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Miguel Picazo
- 89 años (27-03-1927 - 23-04-2016)
Miguel Picazo de Dios, nacido en Cazorla, Jaén, en 1927, fue una figura fundamental en la renovación del cine español durante la segunda mitad del siglo XX. Tras cursar estudios de Derecho y Psicología, ingresó en el Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas (IIEC), donde se diplomó en Dirección en 1960. Su irrupción en el panorama cinematográfico se materializó con su ópera prima, La tía Tula (1964), una adaptación de la novela de Miguel de Unamuno. Esta cinta no solo le valió el premio al Mejor Director en el Festival de San Sebastián, sino que se estableció inmediatamente como una de las obras cumbre del denominado Nuevo Cine Español, destacando por su rigor narrativo y su capacidad para sortear con inteligencia las limitaciones de la censura de la época.
Durante la segunda mitad de la década de los sesenta, Picazo continuó explorando la dirección con títulos como Oscuros sueños de agosto (1967). Paralelamente a su labor tras las cámaras, mantuvo una estrecha relación con otros cineastas de su generación, lo que le llevó a realizar incursiones en la interpretación. En este contexto se enmarca su participación en Días de viejo color (1967), película dirigida por Pedro Olea, donde Picazo ejerció como actor, demostrando su versatilidad y compromiso con el tejido industrial del cine español de aquel periodo.
La carrera de Picazo durante los años setenta se diversificó notablemente debido a las dificultades de producción cinematográfica. Encontró en Televisión Española un espacio fértil para desarrollar su talento, dirigiendo numerosas adaptaciones literarias y episodios para series emblemáticas. No obstante, regresó a la gran pantalla con obras como El hombre que supo amar (1976) y Los claros motivos del deseo (1977). Asimismo, consolidó su faceta de actor de carácter con un papel memorable en El espíritu de la colmena (1973), de Víctor Erice, interpretando al médico, una actuación que perdura en la memoria cinéfila.
En la década de los ochenta, Picazo dirigió Extramuros (1985), basada en la novela de Jesús Fernández Santos, reafirmando su habilidad para las adaptaciones de época y los dramas de encierro. Su trayectoria fue reconocida institucionalmente en 1997, cuando la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España le otorgó el Goya de Honor, celebrando toda una vida dedicada al audiovisual. Antes de su fallecimiento en 2016, realizó una última incursión en la dirección con Diario de una becaria (2003) y participó como actor en Tesis (1996), de Alejandro Amenábar, sirviendo de puente entre las generaciones clásicas y los nuevos talentos del cine español.