familia Corleone.