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Marc Connelly
- 90 años (13-12-1890 - 21-12-1980)
Marcus Cook Connelly, conocido profesionalmente como Marc Connelly, inició su trayectoria en el ámbito de las letras como reportero en su Pensilvania natal antes de trasladarse a Nueva York, donde se consolidaría como una figura central en la dramaturgia y el guionismo estadounidense del siglo XX. Su llegada a la escena cultural neoyorquina coincidió con la formación del célebre círculo literario conocido como la Mesa Redonda del Algonquin, del cual fue miembro fundador junto a figuras de la talla de Dorothy Parker y Alexander Woollcott. Esta asociación no solo definió su estilo ingenioso y agudo, sino que facilitó sus primeras colaboraciones teatrales de éxito, especialmente junto al dramaturgo George S. Kaufman, con quien coescribió varias obras que definieron la comedia de Broadway de la década de 1920.
El reconocimiento crítico de Connelly alcanzó su cúspide en 1930 con el estreno de su obra teatral en solitario The Green Pastures (Los verdes prados), una relectura de relatos bíblicos que le valió el prestigioso Premio Pulitzer de Teatro. Este logro consolidó su reputación narrativa y precipitó su transición hacia la industria cinematográfica de Hollywood, un movimiento habitual entre los dramaturgos de prestigio de la época que buscaban expandir su influencia en el naciente cine sonoro. Su incursión en el cine no se limitó a la escritura; en 1936, codirigió la adaptación cinematográfica de su propia obra ganadora del Pulitzer, demostrando una versatilidad poco común para los escritores de aquel periodo.
Durante la edad dorada de Hollywood, Connelly se estableció como un guionista de confianza para los grandes estudios, aportando su capacidad para el diálogo y la estructura dramática a producciones de alto perfil. Uno de sus trabajos más destacados en la industria del cine llegó con el guion de la película Capitanes intrépidos (1937), basada en la novela de Rudyard Kipling. Su adaptación para la Metro-Goldwyn-Mayer fue fundamental para el éxito crítico del filme, contribuyendo a que la cinta recibiera una nominación al Óscar a la Mejor Película y consolidando su estatus como un escritor capaz de manejar tanto el drama profundo como la aventura.
En la década de 1940, continuó dejando su huella en el cine con comedias que aprovechaban su ingenio característico. Destaca su participación en el guion de Me casé con una bruja (1942), una obra que influiría en el género de la comedia romántica fantástica durante décadas. Aunque su producción como guionista fue selecta, su impacto en la narrativa cinematográfica se mantuvo vigente a través de la calidad de sus colaboraciones. En una etapa posterior de su carrera, Connelly exploró la interpretación, apareciendo frente a la cámara en roles secundarios; es recordado por su participación en la película El héroe solitario (1957), donde interpretó al Padre Hussman, demostrando su vigencia en la industria del entretenimiento hasta bien entrada su madurez.