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Nicholas Kazan
Nicholas Kazan se ha consolidado en la industria cinematográfica internacional principalmente como un guionista versátil, capaz de abordar desde dramas biográficos intensos hasta thrillers y cine familiar. Inició su trayectoria destacada en la década de los ochenta, logrando su primer reconocimiento significativo con el guion de Frances (1982), una obra que exploraba la trágica vida de la actriz Frances Farmer. Este trabajo sentó las bases de su reputación para manejar narrativas basadas en hechos reales y personajes complejos. A mediados de la década, continuó su ascenso con el libreto de Hombres frente a frente (1986), un drama criminal protagonizado por Sean Penn y Christopher Walken que recibió elogios por su cruda representación de las dinámicas familiares delictivas.
En 1988, Kazan colaboró con el director Paul Schrader en la película Patty Hearst. En este proyecto, Kazan fue responsable de adaptar la autobiografía de la heredera secuestrada, construyendo un relato que examinaba los límites de la identidad y el síndrome de Estocolmo, y que formó parte de la selección oficial del Festival de Cannes. Su consagración definitiva ante la crítica llegó con El misterio von Bülow (1990). Su adaptación del libro de Alan Dershowitz no solo fue un éxito de crítica, sino que le valió a Kazan una nominación al Premio Óscar al Mejor Guion Adaptado, mientras que el actor Jeremy Irons obtuvo la estatuilla por su interpretación en dicha cinta.
Paralelamente a su labor como escritor, incursionó en la dirección, destacando su trabajo en La amante ideal (1993), un thriller psicológico que también escribió. Durante la segunda mitad de los noventa, demostró su capacidad para diversificar géneros. Coescribió la adaptación de la novela de Roald Dahl, Matilda (1996), que se convirtió en un clásico del cine familiar. Posteriormente, regresó al thriller sobrenatural con el guion de Fallen (1998), protagonizada por Denzel Washington. Hacia el final del milenio, abordó la ciencia ficción adaptando la obra de Isaac Asimov en El hombre bicentenario (1999). Ya en el siglo XXI, continuó su actividad en la industria con guiones como el del thriller Nunca más (2002), consolidando una carrera caracterizada por la colaboración con directores y actores de primer nivel.