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Ricardo Muñoz Suay
Ricardo Muñoz Suay, nacido en Valencia en 1917, se consolidó como una de las figuras intelectuales y productoras más determinantes en la evolución de la cinematografía española durante la segunda mitad del siglo XX. Su trayectoria, caracterizada por un profundo activismo cultural y político, comenzó vinculada al mundo de la crítica y los cineclubs universitarios antes de dar el salto a la industria profesional. Durante la etapa de la posguerra, se integró en diversos equipos técnicos para adquirir experiencia en el oficio cinematográfico. En este contexto inicial de su carrera destaca su labor como ayudante de dirección en la película Después del diluvio (1948), dirigida por Francesc Rovira Beleta, una obra que marca sus primeros pasos significativos en los rodajes profesionales.
A comienzos de la década de 1950, su influencia creció exponencialmente al cofundar la productora UNINCI (Unión Industrial Cinematográfica), empresa clave que sirvió de plataforma para una generación de cineastas que buscaban renovar el lenguaje fílmico bajo la dictadura. Muñoz Suay desempeñó un papel crucial como ideólogo y organizador de las Primeras Conversaciones Cinematográficas de Salamanca en 1955, un evento histórico que reunió a los distintos estamentos de la profesión para analizar la situación del cine español y proponer vías de apertura y modernización. Su labor en UNINCI permitió el desarrollo de proyectos emblemáticos, colaborando estrechamente en la producción y, en ocasiones, en la reescritura de guiones para directores como Luis García Berlanga y Juan Antonio Bardem. Uno de los hitos máximos de su gestión en la productora fue sacar adelante Viridiana (1961), dirigida por Luis Buñuel. La cinta obtuvo la Palma de Oro en el Festival de Cannes, aunque el escándalo suscitado por su contenido provocó la prohibición de la película en España y la disolución administrativa de la compañía productora por orden de las autoridades franquistas.
Tras el cierre de UNINCI, Muñoz Suay trasladó su actividad a Cataluña, donde se convirtió en el principal impulsor teórico de la llamada Escuela de Barcelona. En este periodo, fomentó un cine de carácter experimental y vanguardista, alejado del realismo social que había defendido anteriormente, apoyando obras como Dante no es únicamente severo (1967). En su faceta como realizador, dirigió la coproducción de época Las aventuras de Gil Blas de Santillana (1956). Con la llegada de la democracia, centró sus esfuerzos en la gestión institucional y la preservación del patrimonio fílmico. Fue fundamental en la creación y dirección de la Filmoteca de la Generalitat Valenciana, dedicándose a la recuperación y restauración de archivos históricos. Asimismo, fue miembro activo de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y vicepresidente de la Academia de Cine Europeo, manteniendo su compromiso con la difusión de la cultura cinematográfica hasta su fallecimiento en 1997.