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Atlàntida Mallorca Film Festival 2026. La soledad también habla mallorquín

Atlàntida Mallorca Film Festival 2026. La soledad también habla mallorquín
Publicado hace 5 h

Hay películas que hablan de grandes acontecimientos y otras que encuentran lo extraordinario en lo cotidiano. Las dos propuestas de la sección Talent Balear del Atlàntida Mallorca Film Fest parecen pertenecer a esta segunda categoría. Desde lugares muy diferentes, La Carn de Joan Porcel y Forastera de Lucía Aleñar exploran la soledad, la identidad y la necesidad de encontrar un lugar en el mundo. Dos películas que confirman que Mallorca sigue siendo un territorio fértil para nuevas miradas cinematográficas y que ese lema tantas veces repetido de “una illa de cinema” está más vivo que nunca.


Dos obras que, además, llegan avaladas por importantes reconocimientos en festivales nacionales e internacionales y que apuestan por alejarse de los caminos más convencionales para construir un cine íntimo, contemporáneo y profundamente personal. Dos maneras distintas de afrontar la pérdida, el aislamiento y la búsqueda de conexión que terminan dialogando entre sí hasta conformar uno de los grandes atractivos de esta edición del Atlàntida.


La Carn: cuando las pantallas intentan llenar el vacío

Joan Porcel da un paso más en su trayectoria con su primera incursión en la ficción, aunque sin renunciar a un lenguaje híbrido en el que realidad y representación conviven de forma orgánica. La Carn sigue a Lluís Garau, un joven bailarín que prepara una performance inspirada en una plataforma de videollamadas aleatorias, mientras su proceso creativo acaba contaminando su propia vida.

Uno de los grandes aciertos de la película reside precisamente en esa convivencia entre la ficción y el documental. Porcel acompaña a su protagonista durante los ensayos, los viajes y las representaciones de la obra hasta el punto de que, por momentos, resulta imposible distinguir dónde termina una dimensión y comienza la otra. Una propuesta que abraza el cine experimental sin perder nunca de vista a sus personajes.

Formalmente, la película dialoga con los nuevos lenguajes audiovisuales. Gran parte del metraje transcurre a través de la pantalla de un ordenador, integrando videollamadas, ventanas digitales y redes sociales como parte natural de la puesta en escena. Pero bajo esa apariencia tecnológica late una reflexión mucho más profunda sobre una generación permanentemente conectada que, paradójicamente, encuentra en esas mismas pantallas una forma de combatir la soledad.

Quizá el único aspecto discutible sea la aparición de un determinado elemento argumental, cuya irrupción resulta algo brusca y puede percibirse como un recurso más efectista que verdaderamente necesario. Es un pequeño tropiezo dentro de una propuesta valiente, visualmente muy cuidada y que demuestra una notable personalidad autoral. No es casualidad que la película llegara al Atlàntida tras conquistar los premios a Mejor Película y Mejor Actor en la sección Zonazine del Festival de Málaga.


Forastera: aprender a despedirse para poder seguir adelante

Si La Carn habla de la soledad del presente digital, Forastera mira hacia otra mucho más íntima: la que deja la pérdida de un ser querido. El debut de Lucía Aleñar inauguró oficialmente el Atlàntida Mallorca Film Fest después de un recorrido internacional que la llevó a obtener el Premio FIPRESCI en Toronto y el Premio Pilar Miró a la Mejor Dirección Española en la Seminci de Valladolid.

La historia sigue a Cata, una adolescente que presencia la inesperada muerte de su abuela durante unas vacaciones familiares en Mallorca. Incapaz de gestionar el duelo y quizá intentando proteger a su abuelo del dolor, comienza a ocupar el lugar de la fallecida en un inocente juego de disfraces que poco a poco irá desdibujando las fronteras entre la realidad, la memoria y los roles familiares.

Zoe Stein vuelve a demostrar el enorme talento que ya había apuntado en trabajos anteriores, acompañada por dos intérpretes de la talla de Lluís Homar y Nuria Prims, cuya presencia dota de enorme calidez al relato. Aleñar dirige con sensibilidad una historia sobre la aceptación de la pérdida que encuentra algunos de sus mejores momentos precisamente cuando introduce pequeños destellos de humor nacidos de lo insólito de la situación.

Especialmente interesante resulta el uso del idioma como elemento narrativo. El título de la película va adquiriendo nuevos significados conforme avanza la historia y el cambio del castellano al mallorquín se convierte en una herramienta tan sutil como eficaz para reflejar la transformación interior de la protagonista y la identidad del personaje que decide habitar.

Visualmente, Forastera luce una fotografía muy cuidada, aunque en ocasiones resulte deudora de otros coming of age estivales recientes del cine español. Donde sí encuentra una voz plenamente propia es en su mirada al duelo, construyendo un final de enorme belleza poética en el que lo cotidiano y lo espiritual terminan fundiéndose para recordarnos que quizá nadie desaparece del todo mientras permanezca en la memoria de quienes lo quisieron. El guion acusa alguna irregularidad, especialmente en una trama secundaria de amor de verano que nunca termina de integrarse del todo, pero la película crece constantemente hasta desembocar en un desenlace tan delicado como emocionante.

Dos caminos distintos hacia un mismo lugar

Aunque sus formas sean muy diferentes, La Carn y Forastera terminan hablando de lo mismo. Una busca respuestas en las pantallas; la otra, en los recuerdos. Una explora cómo la tecnología modifica nuestras relaciones; la otra reivindica la memoria como refugio frente a la ausencia. Ambas, sin embargo, sitúan la soledad en el centro del relato y entienden el cine como un espacio donde compartir aquello que normalmente cuesta expresar.

Talent Balear demuestra así que el futuro del cine hecho en las islas no depende únicamente de descubrir nuevos nombres, sino de seguir consolidando voces capaces de mirar el mundo desde perspectivas propias. Joan Porcel y Lucía Aleñar lo hacen desde registros muy distintos, pero ambos confirman que Mallorca continúa siendo un territorio fértil para un cine inquieto, arriesgado y profundamente humano. Porque, al fin y al cabo, incluso cuando el silencio parece imponerse, la soledad también habla mallorquín.

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Professional Film Enthusiast. Redactor en @CINeol. Dicen que fuera de una sala de cine hay vida, pero yo creo que mienten!